martes, 26 de noviembre de 2013

martes, ni te cases ni...

Son las cuatro de la tarde. Bueno, casi. Terminaré de escribir estas tonterías a las... 4 y seis minutos. El contaje me cuesta horrores.
Estoy de un humor extraño: he trabajado todo el día y ahora me "recompenso" con un concierto de violín interpretado por david oistriach, de quien he leído un poco la biografía en itnernet. Tengo los ojos cerrados, la música suena. ¿Por qué no será posible transcribir la música en letras? Genera sentimientos que corren como un río, saltando entre pequeñas piedras, formando remolinos escondidos de la luz del sol. Pero, ¿qué digo? Yo, que tuve una infancia sin ríos... debería decir que esta música es como el alisio.

Estoy en una cueva en el sabinar, en Anaga. El viento baja hacia el barranco tras haberse enredado con la montaña. Las briznas de hierba parda se tumban con su empuje. Y en el ímpetu de la música caen pequeñas piedras que para las hormigas son gigantescos bloques, auténticos despeñamientos. Y ya no soy hombre-en-la-cueva ni brizna-azotada-por-el-viento. Ahora soy una hormiga que tras trabajar todo el día contempla la cascada de piedras cayendo por el barranco. Y hay una que está a punto de aplastarme. Se trata de un gran peño que está en el borde, sobre mí, indeciso si caer o no. el viento la hace tambalear. Soy la hormiga que ante ese bloque indeciso deja que transcurra toda su vida, el viento silva en mis oídos y me siento lejos, ¡tan lejos!, de todo el resto del hormiguero. Allá se afanen ellas, yo... yo estoy sola y voy a morir de placer porque ese bloque, cuando caiga, me llevará al paraíso de las hormigas.
Y cae.
Como en cámara lenta viene hacia mí y su caída me anuncia la entrada al paraíso. Allí soy la única hormiga, pero no el único habitante. Hay pequeños tarros de miel alrededor mío. Tarros minúsculos para un hombre, pero yo soy una hormiga-hormiguita. Mis articuladas patas abren uno de ellos y el aroma inunda mi paraíso. Ahora quiero saltar al pasado y transformarme en... ola.

Llevamos tanto tiempo cabalgando en este mar... Mis hermanas me apretujan pero yo no las siento. Allá a lo lejos vislumbro mi sueño, mi destino; ahora apenas soy un germen de lo que llegaré a ser, pero justo antes de que estalle en mi muerte creceré y saludaré al viento, me elevaré sobre el resto de las aguas y podré ver unos metros tierra adentro. Si pudiera, correría más para encontrarme con el amado.
A medida que nos acercamos siento que me acelero. ¿Es real? Tal vez solo sea una impresión, pero allí están muchas hermanas sacudiéndose la existencia y volviendo al viento, acabando en nada pero en una despedia pletórica. La espuma es la eyaculación de mis sueños.
Llego.
...

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