jueves, 28 de noviembre de 2013

Revisando las escenas de la derrota

Como es un pdf, no puedo corregirlo directamente sobre él. Eso es lo que le diré a Migdalia. Ya creé un blog sobre el libro, aún me queda hacer las páginas. Hoy ha sido un día más bien tranquilo; suena ghost riders in the sky. También he conseguido música de the pixies y the breeders. A edu le llamé esta mañana y he retomado algo de contacto con Ana Laca. De sus palabras entiendo que están esperando un niño. Hay una parte de mí, una parte extraña que parece vivir por aquí dentro, que sonríe ante la imagen. Moncho será padre. Pero la parte más sensible es la de dolor: y nosotros...
yipi ai ei -canta j cash
Y estuve releyendo "escenas de la derrota", me gustaba. Me siento identificado con Fray Cristóbal. Supongo que eso era la idea.

Hay días en los que el coche interior va más lento. Como si el frío le impidiera avanzar a más velocidad; me he atascado con el rato en el que ayer estuve leyendo y hoy con youtube. Es una especie de quitafuerzas sutil: basta la tele o cualquier entretenimiento para que elija no trabajar, para que elija quedarme sentado en el sillón de la comodidad. Es una gasolina rebajada con agua.

Where s my mind? suena ahora.
Estira los dedos.... ¡abrup! como si fuera abriendo el tapón de una botella, ¡¡ABRUP!!

Recuerdos: Panci era el que siempre traía música a casa, música buena pero que, en aquel entonces, a mí no me gustaba. Panci tenía ese don desde pequeño: veía las cosas oscuras y aprendió rápido a deleitarse con ellas. Yo, en cambio, creo que patinaba sobre la resbaladiza superficie de los sentimientos. Y sigue siendo así, solo que tengo el recuerdo de algunas oscuridades. Entre mi mente y aquellas hay una barrera tal que no puedo concentrarme en ninguna de ellas. Sin embargo, siento sus presencias. No las oigo, pero las imagino. No las huelo, pero sé de su aroma. Esta es poesía pobre, pero con la única que puedo descubrir y describir esos traumas que, como monstruos hediondos escondidos en el armario, me vigilan. Hediondos, he dicho, pero secos, sin nada de agua. Con algo parecido a momias antiguas.

En el museo antropológico de Madrid dicen que hay una magnífica estatua guanche. Murió antes de ver en lo que las islas se convertirían: un sumidero de turistas.
Corrijo.
Y ahora me sobra un minuto. Suena Beethoven, iré a buscar a km en su último año de guarderia. ¡Ñep!, grita el ordenador cuando me equivoco con una tecla.
Ahora sí.

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