viernes, 22 de noviembre de 2013

Viernes, entro en el trabajo media hora antes

Porque Julia sigue con la niña enferma.
Yo soy el niño satisfecho que se ha prohibido perder el tiempo con tonterías y que ahora escucha U2 "summer rain" sabiendo que aún tiene el hueso.
Hay que tocar hueso.
Y si pierdes el contacto, tocas aire y carne sensual y laberintos egoístas: esos en los que no te das cuenta de que estás "in a maze" y paseas como si nada, dando vueltas y más vueltas, perdiendo la orientación hasta el punto de que ya no sabes ni qué buscabas ni por qué.
¿Y qué buscabas?
El hueso.
El hueso es una cosa informe de color paliducho enfermo enterrado entre arena y basura, manchado de archilla. En él hay pegadas algunas trazas de moscovita que, a la luz de la luna, brillan. En el hueso una vez hubo carne y vida, pero ahora ya no hay nada.
Sin embargo, está duro. Es duro. Y es tuyo. El hueso no se amolda a tus sentimientos, no puede cambiar su forma para satisfacer movimientos. Lo más que puedes hacer es golpearte con él para despertar.
Pero cuando tienes el hueso en la mano, ya no hay laberinto, sino un magnífico desierto. Ese desierto ideal en el que el calor no es excesivo y la soledad el bien más deseado, el de las puestas de sol y los amaneceres cargados de significado.
¡Tienes el hueso en la mano!
Y es como una brújula. ¿A dónde irás con el hueso?
To kost.
A caminar por el desierto, tal vez hacia el sol, tal vez con la idea de salir de él. Pero estás con el hueso, y todas las inseguridades cobran un nuevo significado mientras lo sostengas. Porque ya no son las vidas de los otros, de los terrestres, las que te importan.

La sociedad con los terrestres transmite una enfermedad, un virus desconocido: de repente vives como si te importaran las mil tonterías de lo cotidiano. De repente piensas que tú también eres un humano.
Pero con el hueso todas las inseguridades y los miedos se convierten en propios. No es un egoísmo estúpido. Es lo propio.

Terminó la música pero no puedo parar de escribir para dedicarme a buscar algo mejor. Total habré de irme en breve.
Quería confesarme de una debilidad que tuve ayer, como si estas letras tuvieran que darme la absolución por mis tonterías. ¡Pues no! ¿Hiciste algo estúpido? Pues fue algo tuyo, estúpido. No te lamas las heridas porque perderás el hueso. Sigue andando, sostenlo en alto y siente con tu tacto la dureza y suciedad que recubren a lo que antes fue vértebra de la vida y del movimiento.
El laberinto se despeja. La receta diaria me prepara para un día lluvioso, para la compañía de otros terrestres. Sonreíremos.
Como si fuéramos normales.

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