martes, 31 de diciembre de 2013

el día de los necios

El hecho de que las administraciones y estados dediquen sus esfuerzos para festejar el último día del año, demuestra hasta qué punto este es un mundo de necios. El año no se despide ni se cuenta, de la misma forma que no se cuenta la hierba muerta ni la que reverdece en primavera. Pero hay más: el hecho de celebrarlo esconde algo perverso. No sé el qué, pero así es su aroma.
Y otra cosa, inquisidor: ¿cómo se les ha ocurrido llamar a unos bombones "Mozart"? Y conste que no es mi compositor favorito, pero me parece una desvergüenza que hayan elegido ese nombre y no "Haydin" o "Bach" o incluso "Vivaldi". ¿No debería haber una ley que protegiera el nombre de los grandes de la humanidad contra la rapiña del capitalismo?
Pero hombre, ponte en el lugar de que quieres crear una marca que vender para dar de comer a tu familia: ¿no elegirías el mejor nombre, a pesar de poder remover con él los huesos de los muertos? ¿Y qué más da profanar a los muertos?
Quítate el gorro de inquisidor y ponte el de sarcástico o cínico. Como no estás al tanto con ninguno de los dos significados, puedes utilizar los dos en aras de la mediocridad, esperando que encajen en tu pensamiento. ¡Con calzador!
¿Qué más da profanar huesos que se toman por sagrados? Solo hay una cosa sagrada en la vida, y esa es el sudor de la vida. Algo muy sucio pero con esa belleza con la que Tolstoi supo describirlo. Todo el resto de cosas que salen de ahí pueden ser despreciables: ¿sentimientos? ¿nacimientos, muertes? ¿pasiones? ¿proyectos? No, no, solo el sudor nos lleva a desenterrar el hueso.
¿Y saberse no-terrestre, también proviene del sudor? No, camarada, eso es un misterio que viene de los sueños que se ocultan durante el día y que solo salen a pasear durante la noche.

Eduardo el rubio y tú dormisteis en Mendez Núñez en la noche de carnavales. Ibas disfrazado de rico, con billetes de cinco mil pesetas sobresaliendo por todas partes. Don Manuel te había ayudado a fotocopiarlos en el despacho de mamá, en los edificios múltiples.
Don Manuel ya murió.
Y en el sueño de aquella noche de carnavales te enfrentaste -a tus ojos, heroicamente- con... y aquella se fue.
Trece minutos, a corregir.

lunes, 30 de diciembre de 2013

je bilo majhen mož

Mateja está leyendo R. Dahl a Klara María.
Cierro los ojos, pienso en el proyecto que tengo entre manos: se trata de una postal para la editorial Sidarta. He de pintar un Resucitado para Pascua. Hoy me dediqué a las referencias, pero al comenzar a abocetar me parece que la figura peca de rigidez. Podría hacer unas proporciones correctas... pero no me dice nada. Y dentro de mí noto esa voz: "esto está por encima de tus posibilidades". Y siento que hay algo de verdad ahí. ¿Desconfianza natural? ¿Ganas de sentirme acariciado por un don que está lejos de mí?
Cuando me entreno con los cursos de DTO o con libros, me siento seguro. Nadie me exige más que el placer y la exactitud. En cambio, querer cumplir con un encargo -encargo difuso, pero encargo, porque puede ser el comienzo de otros, o el final...- me resulta más difícil. ¿Cómo darle vida? Esto no ha de ser mi diario, pero que sirva para poner en orden mis ideas... Y creo que la clave está en saber a dónde voy: y eso son colores, composición y contraste. Una vez que tenga eso claro ya podré enfrentarme al Resucitado. Lo pintaré en guache, seguramente, pero lo más importante es tener el lápiz claro.
"El color no es solo para rellenar el dibujo, sino para crear un nuevo "dibujo" con él", he leído, o algo así.
- Ti lena mala...
Sigue leyendo Mateja. He jugado con las niñas una hora, pero soy incapaz de seguir más tiempo.
Me tuve que disfrazar con unas sábanas para las referencias. Pero he utilizado demasiado tiempo en tonterías, y eso me fastidia.
Hoy, mis perdidas de tiempo, se debían a mi falta de autoconfianza.

Ya la película de ayer comienza a caer en el olvido. Así de fuertes son mis inclinaciones sentimentales. La única fuerza que le queda a mis sentimientos es la del egoísmo, lo demás son tonterías. Y cuando se me mete una idea, aunque sea capaz de argumentarla como del mayor bien común, no responde más que a mi capricho y egoísmo.
Eso me recuerda los casein colors, me pregunto si ya estarán disponibles.
Y también vimos media peli de Buster Keaton; me pareció que Mateja se había equivocado al cogerlas, pero me reí como el que más y ahora pienso que, la próxima vez que la veamos, voy a abocetar un poco los cuadros en blanco y negro. Pienso que las expresiones de los personajes son especialmente aprovechables, pues o la falta de sonido o la propia marcha de los tiempos obliga a que los actores las resalten más
Quedan dos minutos antes de corregir. ¿De qué más podría meterme la dosis?
Klara María se está riendo, Mateja lee con mucha expresión.
Ya es de noche. Mañana terminaremos el año en Barka. Cada vez me resulta más irrelevante el fin de año, y cada vez tengo más necesidad de festejar alguna fecha en el año, como si fuera un tren del pasado que se alejara cada vez más.
- ¡Pues que se aleje! -le digo con fastidio
Pero el tren no me oye y eso es un gran grito que viene desde el horizonte.

domingo, 29 de diciembre de 2013

durante quince minutos cada día escribo,

así se lo digo a km. He puesto el cronómetro a un lado. Tengo intención de, hoy, escribir dos cuentos... o al menos uno.
He visto poco a poco, a lo largo del día y aprovechando la ausencia de Mateja (ten cuidado ahora con las mayúsculas, así no tendrás que corregirlas después)... digo que he visto una película que me ha impresionado mucho, "La gran belleza", centrada en la vida de un artista-intelectual-crítico-frívolo-escritor-enamorado-sensibilísimo hombre en Roma. La película me ha sobrecogido.
Y ayer estuvimos hablando con los abuelos; son las dos personas que me adoptaron en el planeta Tierra, como a Clark Kent; les cuesta entender -ni lo imaginan, aunque algo presienten- que no soy humano, ni siquiera terrestre, tan solo hijo adoptivo. Deben de haber modificado su memoria o acaso mi niñez les confundió. Claro que entonces yo tampoco sabía de mi origen. Otra vez, como Clark Kent.

Jose irá a ver a Panci, a tío Panci, en Argentina, en un gesto que busca amortiguar la soledad que inundará a mi hermano, como un tsunami sutil, diminuto, silencioso y catastrófico, cuando Concha y Juan abandonen las américas. La cosa no pasará de un gesto, pues el cubano ha dejado que las obligaciones musicales con su banda en la isla predominen sobre las sanguíneas, y se volverá a la isla de los Castro sin llegar a una ausencia de más de una semana. Pero, bien mirado, no se le pide más que que eso. Un gesto.

¿Sirven de algo los calmantes? Cuando es uno el que se enfrenta a sus propias decisiones hay algo perverso en el hecho de acomodar el dolor. ¿Tú lo has cocinado? Ahora toca comérselo.
El Tomi sensiblero está escandalizado ante esta crítica ante el comportamiento de Panci. Ese es el Tomi que, haciéndolo un pitufo que no aporta nada al mundo, podemos barrer o entregarlo a las fauces de Azraquiel o como se llamara aquel minino.
En realidad, esta historia Argentina parece un gran desacierto. Yo soy un gran facedor, como diría Alonso Quijano, de desaciertos, así que no criticaré el ajeno pero no lo negaré. Los dos se han unido por un desacierto fortuito y aún no saben muy bien en qué se han metido (¿y quién lo sabe cuando se casa?) así que toca buscar el equilibrio y arriesgarse a la ruptura. El hecho de que Juan ande por ahí metido es sal sobre la herida.
Corrijamos.

viernes, 27 de diciembre de 2013

tras la navidad

¿Cuánto llevo sin dosis? me parece muchísimo tiempo, y supongo que no han pasado más de un par de días. En ese tiempo Mateja y yo hemos tenido tiempo de discutir y de reconciliarnos, hemos celebrado en Barka la Navidad, hemos ido a Ankaran y vuelto, hoy fuimos con el tren a kamnik. Y me he desorientado, esta dosis se ha convertido en algo tan importante que no suministrármela me atonta, me deja deambulando por las calles de una ciudad extraña, mendigando monedas con las que comprarme más veneno, y así poder morir un poco más a mí mismo. Es el morir anti-evangélico, justamente el que apellida a todos los humanos de este mundo.
"Mundo" es una palabra que Klara María confunde muy a menudo con "gente". No deja de tener su sentido, pues la "gente", en el sentido con el que la lengua castellana la denota, no es más que el "mundo" mismo, en el sentido con el que lo demonizaba San Pablo.
Yo no deseo estar dentro de la "gente" ni ser hijo del "mundo", sino ser terrestre o, a lo menos, hijo adoptivo de este planeta.
He estado ojeando el libro sobre Rockwell que he sacado de la biblioteca; las ilustraciones son auténticas obras maestras. Y llama la atención la cantidad de trabajo que el pintor tuvo que dedicar para cada una de ellas; parece fácil, pero creo que se basa, en buena medida, en la capacidad para pararse, para decir, "espera, dale un poco más", y "no te conformes" y "eso está muy por debajo de lo que esperabas de ti". Es decir, todas esas formas con las que se sale de la "gente" y no se pertenece al "mundo" sino a la propia historia. Mi historia...
Mi propia historia... comenzaría a contarla un sábado por la mañana, vienen papá y mamá... y también en la clase de sexto en el Máyex, hay un baño en el aula... y en la clase de primero en la Salle, don Juan nos pega con la regla y yo, que tan contento iba a mostrarle mi suma recién conseguida -el resultado era diez- me llevé un tremendo reglazo en la palma de la mano. "Faltan las unidades", me anunció ante mi cara de incomprensión. En el colegio tuve dos accidentes con cicatriz: una vez me caí del columpio de bomberos, un supuesto "amigo" no paraba de pisarme la mano, el columpio era rojo y lleno de tubos.  En la otra, me creí un valiente y quise liberar a mi clase...
tiempo, corrijamos.

sábado, 21 de diciembre de 2013

si ayer..

Ya casi es de noche o por lo menos en casa hay muy poca luz.
Si ayer me hubiera tomado mi dosis, hoy me permitiría no hacerlo o me daría largas con alguna otra cosa. Con alguna excusa de holgazán. Soy un maestro en el arte de engañarme a mí mismo.

Pero no, no me la tomé y hoy, me guste o no, he de pasar por ese trago.

Situación: tras el almuerzo, hemos colocado el belén. Y ahora km y mateja duermen. Ayer fue la fiesta-cena de navidad en la guardería. Me reí con David. ¡Y me humillaron! bien, bien, ¡¡Bien!! después de tocar el piano con elegancia, acomañado por una chica pianista, esta comenzó a aleccionarme -total, sin que nadie se lo pidiera- sobre aspectos de solfeo. ¡Tonta ella y tonto yo! Nada como una buena humillación para dejar en evidencia:
1. lo en serio que me tomo
2. lo patético que soy
Aparte de que su actitud fue la típica femenina. Las mujeres, muchas de ellas, tienen una personalidad débil e inaguantable
Se nota que estoy bajo la influencia de Shopenhauer, estoy leyendo un librito suyo y el tipo no deja cabeza sin decapitar.

Y también me espanta... (en revisión, parece que el filósofo me espanta, pero no tiene nada que ver con él y es algo mucho más trivial)
veamos, tomi, ¿este blog es para despejar tus dudas? ¿para confesarte? Vale que quieras vender un poco de "situación", como tú la llamas, para gastar un par de minutos. ¿Tanto te cuesta verte como un pobre perdedor en una situación sin sentido? ¿Tanto te duele estar a años luz del mundo de tus ideas, de tus sueños, de tus patéticas ilusiones? Trabaja, idiota, y deja lo de pensar para otros.
La situación sin sentido es esta: que estás vivo, y no lo acabas de entender. Arthur S. dice que la gran metedura de pata del hombre es nacer, y solo por eso debe de sentirse culpable. Bueno, no sé hasta que punto lo dice pero lo escrito me parece acertado.
¿Qué tienes delante? Trabajo
Y mareas la perdiz cuando dejas que la balanza se incline a otras tonterías, ya sea buscar en internet para comprar las pinturas a la caseina, ya sea leer noticias que deberías leer solo de forma apresurada, como quien no tiene tiempo porque el poco que tiene tiene que invertirlo a la desesperada...
desenterrando el hueso.

arriba están tocando con el piano noche de paz. cuando termine con la dosis de hoy me haré un café. Es lo mejor que puedo hacer, además de coger el lápiz y dibujar alguna tontería.
Esta dosis es interminable. ¿Profe puedo ir al baño? Espera dos minutos. Pero es que me hago pipí
y tengo frío
y ganas de llegar a alguna parte
y un pasado que más parece un no-vivido que otra cosa. ¿A quién se le ocurrió que las cosas perviven en la memoria? Es al revés. Las cosas mueren en la memoria. ¡Mueren! Lo que pasó hace un minuto ya comienza marchitarse, pero su estado de putrefacción no es comparable al de un hecho similar que pasara hace cinco, diez o treinta años.
Demonios, corrijamos.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Gran descanso y taza de café vacía

Otra vez en la guardería. Tengo una gran pausa: otra vez pocos niños, Julia enferma y tranquilidad en la oficina. Ahora, mientras me tomo la dosis, me doy cuenta de que he gastado demasiado tiempo en internet.
Eufemismos. Gastado, no. ¡Perdido!
Hasta hace poco no sabía qué significaba la palabra eufemismo. Y sin embargo, es un adjetivo que debería de ser mi segundo apellido.
Tomi Zárate Eufemismos, pero puedes llamarme Eufe, si te hace sentir mejor.
Veo cómo llega una madre... no, una abuela, de Neza Ana y su hermana Sara Kate. Son nombres sacados de una película del oeste.
Sara Kate entró pisando fuerte en la sala de baile. Todas las miradas se volvieron hacia ella. La maestra la miró con desdén:
- Hola, Neza Ana. No sabía que tú también te dignabas a aparecer por estos lugares -la saludó la recién llegada.
Pero la otra no contestó, se limitó a mirarla de arriba abajo. Aquella tarde invertirían los papeles; la maaestra ya no jugaría más a ser un ratón inofensivo.
...
Exploraba en internet lo de los casein colors. ¡Es tan caro comprar un juego! Sobre todo cuando, sin conocer el producto, no sé si seré capaz de sacarle partido.
Aún tengo los ojos irritados, pero ya me permito frotármelos con fruición. No hay nada como un buen picor cuando puedes rascarte.
...
Recupero la normalidad. Para llegar a mi identidad antes tengo que pasar por la antesala de la pereza, de verme en el espejo como un saco de piel lleno de ilusiones estúpidas que vive en el mundo de lo cotidiano. Un mundo frío pero real.
Recupero la normalidad. Y miro hacia el cielo estrellado de mi interior y aquel planeta pequeñito y perdido es, me digo, el mío. ¿Y yo vivo allí? Esta dosis diaria me sirve para recuperar parte de la memoria y para desenterrar el hueso.
Pero ahora el hueso, aunque pueda sentirlo, está lejos de mi alcance. Supongo que por este horario en la guardería, tengo que venir cada día ahora que hay alguien enfermo. Por ahora, mi sueño es tener un horario fijo en el que no se me descontrolen las rutinas.
Porque las rutinas se descarrilan y cuesta mucho volver a ponerlas en su sitio. Cuesta pararse un momento a pensar, cuesta un instante de reflexión. Y, a veces, eso es un precio demasiado caro.
...
Para el viernes vamos a preparar David y yo una tortilla española. ¿Me agrada pasar una tarde o tarne de navidad con los compañeros de trabajo? Hay una parte que me tienta ante lo novedoso y el reconocimiento; y otra que echa de menos volver a casa. Y otra más, la más fuerte, el sentimiento de que ese tiempo lo podría dedicar al hueso. Pero no será así; no sería así en casa, donde me ata la familia, ni en la soledad, donde me machaca el desorden. Como en un baile de máscaras donde nada es lo que parece ser: ni la soledad el refugio de este artista incomprendido que solo desea trabajar en paz (puaaaaj) ni la compañía familiar la rutina deliciosa que colma todas mis noches ni la interacción social donde me siento apreciado por lo que, supuestamente, hago y hago bien. No, esas son las máscaras para el baile que se desarrolla en el jardín, encima del hueso enterrado. En realidad los bailarines arrastran tierra, como desenterrando al hueso, y la vuelven a depositar, volviéndolo a enterrar.
me pasé en un minuto

miércoles, 18 de diciembre de 2013

montessori, 9.11-9-26

Pavel quería que viniera antes, pero finalmente no hacía tanta falta: pocos niños. Así que me quedo en la oficina arriba hasta las once.
Ayer fue la gran decepción; yo tenía la esperanza oculta de que fuera un falso negativo. ¡Una semana de retraso! Parecía especialmente posible, probable... y mis esperanzas crecían como granos de arena que, empujados por el viento, no dejan de rodar y volar. Pero yo los quería parar, iba con mi sombrero de palabras y normas de un lado a otro, haciendo lo imposible por contener la marea de los deseos más profundos.
El Papa Francisco me consoló a distancia, el Espíritu Santo me señaló los párrafos de la entrevista que me conmovieron y consolaron: que la vida ha de tener esperanza, que cuando los niños preguntan "por qué" a sus padres no buscan respuestas sino seguridad, compañía...
Del rebote del chasco se me fue el cinismo y la poesía. Ya no me interesa tanto roer el hueso del jardín, ya no vivo tan intensamente mi extraterrerilidad. Todo me parece secundario respecto a lo que fue y a lo que pudo ser. Se lo decía a Panci, "no hay nada a lo que no renunciaría con gusto si...". Pero se nos escapa. Está tan lejos como un milagro, y tan cerca como para intentarlo cada vez.
Sin embargo, debo confesar que la presencia de Klara María amortigua todos los golpes familiares; ningún deseo llega a arrancar la bendición que supone su presencia, sus ojitos y su sonrisita.
Sí, hoy este alienígena se siente como un humano. Como un terrestre.
En la Tierra hay mucha agua, montañas y valles, bosques, desiertos, animales y fieras, insectos, peces y vida, mucha vida. Alrededor del planeta un gran satélite se deja ver pero cambia su forma conforme pasa el mes: a veces desaparece del todo. Y hay un sol de donde emana la luz. Es grande e invisible (es invisible porque nadie puede mirarle fijamente). Todos saben dónde está. Cuando se oculta tras el horizonte, entonces los habitantes del planeta Tierra pueden contemplar la luna y las estrellas. Las estrellas son las mismas desde muchos puntos del espacio, pero desde la Tierra tienen una marca especial, a saber, que están lejos, lejos de un hogar, del hogar. Pero que brillan sobre él como luciérnagas brillando en el tablado de un teatro, actrices de la danza del universo.
Tres minutos, corrijo.
Cinco segundos, dos segundos,
tiempo

viernes, 13 de diciembre de 2013

Algo nuevo

Pretendo tener mi dosis diaria en el trabajo. He pasado dos días acatarrado y hoy, en la guardería, hay pocos niños. Los durmientes duermen y los otros limpian y leen.
En el recuerdo y la conciencia, dos letreros luminosos:
- Que ahor tendré menos encargos para Druzina
- Que estoy teniendo un rico intercambio con Edu. Hablamos de Dios y de la Iglesia. Y sus palabras, su distancia, me recuerdan lo cálida que es la compañía de Dios.
Cálida. Hace falta pasar frío para saber lo que esa palabra significa.
Cálida en la soledad de París. La bici se rompió subiendo al Sacre-Coeur. No parecía haber futuro.
Y Marte no vino aquel Domingo; que agrio fue el consuelo de Carol.
Una vieja mendiga vive rodeada de basura.
- La hemos intentado echar, pero no hay manera -me contaba la policía- siempre vuelve con sus basuras.
Y entonces el amor existe. ¡Qué milagro tan extraño!
Los niños juegan
"Despacio, Teodor", le hago señas con la mano.
...
Cuando miro estas manchas azules y el bolígrafo que, torpemente, dibuja grafías sobre el papel... me duele la mano, pero estos son gestos conocidos, antiguos.
Vividos.
Diez minutos. Dejaré dos para pasar esto al blog. Y escanearlo. Estas letras están tan vivas como la mano y el dedo que las señala.
Esto de escribir no es más que señala al papel y, ¡plop!, van surgiendo las palabras, las ideas.
Como por ensalmo.
12:40

lunes, 9 de diciembre de 2013

el día de la luna

A y 40... ¿cómo se debe escribir esto?...
Aire, aire, aire... y un catarro corriendo a ser el protagonista.
Tenía algo interesante que contar, pero ya se me fue de la cabeza. Las ideas vienen y se van con una rapidez prodigiosa; son pájaros tímidos que, a veces, se convierten en mariposas que el viento se las lleva y ya no vuelven. Otras, simplemente, son pájaros, pájaros y pájaros, que se echan a volar. Por ahí andan, en los cielos o tal vez escarbando la tierra para conseguir gelatinosos gusanos que poder tragarse. Asqueroso, aunque alguno logra trinar como nadie después de tamaña hazaña. Que alguien busque la metáfora.
Me sueno, se me taponan los oídos. Klara María no pierde palabra del cuento que Mateja cuenta-escenifica. Lo hace muy bien... tan bien, que se me va una oreja para escucharla y pierdo el hilo -el discontinuo... hilo (de repente no sabía escribir discontinuo y opté por las variantes discontineo y discuntineo, cada cual peor).
Me sueno. Esta agüilla absurda me está matando.
¿Qué era lo que quería contar? Fue una idea de la que pensé "estaría bien poner eso por escrito".
Me sueno.
Bien, aquí estamos yo, mis dedos, yo, mi nariz y mis mocos, yo y el blog de "La dosis diaria"... vamos, todos reunidos, todos los que hacen falta... y la idea no viene.
Me limpio la nariz. Mi trasero se retuerce un poco como corresponde a un buen catarro de tomi zárate. Paso otra vez la servilleta. Si no tuviera mocos, quedaría igual de arrugada solo a base de restregarla contra mi piel.
Y aún quedan seis minutos.
Aire, aire, aire... Kaesar hablaba una vez de una chica que tenía metida en el tren, de la que me despedí sin dar cuenta a los amigos. No recuerdo... la única chica de un tren digna de mención era aquella Roser a la que fui a ver en uno de mis más estúpidos ataques románticos.
Los románticos como yo no son más que idiotas. Se podría explicar mejor pero no decir más claro.
En realidad sufrimos de un hambre de cariño totalmente egoísta: solo un diábolico egoísmo nos impulsa a las locuras románticas, tal vez imaginando que habrá un feedback -siquiera imaginario- que nos devuelva tanto como dimos. Como pensamos que dimos. En realidad nunca dimos, nunca otorgamos.
Yo pedía. Era un mendigo que se disfrazaba de gran señor del amor. Pero no era más que un idiota mendigo.
Tres minutos. Uno más y luego a corregir.
Tiempo. Corrijamos.

sábado, 7 de diciembre de 2013

sabadete

Una especie de tedio o desconfianza han conseguido lo que muchos actos de voluntad (heroicos, diría): no ver ninguna película durante el día aún con las condiciones ideales para ello:  Mateja en Barka, KM durmiendo... En parte se lo debo a la falta de buenas ofertas. Ayer vi el capítulo semanal de "el mentalista".
Así que releo el cómic de Akira.
El primero de ellos lo compré en aquella librería de Tremp: ¡cuánto me asustaba entrar en la vida! Yo, que me hacía un experto, temía la soledad. Cuando llegué al lugar para las prácticas de empresa, apenas me tenía en pie. En el tren estuve hablando con aquel camarero que había conocido durante el campamento: su conversación me deprimió aún más.
Coincidió todo aquello con el intento de dejar de fumar. Pero, ahora me doy cuenta, el gran mal era el temor, el miedo a caer en la depresión. "¡Otra vez no, por favor!", gritaba mi cuerpo. Lo que hice luego lo grabé a modo de ejemplo en mi imaginario personal: me puse en contacto con todos los que me querían bien o a los que yo quería bien; mi madre, mi hermano, amigos, la guapa Lorena... Y retomé el tabaco.
Había un restaurante donde comía que se llamaba "argentina" o "buenos aires", no recuerdo bien. Fue a sus puertas que le regalé la armónica a un mendigo-borracho que por allí paseaba.
Entre las medidas tomadas para combatir la incipiente depresión se encontraba la visita a la librería del lugar: allí me gasté los cuartos en novelas y... en Akira, el primer tomo. Costaba unos 20 euros, que para mí era una barbaridad.
Una noche cayó una lluvia torrencial en la zona. Todo quedó empapado, y aún hoy las primeras páginas del cómic acusan aquella malaventura.
Recuerdo también un libro de Javier Marías, o algunos de él, pues de resultas del primero acabé comprando otro que también me gustó. Tenía ese toque melancólico-ilustrado-desesperanzador que, en aquella época, me resultaba tan llamativo. Eran cantos de sirena para "una vida de verdad" en la que se podían tocar todos los buenos extremos de la realidad: desde el sentimentalismo a la decisión, desde la sal y el agua espumosa de la ola a la roca firme enclavada en la playa (de arena negra, el Balayo).
Si fuera un intelectual de verdad, diría que los encantos de la época eran los de un posmodernismo blablabla... pero en realidad no tengo ni idea. Solo sé que hace poco que empecé a desenterrar el hueso, y ahora estoy demasiado entretenido en la tarea como para gastarme pensando ... pensando en lo que me han enseñado a pensar y que, sin embargo, me es ajeno.
Repasemos.
Me sobra un minuto, apenas había faltas. Suena una música... creo que este blog realmente me está desenterrando de la arena. Son huesos fósiles, pero al aire sienten el fresco.
Y les gusta. Se acuerdan de la carne que una vez les recubrió.
Y les gusta.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Con los cascos puestos

22 más quince son... 32 más cinco... 37.
Con los cascos puestos y el deseo en la película, a punto de descontrolarme. Pero el pan ha de dejarse ... la masa del pan ha de dejarse quince minutos y luego seguir con el último paso. ¡Quince minutos! El tiempo perfecto para sentarse y vomitar un poco.
"Pero, seño, yo tenía ganas de dejar que otros pensaran por mí"
Y en el intento de apagar el otro navegador, acabé cerrando este en el que escribo. Debería ir a un concurso de idiotas.
Hoy fue san nicolás. Me imagino a un hombre disfrazado de san nicolás sosteniendo una lámpara en la mano y con cara de circunstancias. La mujer le ha dicho que no debe soltar la lámpara porque está limpiando la mesa de cenizas. El niño tiró las cenizas del cenicero que el tío Alberto había ensuciado. El tío Alberto siempre va ensuciando ceniceros. Tiene un bigote amarillento, dientes amarillentos, labios amarillentos y unos ojos oscuros y melancólicos. Se cuida mucho su bigote. Recuerdo a H Poirot, pero el tío Alberto no se interesa en los crímenes. Lo que más le gusta es hablar sobre su vida, su vida pasada y la melancolía que recorre sus huesos. Y no hay sitio donde consiga un mejor oyente que en la peluquería. Allí el viejo don Enrique le deja contar.
Pero a papá nada de eso le interesaba demasiado.
- Sujeta la lámpara un momento -le había pedido mamá mientras limpiaba las cenizas que yo había esparcido por la mesita.
- Pero cariño, me están esperando ... -comenzó él a excursarse
Pero no llegó a terminar. Mi madre aún tenía los ojos rojos tras la última discusión y mi padre no quería fastidiarla justo antes de irse con sus amiguetes.
Fue entonces cuando sonó el teléfono. Mis padres se miraron entre sí, asustados, temiendo la habitual llamada nocturna. Por fin ella cedió y con un gesto en la mano, concedió que mi padre vestido de san nicolás dejara la lámpara en su sitio.
- Intenta no volver muy tarde -fue lo único que le dijo.
Él se sentía tan contento que le dio un tímido besito y luego desapareció por la puerta. No sabía que iba a ser la última vez que lo iba a ver.
- Hola, Alberto, ¿cómo estás? -respondía mi madre al teléfono.
Tiempo

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Escarcha

 ok, si no hubieran sistemas de medición meteorológica mundiales -son las  8.58, a 8.11 corregir- entonces el título de la entrada tendría más sentido. En realidad, no es que hubiera escarcha, eso ya lo había ayer... sino que también está nevando. Poco, levemente, pero nieva. Así que el título de la entrada no solo es inútil sino, además, incompleto y casi falso. Decir la mitad menos importante de algo es una especie de mentira estúpida.
Ayer me di por vencido: demasiado cansado. Y ahora mi culo clama por un rato en el baño, pero no le daré ese descanso... antes que nada, debo administrarme mi dosis diaria.
Esta mañana me preguntaba también por la forma subjuntiva del verbo "nevar"; digo yo que será "que nieve", pero me resulta extraña. Mejor nos quedamos en el "está nevando". Como nunca utilizé este verbo de pequeño... pues no sé cómo es. Si la curiosidad me pica más, lo veré en internet.
Blanco, vacío, teclado negro, instrumentos agrupados. Uno un ukelele -instrumento idioto- otro una guiarrra con tres cuerdas afinadas en do, la otra mi guitarra viajera y por último un bongo.
Como no tengo un gorro a mi medida, y el que tengo lo he utilizado para correr, así que apesta... digo que como no tengo el clásico, me abrigo con el sombrero y la bufanda enrollada cayendo desde la coronilla, a modo de rastas. El sistema, aunque más complicado que un simple gorro, promete. Y esta mañan me llegó una imagen: se está muriendo de frío y lo primero es abrigarle, así que le tiramos encima pieles de animales para que se cubra con ellas. Y solo después nos fijamos en cómo adaptárselas, cómo enrollárselas alrededor del cuello. Nos miraba con ojos finos, casi cerrados por el frío. La vida le quedaba como algo distante, como un corazón de criptonita encerrado entre muros de hielo muerto. Porque el hielo está muerto, es azul y gris y blanquecino. Pero tiene un color más, un color indefinible: el color del frío.
Se me ocurre que luego escribiré a panci.. espera, ¿te has creído que esto es un diario? "mi querido diario..." déjate de estupideces, ¿aún no lo has entendido? insúltate, quémate en el infierno de tu confusión, pero no te acaricies los testículos con un "mi querido diario, hoy me he portado... y he hecho... y me ha fastidiado". Inútil, deja que el tomi historiador bucee en los emails para saber qué y cuándo, deja que el tomi sentimentaloide tenga pena de otras vidas, es el tomi más idiota. Al mando de esta nave está el Tomi adicto, y solo con él tienes que lidiar. A los otros les dejas asomar la cabeza para, ¡zas!, golpeárselas fuerte.
¿No tienes nada que decir? Reconoce en ti la pobredumbre que quiere levantarse, el barro que pide ser Adán. Palabras...

martes, 3 de diciembre de 2013

2 de Diciembre


20.44, a la vuelta
A la vuelta de un fin de semana... excesivo. Como un cerdo revolcándose en la porquería, así dejé que mi imaginaciónn , mi tiempo, mi voluntad... se rindiera ante la serie de los vámpiros.
El hueso lo perdí.
La tibia luz se inunda por el salón; mateja le lee a km un cuento de ratones. He tocado un poco el piano, y de repente me encuentro cerca de esa paz engañosa con la que quiero abandonar el frente de batalla.
Habíamos pasado por un pueblo y allí todo quedaba lejos del frente.Me metí en un cuarto oscuro y me dediqué a beber cerveza mala con sabor a pis, pero era un descanso aparente porque ya ni siquiera oía las bombas que caían. Me había larrgado y no había superior que me mandara a fusilar. El castigo era mucho peor: por el hueco en la línea de combate, por el hueco que YO había dejado,  se habían colado los enemigos y estaban masacrando a los míos, a todos los tomi. Por cada minuto perdido caía uno. Y lo peor era esa sensación de no avanzar, de ir para atrás, porque el campo perdido costará el doble reconquistarlo. La tierra se retuerce de dolor
«¿Por qué me dejaste sola?
¿Dónde quedaron tus promesas?»

Metido en un bar de mala muerte, escondido de cualquier batalla y bebiendo una cerveza mala, no disfrutando de nada: la soledad me recuerda mi cobardía, y aún así no tengo el ánimo suficiente para cortar, para decidirme a volver al frente.
Pero hoy es lunes por la noche, y como un recuerdo fugaz me llega el aroma del frente que dejé en manos de los enemigos.
Ya no volveré a conquistar aquella tierra. Solo los idiotas creen que las cosas se pueden reparar de alguna forma; no hay arrepentimiento que cambie el hecho de que hay vida que, aún tocándote vivirla, decidiste no hacerlo. Esa vida pasó, esa experiencia y esa oportunidad. Queda internarse en el campo enemigo, sí, pero ya no por el mismo lugar sino buscando otra guerra, otro frente, otros pueblos que conquistar. Lo úinico que se parecen son las cobardías y las deserciones. Esas son patéticamente similares: la misma cerveza negra con sabor a pis, la misma cobardía diciendo:
¿Y para qué vas a ir a la guerra? ¿Qué más te da si tus compañeros mueren? ¿Y qué más da si no eres quien debes ser sino otro?
Y tienen razón esas voces, solo que incluso para desertar con sentido debo luchar. Pero la otra deserción, el dejarse llevar por esa marea de sopa tibia en un día de invierno... no, esa no.
Corrijamos.

jueves, 28 de noviembre de 2013

idiota, esta mañana ya te habías tomado tu dosis, hela aquí


21,49

El título podrían ser grados. Como una temperatura, un punto de ebullición en el planeta escorpio, la temperatura a partir de la cual las formas no gaseosas estallan, un punto de no retorno.
- No puedo seguir hablando contigo. Tengo la impresión de que voy a estallar. -le decía uno de los habitantes del planeta a otro. También allí se hartan entre sí.

El dibujo de san nicolás, corregido. Mateja ya está en la cama y yo estoy ansiando por irme también al sobre. Al lado mío, el cómic de la cizaña, referencia para el dibujo de un árbol.
Este cómic fue un regalo de cumpleaños. ¿qué edad tendría yo? Ya estaba en La Laguna, aunque recuerdo no haber entendido apenas nada del cómic. Y luego, conforme pasaron los años, me quedé encariñado con él. Pero siempre confesaba en mi interior que aquel tenía un sabor agrio, desazonado. El personaje rezuma maldad y, aunque entibiado con el estilo humorístico, es algo demasiado cercano.
Sembrar la cizaña, romper amistades... ¿no va de eso buena parte de la vida? Uno intenta reconstruir pasados que nunca volverán, establecer puentes para fosos imaginarios.
Abraracurcix grita sobre el escudo, bajo él también se gritan los porteadores. Julio César con Bruto, Panorámix con Edadepiedrix, los romanos que custodiaban al sembrador de cizaña... curiosamente el nombre de este nunca se me quedó. El personaje eran tan asqueroso... como un pescado muerto, aceitoso, que no sé si inconscientemente me desprendo de cualquier recuerdo que tenga que tocarle a él, especialmente el nombre.
En aquel cumpleaños recuerdo el presente y la terraza de arriba y nuestro cuarto. ¿Tenía un nombre la terraza de arriba? Pienso que sí, así lo siento, pero no logro recordarlo. ¿Me lo regaló Enrique Amigó? ¿Fue el primer regalo que nos hizo, la primera entrada a la casa? Eso me pondría en torno a los diez años.
Cuando tenía nueve, estábamos en el cuarto... el cuarto marinero, nuestro cuarto. Era un sábado por la mañana, recién nos estábamos levantando. Papá y Mamá llegaron. „Queremos hablar con vosotros sobre algo“, dijeron. Yo, cuando noté el rostro de mamá o los dos rostros, comencé a llorar. Y todavía no habían dicho nada. ¿lloré o quise llorar? „Vuestra madre y yo no vamos a seguir viviendo juntos. Tenéis que decidir con quién queréis quedaros“. Esa fue la idea.
Y más adelante, llegando a la casa y abriendo la puerta de la entrada, aquella conversación que tuvimos los hermanos:
- ¿y tú a quién quieres más? ¿y con quién vamos a ir?

Hermanos.

Revisando las escenas de la derrota

Como es un pdf, no puedo corregirlo directamente sobre él. Eso es lo que le diré a Migdalia. Ya creé un blog sobre el libro, aún me queda hacer las páginas. Hoy ha sido un día más bien tranquilo; suena ghost riders in the sky. También he conseguido música de the pixies y the breeders. A edu le llamé esta mañana y he retomado algo de contacto con Ana Laca. De sus palabras entiendo que están esperando un niño. Hay una parte de mí, una parte extraña que parece vivir por aquí dentro, que sonríe ante la imagen. Moncho será padre. Pero la parte más sensible es la de dolor: y nosotros...
yipi ai ei -canta j cash
Y estuve releyendo "escenas de la derrota", me gustaba. Me siento identificado con Fray Cristóbal. Supongo que eso era la idea.

Hay días en los que el coche interior va más lento. Como si el frío le impidiera avanzar a más velocidad; me he atascado con el rato en el que ayer estuve leyendo y hoy con youtube. Es una especie de quitafuerzas sutil: basta la tele o cualquier entretenimiento para que elija no trabajar, para que elija quedarme sentado en el sillón de la comodidad. Es una gasolina rebajada con agua.

Where s my mind? suena ahora.
Estira los dedos.... ¡abrup! como si fuera abriendo el tapón de una botella, ¡¡ABRUP!!

Recuerdos: Panci era el que siempre traía música a casa, música buena pero que, en aquel entonces, a mí no me gustaba. Panci tenía ese don desde pequeño: veía las cosas oscuras y aprendió rápido a deleitarse con ellas. Yo, en cambio, creo que patinaba sobre la resbaladiza superficie de los sentimientos. Y sigue siendo así, solo que tengo el recuerdo de algunas oscuridades. Entre mi mente y aquellas hay una barrera tal que no puedo concentrarme en ninguna de ellas. Sin embargo, siento sus presencias. No las oigo, pero las imagino. No las huelo, pero sé de su aroma. Esta es poesía pobre, pero con la única que puedo descubrir y describir esos traumas que, como monstruos hediondos escondidos en el armario, me vigilan. Hediondos, he dicho, pero secos, sin nada de agua. Con algo parecido a momias antiguas.

En el museo antropológico de Madrid dicen que hay una magnífica estatua guanche. Murió antes de ver en lo que las islas se convertirían: un sumidero de turistas.
Corrijo.
Y ahora me sobra un minuto. Suena Beethoven, iré a buscar a km en su último año de guarderia. ¡Ñep!, grita el ordenador cuando me equivoco con una tecla.
Ahora sí.

martes, 26 de noviembre de 2013

martes, ni te cases ni...

Son las cuatro de la tarde. Bueno, casi. Terminaré de escribir estas tonterías a las... 4 y seis minutos. El contaje me cuesta horrores.
Estoy de un humor extraño: he trabajado todo el día y ahora me "recompenso" con un concierto de violín interpretado por david oistriach, de quien he leído un poco la biografía en itnernet. Tengo los ojos cerrados, la música suena. ¿Por qué no será posible transcribir la música en letras? Genera sentimientos que corren como un río, saltando entre pequeñas piedras, formando remolinos escondidos de la luz del sol. Pero, ¿qué digo? Yo, que tuve una infancia sin ríos... debería decir que esta música es como el alisio.

Estoy en una cueva en el sabinar, en Anaga. El viento baja hacia el barranco tras haberse enredado con la montaña. Las briznas de hierba parda se tumban con su empuje. Y en el ímpetu de la música caen pequeñas piedras que para las hormigas son gigantescos bloques, auténticos despeñamientos. Y ya no soy hombre-en-la-cueva ni brizna-azotada-por-el-viento. Ahora soy una hormiga que tras trabajar todo el día contempla la cascada de piedras cayendo por el barranco. Y hay una que está a punto de aplastarme. Se trata de un gran peño que está en el borde, sobre mí, indeciso si caer o no. el viento la hace tambalear. Soy la hormiga que ante ese bloque indeciso deja que transcurra toda su vida, el viento silva en mis oídos y me siento lejos, ¡tan lejos!, de todo el resto del hormiguero. Allá se afanen ellas, yo... yo estoy sola y voy a morir de placer porque ese bloque, cuando caiga, me llevará al paraíso de las hormigas.
Y cae.
Como en cámara lenta viene hacia mí y su caída me anuncia la entrada al paraíso. Allí soy la única hormiga, pero no el único habitante. Hay pequeños tarros de miel alrededor mío. Tarros minúsculos para un hombre, pero yo soy una hormiga-hormiguita. Mis articuladas patas abren uno de ellos y el aroma inunda mi paraíso. Ahora quiero saltar al pasado y transformarme en... ola.

Llevamos tanto tiempo cabalgando en este mar... Mis hermanas me apretujan pero yo no las siento. Allá a lo lejos vislumbro mi sueño, mi destino; ahora apenas soy un germen de lo que llegaré a ser, pero justo antes de que estalle en mi muerte creceré y saludaré al viento, me elevaré sobre el resto de las aguas y podré ver unos metros tierra adentro. Si pudiera, correría más para encontrarme con el amado.
A medida que nos acercamos siento que me acelero. ¿Es real? Tal vez solo sea una impresión, pero allí están muchas hermanas sacudiéndose la existencia y volviendo al viento, acabando en nada pero en una despedia pletórica. La espuma es la eyaculación de mis sueños.
Llego.
...

lunes, 25 de noviembre de 2013

telescopia y fin de semana

Este fin de semana no tuve mi receta diaria; durante un par de días me he sentido como un humano más, disfrutando de películas-libros-soledad, mateja en un curso casi todo el día. Y hace frío, llueve, tiempo nublado. Hoy la pequeña todavía no está de vuelta y aún tengo unas horas por la mañana.
Lo que escribí por aquí se me apareció como algo claro y evidente en mi subconsciente: que no soy de este planeta. Es algo que no debo olvidar, porque le da mucho más sentido a todo. Y no es una figura de hablar: realmente no lo soy. Posiblemente nadie lo sea, es mi razonamiento lógico (dado que todos nos sentimos de una forma parecida, o así lo imagino). Pero no puedo asegurarlo. Solo sé que yo no lo soy.
Mi planeta orbita por aquí cerca y se siente extrañamente atraído por la gravedad terrestre. La luz que nos llega allí es como la luna: solo nos llega la que refleja el planeta azul. Tal vez por eso haya una magia especial en contemplar la luna; es un reflejo dentro de un reflejo.
Este planeta no tiene un nombre especial; esas cosas solo ocurren en la Tierra. Pero sí que tiene muchos habitantes; menos que en otros, pero bastantes. ¿Quiénes? Todas las personas que habitan en mí.
¿Cómo continuar con esta locura? Una parte de mí me dice: "para el carro con la parábola. ¿Cómo vas a ser de otro planeta?". Pero no es tan solo una parábola. Claro que físicamente no lo veo tan claro, pero es lo más cercano que tengo a describir mi personalidad arrojada en este mundo.
Arrojada, dije, pero también mimada por Dios.

En mi planeta tenemos un templo dedicado a Dios; está torpemente construido con  las manos de un niño, con las de un adolescente y con las de un loco que encontró la cordura. (fin de corrección)
El niño puso cimientos de juguetes, de palabras mediodichas, de historia inventadas entre machangos, de mentiras y mezquinos egoísmos... y de sueños para un futuro mejor; entre todo aquello debía de estar Dios pero... ¡tan escondido! El adolescente no lo hizo mucho mejor, pero tuvo quien le ayudara a poner un poco de orden, a rehacer algunas partes del edificio que estaban a punto de derrumbarse. Pero la construcción final vino con el loco.
El loco sintió la asfixia de sentirse diferente y extraterrestre sobre una colina del país llamado argentina. Pero entre vaivenes de sentimiento y sufrimiento, acabó encontrando un hueso, un hueso que Dios le había dejado en el camino, escondido tras los harapos de una vieja que, en una esquina de París, vivía rodeada por bolsas de basura.
El loco lo hubiera dejado todo por ese hueso, el mismo que hoy enterró en la base del altar del templo.
Estas letras lo desentierran y lo vuelven a enterrar.
Un templo para Dios en un mundo diferente, construído por tantas manos. Algunas de ellas ya han muerto, otras todavía no han llegado. Detrás del templo hay un cementerio: el cementerio de los olvidos.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Viernes, entro en el trabajo media hora antes

Porque Julia sigue con la niña enferma.
Yo soy el niño satisfecho que se ha prohibido perder el tiempo con tonterías y que ahora escucha U2 "summer rain" sabiendo que aún tiene el hueso.
Hay que tocar hueso.
Y si pierdes el contacto, tocas aire y carne sensual y laberintos egoístas: esos en los que no te das cuenta de que estás "in a maze" y paseas como si nada, dando vueltas y más vueltas, perdiendo la orientación hasta el punto de que ya no sabes ni qué buscabas ni por qué.
¿Y qué buscabas?
El hueso.
El hueso es una cosa informe de color paliducho enfermo enterrado entre arena y basura, manchado de archilla. En él hay pegadas algunas trazas de moscovita que, a la luz de la luna, brillan. En el hueso una vez hubo carne y vida, pero ahora ya no hay nada.
Sin embargo, está duro. Es duro. Y es tuyo. El hueso no se amolda a tus sentimientos, no puede cambiar su forma para satisfacer movimientos. Lo más que puedes hacer es golpearte con él para despertar.
Pero cuando tienes el hueso en la mano, ya no hay laberinto, sino un magnífico desierto. Ese desierto ideal en el que el calor no es excesivo y la soledad el bien más deseado, el de las puestas de sol y los amaneceres cargados de significado.
¡Tienes el hueso en la mano!
Y es como una brújula. ¿A dónde irás con el hueso?
To kost.
A caminar por el desierto, tal vez hacia el sol, tal vez con la idea de salir de él. Pero estás con el hueso, y todas las inseguridades cobran un nuevo significado mientras lo sostengas. Porque ya no son las vidas de los otros, de los terrestres, las que te importan.

La sociedad con los terrestres transmite una enfermedad, un virus desconocido: de repente vives como si te importaran las mil tonterías de lo cotidiano. De repente piensas que tú también eres un humano.
Pero con el hueso todas las inseguridades y los miedos se convierten en propios. No es un egoísmo estúpido. Es lo propio.

Terminó la música pero no puedo parar de escribir para dedicarme a buscar algo mejor. Total habré de irme en breve.
Quería confesarme de una debilidad que tuve ayer, como si estas letras tuvieran que darme la absolución por mis tonterías. ¡Pues no! ¿Hiciste algo estúpido? Pues fue algo tuyo, estúpido. No te lamas las heridas porque perderás el hueso. Sigue andando, sostenlo en alto y siente con tu tacto la dureza y suciedad que recubren a lo que antes fue vértebra de la vida y del movimiento.
El laberinto se despeja. La receta diaria me prepara para un día lluvioso, para la compañía de otros terrestres. Sonreíremos.
Como si fuéramos normales.

jueves, 21 de noviembre de 2013

insomnio y novela barata

-Mamá, estoy cansado cansadito.
-¿Qué te pasa cariño?
Que me he despertado a las 2,30 de la mañana y no me he vuelto a dormir. Una hora después, mamacita, me he levantado y he leído una novela estúpida hasta bien tarde.
- Las novelas estúpidas, bebecito, que se la queden los estúpidos.

Hay que ser cretino, perdiendo el tiempo.
¿Por qué me creo el señor de mi tiempo? Soy el derrochador de un bien ajeno, a saber, el tiempo que se le asignó a este cuerpo y a esta mente para que produjera algo... algo fuera de sí, no mejor, no peor, pero fuera de sí. Y las novelas estúpidas, y la tele estúpida, y el ombligo estúpido... no hacen más que dar vueltas sobre mi mismo.
¿Pesadillas? Bienvenidas, mientras sean productivas.
La vida puede ser una espiral hacia el ombligo o ... algo diferente. Acostarse en la terraza de la casa de La Laguna, la terraza alta, al lado de la chimenea, caminar por las tejas para sentir el peligro, vértigo, conversar con los mirlos a base de silbidos que, sí, que responden, y tumbarme, tumbarme una vez con ... santiago piñero?... y otras solo, allí el cielo azul, tal vez una nube esporádica cruzando la retina de lado a lado, pero azul azul, azul, tomi, y en medio una nada llena de silencios y de un viento silencioso y de trinos de pájaros que no hacen más que resaltar eso, el silencio... y entonces levantas el brazo y lo bajas otra vez y sientes la distancia que te separa, el azul está tan lejos como el fondo oscuro del mar, el que nunca tocas con el pie pero sobre el que nadas con una mezcla de vértigo, pánico y admiración. En el mar un alga o una bolsa de plástico roza tu piel y ya piensas en todos los monstruos marinos que pueblan lo desconocido. Pero en la terraza el gran espacio, el gran vacío, es el monstruo que es más grande que cualquier pesadilla. Y más ligero. Por ello, sutil como el alma.
Levanta la cabeza, mira. Sal, sal de ti.
...
Los animales han de morir. A veces emiten ruiditos ahogados, gargantas ratoniles, sonidos agudos, a veces las vidas que llevan se les cuelgan de la piel. Los gatos presumen su vida con la parsimonia y armonía de sus movimientos. Los perros la tienen en sus ojos y colgando de la lengua, babeando. Los elefantes creen que la han perdido y se pasan su existencia buscándola por el desierto. Los caballos huyen de ella, los asnos ... asnan, como Platero. Rebuznan su vida, por eso me gustan tanto.
En Australia tuve miedo de las cucarachas... no, de las ratas, digo. Me tocaba bajar la basura, pero cuando llegué abajo, a aquella salida trasera del edificio, las oí. No soy tan valiente como el cascanueces. Se me heló la sangre. Estaban teniendo una fiesta entre la basura, como vampiros sedientos en medio de una fiesta de adolescentes, las puertas están cerradas y solo les queda gritar. Así eran aquellas ratas que nunca vi: vampiros sedientos.
Corregir.

martes, 19 de noviembre de 2013

20:57

Otro día en la cama. Esta mañana Pavel tuvo el buen detalle de solicitar mis servicios a las siete de lamañana; así que currando en la guardería y ahora con pocas ganas de escriir nada, Apunto la hora y ya quisiera estar todo el tiempo escribiendo una sola palabra: joder
¿cómo quedaría?
joder, joder, joder, joder, demonios (por cambiar un poco), mil demonios, demonstriacos (por inventar)...
La verdad es que va a ser mejor escribir hasta llegar a las 21:10, aprox. Vamos, sin el aprox., directamente vamos a las 21.10.
Debería estar contento por haber tenido en casa a Andrej Praznik, pero solo estoy cansado y de mal humor. Si este blog fuera testigo de mis pataletas y mis devaneos sentimentales, podríamos comprar unas pastas y sentarnos todos en torno al llorón, al Tomi llorón, y con la boca llena de polvorones y un café humeante en la otra, preguntar "cuéntanos, Tomi, cómo estás. Descansa un poco, hombre, estás entre amigos" La escena la saco de mis memorias de Astérix.
Me gusta el piano-órgano que he comprado, aniticipando lo que espero sea el aguinaldo navideño de papá y mamá.
Mente en blanco. Lascatremus un poquito de carriocoche barabuntando el fomur.
La gente que escribe blogs dice cosas interesantes. Yo peco de tonto porque quiero pecar de tonto, ir de listo es un coñazo.
Tuve que tragarme un té para tener bien la entrevista. Tuve que entregarme... iba a decir tragarme pero se me trabucaron las palabras, pero esa no está del todo mal: decía que hube de entregarme a la sonrisa tonta y los pensamientos profundos pero superficiales con los compañeros de trabajo. Como si yo fuera uno de ellos. Como si viviera en este planeta. O, si lo hago, como si fuera un humano, un hombre como los demás.
Todavía no me han descubierto.
Tal vez el planeta esté lleno de gente como yo, extraterrestres haciéndose pasar por humanos.
O de humanos que se hacen pasar por extraterrestres.
Estas dos frases parecen las típicas del listillo capaz de analizar con una frase certera el destino del mundo.
21.09, queda un minuto.
Minuto, minuto, minuto, minuto, minuto, minuto, minuto, minuto, minuto, minuto, minuto, minuto, minuto, minuto, minuto, minuto, minuto, minuto, minuto, minuto, minuto... ¡ya! (y sin copiar y pegar, ¡eh!)

lunes, 18 de noviembre de 2013

en la cama

ahora en la cama, porque ya es tarde. Estoy rendido. Tio, estoy rendido, cansado, satisfecho, contento. El diablo me puso la capa roja, el diablo o mi pereza o mi falta de voluntad. Y era entretenerme con la tele, el mentalista, ¿qué habrá pasado? Tío, estoy buenamente rendido, todo el día currando en una cosa u otra. Y mira que las malditas ideas no salían esta mañana, estaba atorado, extreñido mentalmente.
Me da por recordar aquellos huevos duros que la chacha era capaz de meterse enteros en la boca. ¿Se trataba de Dulce? No recuerdo bien... junto a la escena siempre está el baño del pasillo con los antiguos colores verdosos, un verde que quería ser brillante y oscuro, pero que en cambio era húmedo y antiguo. Mala contraposición, poesía barata.
Nadie sabe que estoy escribiendo estas locas entradas. Fue el fin de semana y, rindámonos a la evidencia, va a ser difícil mantener el ritmo durante el fin de semana, habrá veces que escriba y veces que... ya está aquí el tomi conciliador, vago y decadente, mala sea su sangre que nos sacrifica a todos los demás en aras de un conformismo opaco. ¿Y quiénes somos nosotros? El resto de personas que se debate en este cuerpo de pacotilla.
Eyacular, ahora me viene esa palabra a la cabeza. Escribir no es como eyacular ideas, pero la imagen tiene su aquel. Se parece más, en cambio, a apretar ese botón naranja que hay ahí arriba, donde pone "Publicar". Sí, por ahí debe de andar el asunto este: escribir es publicar, tal vez publicarse uno a sí mismo porque tiene esa mala necesidad o porque, simplemente, quiere hacerlo.
Querer como un encuentro espontáneo entre los polos opuestos, entre el negro y el blanco, el esclavo y el amo que ni piensa en él: ¿tú por aquí?, le pregunta uno al otro. El esclavo fugado que vuelve a casa pensando en que pronto intentará escaparse otra vez. La fuga no no no es un hecho aislado en su vida, sino su horizonte vital y su pan de cada día.
¿Tú por aquí?
Comienzas a espiar el reloj por detrás de la espalda de Mateja. Ella está viendo las noticias en el ordenador y tú ya estás deseando llegar al minuto 13 para decir, "hasta aquí hemos llegado, ahora toca corregir".
Bueno, pues aún te faltan tres.
Tienes ganas, maldito bribón de poca monta, de volver a tu jaula, que te den unos cuantos azotes y sentirte libre porque piensas "mañana me fugaré".
¿Tú por aquí, esclavo?
El pan se cuece en el horno, Klara María duerme. Hoy hizo sol. Y frío. El cable del ordenador está enrollado sobre sí mismo.
¿Y tú por aquí, negrito?
Quedan tres minutos. Corrijamos.



viernes, 15 de noviembre de 2013

Quince minutos menos


Eso fue lo que tuve ayer, quince minutos menos para escribir. Mil demonios, fui a la guardería y luego, por la tarde, terminé los dibujos para druzina del año de la fe. Y no se me ocurrió buscar los quince minutos con los que proseguir este despropósito de blog. Incluso, en alguna parte de mi inconsciente, un inconsciente muy inconsciente, una vocecita me decía, “daj, tomi -esto en esloveno- al menos cinco minutos siéntate a escribir”.
Vocecitas, sentimientos, alitas de ángeles... estúpida culpabilidad. Quince minutos al arroyo y ya está, al desagüe de la existencia.
Mi “yo social” trata de justificarme, de llegar a tibios y mediocres acuerdos con esa otra parte de mí que es un terremoto de incompetencias. Paños calientes para un negado.
“La parte positiva es... “, ¿a quién le importa la parte positiva? No se trata de escribir propósitos y enmiendas para el futuro, ni de reescribir el pasado, sino de atenerte a lo que hay, a lo que te rodea, a ser baconiano durante, al menos, quince minutos.
Sufro como una mariposa con un ala descosida. No paro de mirar el reloj ahí abajo del ordenador y de decirme “ya queda menos”. ¿Tanto te cuesta tener el culo caliente un lado y escribir sin propósito? A ti lo que te pasa es que eres un vago, de pequeño te acostumbraste a no trabajar... no, señor, no reescribas la historia. Eres un vago porque sí,por debilidad, no importa el pasado que tuviste. Ahora es el presente, tu comienzo, tu oportunidad. ¿Sufres mirando qué hora es, cuánto te queda para terminar? Bien, sufre con gusto, estos son tus mejores quince minutos de auténtico sufrimiento. Entre los dedos se intentará colar un afeminado suspiro, un “ay, no puedo más”. Que se cuele, violencia, papel en blanco, esquizofrenia, reencarnación de los sueños antiguos, reestructuración de los futuros, un padre abraza a su hijo, un bebé mira con ojos demasiado inteligentes para su edad,un chulo tiene rallas en la mejilla, una cara neutra, bocetos todos pintados en el papel que tienes ante ti, tu papel de trabajo donde ya apenas queda sitio para dibujar, que tendrás que sacar otro. El ratón, negro, negro como la tableta bamboo, negro como el teclado, el monitor de bordes negros y, en la pantalla, la mala claridad de estas letras. Dos minutos, corregir.

martes, 12 de noviembre de 2013

El estrés de un orificio

Creo que está temática la voy repetir bastantes veces. Ayer no cumplí con la dosis, así que imagino que se acumuló un resto de socialidad enfermiza, justamente de lo que trato de escapar con esta receta diaria, estos quince minutos de vinagre de manzana a base de letras que, al final, habré de corregir con el tiempo que me sobre.
Por eso hoy me siento a la vuelta de la guardería, he llevado a la pequeña, y antes de ir al baño me propongo cumplir con este desagradable deber. ¿Por qué me obligo a pensar en el oficio del escritor como algo placentero? Más me valiera darme cuenta de la realidad: que estar a la altura me pesa y que lo más que puedo hacer es liberar las palabras. En este blog no caben sueños ni deseos incumplidos. ¡Que se desvelen los traumas! Que canten las debilidades, que canten como sirenas y que, esta vez, ulises no esté amarrado al palo mayor (r: ¿por qué me subraya la palabra ulises y no me da la opción de ponerla en mayúscula? uno de los dos tiene una gran laguna en ciencias homéricas, o yo o el ordenador). Diría que podrían sus compañeros darle un poco de cuerda para que se acercara a las ninfas de pecho desnudo y movimientos de cadera seductores (aunque las escamas de pescado tienen poco que hacer en este oficio). Así que ulises se lanzaría al agua e intentaría llegar a los sueños, pero la cuerda no más le permitiría acercarse un poco. Luego chapotearía, soltaría un par de palabrotas y se quedaría a merced del barco. Y el barco a merced de las velas, el rumbo a merced de la historia, las sirenas a merced del mismo viento que empuja al barco... ¡qué metáfora, campeón!
Mejor vayamos a la otra posibilidad, Ulises (r: y ahora con mayúscula, pero lo mismo me la señala como errónea, ¿y Aquiles? otro tanto) se tira al mar y se acaba ahogando entre insultos a sus compañeros e insultos a las ninfas. A sus compañeros por liarle con una cuerda de la que, en su afán por soltarse, acaba entrampándole y llevándole al ahogo, por así decir. Y de las ninfas porque bien podrían haber sido los peores adefesios del mundo, que la voz no es más que eso, una voz, algo desligado del cuerpo que lo pronuncia. Y él entonces, en el pánico a la muerte, se da cuenta de eso. Y también se insulta a sí mismos: ¡imbécil!
r: se acabó el tiempo
Soy el niño que nunco supo hablar bien. Y en mi pataleta, digo "sí, hablar como un subnormal... pero escribir, ¡déjenme escribir una carta!
Quedan cinco minutos.
Y aún no he tocado el tema que ayer, en un momento de máxima inspiración, se me ocurrió: aquello de pecar con las palabras que aquí escribo, o de encontrarme al límite del pecado, como quien cierra los ojos justo antes de que ocurra el desastre, se tapa los oídos y obliga a su mente a ocuparse de otras cosas. Pero hay que saber pecar para saber qué significa el deseo de amar y, de alguna forma, amar. Porque amar, lo que se dice amar, es algo de lo que resulta muy difícil darse cuenta. Uno vive preocupado por aquellos, ocupado en aquellos, y disfruta de una paz extraña cuando está en su compañía, como si por un momento se en el fondo le gustara el cuchillo que, entre omoplato y omoplato, tiene clavado en al espalda.
Quedan dos minutos. Reviso y... ¡a cagar!

lunes, 11 de noviembre de 2013

Quince minutos

Durante quince minutos habré de escribir. Diariamente. Son las nueve de la mañana. Miraré de cerca esta frase, pero antes plasmaré la idea de este blog (privado): el arte de la creación tiene mucho que ver con la imagen límpida que uno tiene de sí mismo en el mundo. No caben engaños, porque un engaño ensucia la burbuja de cristal. Al pan, pan... Cuando eras pequeño, pequeño invento, escribías para poner orden en tu cabeza.
Ahora no es muy diferente. Pero es el orden de tu vida. Las ideas... es tan fácil que sean ideas suministradas por otros, por el medio, por el afán de quedar bien... este bloc de notas digital hará de remedio y, también, de búsqueda de espacios negativos alrededor de mi imaginación.
Me resuenan las tripas. Quiero ir al baño a hacer caca, sentarme y sentir como se deslizan los pesos muertos de los residuos. Hay una separación eterna en algo tan simple como cagar. Y lo propio de los excrementos es que nunca más volver al cuerpo: su propia visión, su olor, parece que hubieran sido hechos a tal propósito. Pero el momento de la despedida es un dulce parir.
Por este tipo de expresiones es mejor que el blog sea privado.
Vamos con la frase que me llamó la atención -corta ya, te has pasado en un minuto revisando:
nueve de la mañana.
Pienso en dónde estaba ayer a las nueve de la mañana: haciendo un retiro en el ignacianski dom.
Pienso en el número nueve. Nos conocimos hace ya mucho tiempo, el número nueve y yo. Y pertenecía a la high class; los números por debajo de él tenían otro carácter. Por ejemplo, el siete tenía algo ácido, el ocho algo divertido... pero el nueve era como la reina en el tablero de ajedrez. Lo suficientemente grande como para no poder imaginarlo como pequeños puntitos, y con un toque misterioso. Precedía al diez, sí, pero con orgullo, autoestima. Se emparentaba con el siete y con el tres. El cinco era un primo lejano, el 4 un bobalicón, el dos un listillo y el seis un aliado neutral. El uno era el comienzo de todo y estaba... tan, tan lejos del nueve. Porque el descendiente del 1 es el 10, es un hijo suyo que le superó, tanto como a éste le superó el 100 y por fin, como un gigante diplodópico que apenas ve donde pisa y dónde juegan los pequeños dinosaurios... digo, allá arriba estaba el 1000. Ya no había nada por encima, porque a partir de ese número se volaba, pero ya no se iba por tierra, no se caminaba ni se arrastraba uno por los vericuetos de la imaginación. Los números que precedían al 1000 eran un mapa de tierras conocidas etiquetadas con justicia y simpleza, como el 250 o el 300, o de ténebres misterios, como el 294 o el 572. Pero cada uno, con su propia personalidad.
Quedan dos minutos.
Voto al oráculo: siempre tener al menos un par de minutos para revisar lo escrito.
mesatrice.