martes, 29 de abril de 2014

la liebre, la calabaza y el saco

Una vez una liebre que paseaba por el bosque encontró una gran calabaza. Era una calabaza silvestre que había crecido allí sin que nadie la viera. Y era grande, muy grande, con ese color entre amarillo y anaranjado que la hacía resaltar sobre todo lo que le rodeaba.
"He aquí una gran calabaza", pensó la liebre.
Así que cogió la calabaza con idea de llevársela a la señora liebre.
"Ella me hará una sopa con esta calabaza. Y quedaré fuertísimo después de comérmela. Tan fuerte, que podré ganar el campeonato. Tan fuerte como para ganar muchos campeonatos seguidos"
Y es que cada año las liebres del lugar organizaban un campeonato para ver quién era la más rápida. Nuestra liebre rara vez llegaba entre los diez primeros y se sentía avergonzada por ello. Su mujer lo trataba siempre de consolar:
- Unos son más rápidos, otros más altos, otros más listos... no se puede tener todo, cariño
Pero lo que de verdad molestaba a la liebre era no ser especial en nada: ni el más rápido, ni el más listo, ni el más imaginativo...
- Si hubiera un premio al más mediocre, seguro que lo ganaría -le decía a su mujer.
- ¿Así que me casé con un mediocre? -le solía responder la señora liebre, ofendida.
Sin embargo, la señora liebre no podia comprenderle bien, pues ella era la mejor de las liebres en lo que se refería a la cocina: cocinaba de maravilla.
- Me va a hacer una sopa estupenda -se decía nuestra liebre
Pero el camino era largo y al rato la calabaza le comenzó a resultar demasiado pesada.
- Solo llevarla a casa me va a cansar demasiado. -se dijo
Entonces vio algo negro junto al camino; era un saco oscuro con el que alguien había estado llevando las papas.
"Ahí podré meter la calabaza"Y, en efecto, la gran y naranja calabaza entraba a la perfección en el saco. La liebre cogió luego el saco y se lo echó al hombro.
"Lo extraño es que pesa lo mismo que antes. De alguna manera, creía que pesaría menos"
Pero, con todo, se puso a andar. Al rato ya no pudo más y se sentó a la vera del camino. Cuando le tocó ponerse en marcha otra vez, sintió que el saco con la calabaza pesaba mucho para ella.
"Llevar las dos cosas es una insensatez. Será mejor que me decida por una" Naturalmente, eligió el saco, que era mucho menos pesado.
Cuando llegó a su casa saludó a su mujer:
- ¡mira lo que he traído! -exclamó mostrándole el saco vacío con olor a papas.
- ¿y las papas que tenía dentro? -preguntó la mujer
- ¡Nada de papas! Dentro había una calabaza. Una gran calabaza capaz de alimentar a un regimiento de liebres y con la que me hubieras hecho una sopa estupenda. Y con esa sopa habría ganado el campeonato. ¡Pero no solo uno! Me habría hecho famoso ganando campeonatos con la sopa que hubieras hecho.
- ¿Y dónde está ahora esa famosa calabaza? Me gustaría echarle un vistazo
La liebre entonces miró al saco y se dio cuenta de que no había ninguna calabaza por la sencilla razón de que no había querido traerla.
- ¿Sabes qué? Es mejor no destacar demasiado. ¿Quién quiere ganar una carrera? Esta vida es buena y pacífica; cambiarla solo traería nuevos problemas.
Y, desde entonces, la liebre no volvió a hablar de los campeonatos. Pero a veces tenía la mirada perdida y su esposa, que le conocía bien, sabía que en aquel momento estaba rememorando el tubérculo que un día encontró en el campo.
"Con ella habría sido el más fuerte" decían sus ojos.

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