viernes, 15 de noviembre de 2013

Quince minutos menos


Eso fue lo que tuve ayer, quince minutos menos para escribir. Mil demonios, fui a la guardería y luego, por la tarde, terminé los dibujos para druzina del año de la fe. Y no se me ocurrió buscar los quince minutos con los que proseguir este despropósito de blog. Incluso, en alguna parte de mi inconsciente, un inconsciente muy inconsciente, una vocecita me decía, “daj, tomi -esto en esloveno- al menos cinco minutos siéntate a escribir”.
Vocecitas, sentimientos, alitas de ángeles... estúpida culpabilidad. Quince minutos al arroyo y ya está, al desagüe de la existencia.
Mi “yo social” trata de justificarme, de llegar a tibios y mediocres acuerdos con esa otra parte de mí que es un terremoto de incompetencias. Paños calientes para un negado.
“La parte positiva es... “, ¿a quién le importa la parte positiva? No se trata de escribir propósitos y enmiendas para el futuro, ni de reescribir el pasado, sino de atenerte a lo que hay, a lo que te rodea, a ser baconiano durante, al menos, quince minutos.
Sufro como una mariposa con un ala descosida. No paro de mirar el reloj ahí abajo del ordenador y de decirme “ya queda menos”. ¿Tanto te cuesta tener el culo caliente un lado y escribir sin propósito? A ti lo que te pasa es que eres un vago, de pequeño te acostumbraste a no trabajar... no, señor, no reescribas la historia. Eres un vago porque sí,por debilidad, no importa el pasado que tuviste. Ahora es el presente, tu comienzo, tu oportunidad. ¿Sufres mirando qué hora es, cuánto te queda para terminar? Bien, sufre con gusto, estos son tus mejores quince minutos de auténtico sufrimiento. Entre los dedos se intentará colar un afeminado suspiro, un “ay, no puedo más”. Que se cuele, violencia, papel en blanco, esquizofrenia, reencarnación de los sueños antiguos, reestructuración de los futuros, un padre abraza a su hijo, un bebé mira con ojos demasiado inteligentes para su edad,un chulo tiene rallas en la mejilla, una cara neutra, bocetos todos pintados en el papel que tienes ante ti, tu papel de trabajo donde ya apenas queda sitio para dibujar, que tendrás que sacar otro. El ratón, negro, negro como la tableta bamboo, negro como el teclado, el monitor de bordes negros y, en la pantalla, la mala claridad de estas letras. Dos minutos, corregir.

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