domingo, 27 de abril de 2014

la pluma errante

Había una vez una pluma que, cansada del escritorio donde había estado tantos años, decidió recorrer mundo. Aprovechando una urraca que gustaba de robar cosas brillantes, la pluma le hizo señas y se hizo ver. La urraca se dejó seducir y se llevó la pluma en su pico de ébano.
Tal y como la pluma contaba, la urraca se cansó rápido de llevarla; su pasión no podía ser más que pasajera, así que la pluma cayó sobre la caja de una pizza que en ese momento estaba entregando un motero de telepizza. Justo antes de entregar la pizza se dio cuenta de la presencia de la pluma y, rápidamente, se la metió en el bolsillo.
- Son quince con treinta -le dijo al joven estudiante que le abrió la puerta. De fondo se oían risas y voces femeninas.
"Qué fastidio. Me hubiera gustado quedarme en la fiesta", se dijo la pluma.
El interior del bolsillo del motero de telepizza no olía bien; aquella chaqueta la habían utilizado muchos y el que la llevaba ahora no tenía costumbre de lavarla. Una mancha de grasa traslucía la tela hasta el interior del bolsillo.
Cuando el joven volvió a la tienda, se quitó la chaqueta y se vistió con sus ropas. En el último momento se acordó de su pluma
- Casi me olvido de lo que encontré. ¡Mira, Juan! -le gritó a un compañero- Me la he encontrado sobre una caja de una pizza. Debe de habérsele caído a alguien del edificio.
Su compañero no dijo nada sino que le miró con gesto ausente.
El pizzero llegó a su casa casi al mismo tiempo que su madre.
- Mira lo que he encontrado, mamá -le dijo
- Parece una buena pluma. ¿No la habrás robado? -le preguntó la madre con suspicacia.
- ¿Por quién me tomas? -se quejó el hijo.
La madre suspiró y se fue a la cocina. Al rato llegó su hermano mayor.
- Mira, Pedro, lo que me he encontrado
- ¿Qué piensas hacer con ella? ¿Vas a escribir una novela? -le preguntó sarcástico su hermano, que trabajaba como encargado en una ferretería.
- ¿Y por qué no? -se dijo el pizzero. Así que se fue a su mesa y, sacando un papel sucio de entre unos viejos apuntes, escribió arriba del todo: "novela". Pero luego no supo que más poner. Al rato abrió la pluma para ver cuánta tinta le quedaba y después se puso a observarla atentamente. ¡Era una hermosa pluma!
Oyó llegar a su padre. A los diez minutos, ya se estaba gritando con su hermano. "Cada vez tardan menos en enfadarse", se dijo. Y se levantó para cerrar la puerta. Luego se acostó en la cama y se quedó dormido.
Sobre la mesa la pluma miraba a la hoja sobre la que estaba escrita "novela". ¡Cuántas cosas podría escribir! Pero ella sola no podía, necesitaba que el motero la viera, la utilizara, la gastara.
"Podríamos crear mil mundos" se dijo con tristeza.
Y luego comenzó a mirar hacia la ventana, esperando atraer a alguna urraca soñadora con su brillo dorado.

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