ahora en la cama, porque ya es tarde. Estoy rendido. Tio, estoy rendido, cansado, satisfecho, contento. El diablo me puso la capa roja, el diablo o mi pereza o mi falta de voluntad. Y era entretenerme con la tele, el mentalista, ¿qué habrá pasado? Tío, estoy buenamente rendido, todo el día currando en una cosa u otra. Y mira que las malditas ideas no salían esta mañana, estaba atorado, extreñido mentalmente.
Me da por recordar aquellos huevos duros que la chacha era capaz de meterse enteros en la boca. ¿Se trataba de Dulce? No recuerdo bien... junto a la escena siempre está el baño del pasillo con los antiguos colores verdosos, un verde que quería ser brillante y oscuro, pero que en cambio era húmedo y antiguo. Mala contraposición, poesía barata.
Nadie sabe que estoy escribiendo estas locas entradas. Fue el fin de semana y, rindámonos a la evidencia, va a ser difícil mantener el ritmo durante el fin de semana, habrá veces que escriba y veces que... ya está aquí el tomi conciliador, vago y decadente, mala sea su sangre que nos sacrifica a todos los demás en aras de un conformismo opaco. ¿Y quiénes somos nosotros? El resto de personas que se debate en este cuerpo de pacotilla.
Eyacular, ahora me viene esa palabra a la cabeza. Escribir no es como eyacular ideas, pero la imagen tiene su aquel. Se parece más, en cambio, a apretar ese botón naranja que hay ahí arriba, donde pone "Publicar". Sí, por ahí debe de andar el asunto este: escribir es publicar, tal vez publicarse uno a sí mismo porque tiene esa mala necesidad o porque, simplemente, quiere hacerlo.
Querer como un encuentro espontáneo entre los polos opuestos, entre el negro y el blanco, el esclavo y el amo que ni piensa en él: ¿tú por aquí?, le pregunta uno al otro. El esclavo fugado que vuelve a casa pensando en que pronto intentará escaparse otra vez. La fuga no no no es un hecho aislado en su vida, sino su horizonte vital y su pan de cada día.
¿Tú por aquí?
Comienzas a espiar el reloj por detrás de la espalda de Mateja. Ella está viendo las noticias en el ordenador y tú ya estás deseando llegar al minuto 13 para decir, "hasta aquí hemos llegado, ahora toca corregir".
Bueno, pues aún te faltan tres.
Tienes ganas, maldito bribón de poca monta, de volver a tu jaula, que te den unos cuantos azotes y sentirte libre porque piensas "mañana me fugaré".
¿Tú por aquí, esclavo?
El pan se cuece en el horno, Klara María duerme. Hoy hizo sol. Y frío. El cable del ordenador está enrollado sobre sí mismo.
¿Y tú por aquí, negrito?
Quedan tres minutos. Corrijamos.
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