jueves, 28 de noviembre de 2013

idiota, esta mañana ya te habías tomado tu dosis, hela aquí


21,49

El título podrían ser grados. Como una temperatura, un punto de ebullición en el planeta escorpio, la temperatura a partir de la cual las formas no gaseosas estallan, un punto de no retorno.
- No puedo seguir hablando contigo. Tengo la impresión de que voy a estallar. -le decía uno de los habitantes del planeta a otro. También allí se hartan entre sí.

El dibujo de san nicolás, corregido. Mateja ya está en la cama y yo estoy ansiando por irme también al sobre. Al lado mío, el cómic de la cizaña, referencia para el dibujo de un árbol.
Este cómic fue un regalo de cumpleaños. ¿qué edad tendría yo? Ya estaba en La Laguna, aunque recuerdo no haber entendido apenas nada del cómic. Y luego, conforme pasaron los años, me quedé encariñado con él. Pero siempre confesaba en mi interior que aquel tenía un sabor agrio, desazonado. El personaje rezuma maldad y, aunque entibiado con el estilo humorístico, es algo demasiado cercano.
Sembrar la cizaña, romper amistades... ¿no va de eso buena parte de la vida? Uno intenta reconstruir pasados que nunca volverán, establecer puentes para fosos imaginarios.
Abraracurcix grita sobre el escudo, bajo él también se gritan los porteadores. Julio César con Bruto, Panorámix con Edadepiedrix, los romanos que custodiaban al sembrador de cizaña... curiosamente el nombre de este nunca se me quedó. El personaje eran tan asqueroso... como un pescado muerto, aceitoso, que no sé si inconscientemente me desprendo de cualquier recuerdo que tenga que tocarle a él, especialmente el nombre.
En aquel cumpleaños recuerdo el presente y la terraza de arriba y nuestro cuarto. ¿Tenía un nombre la terraza de arriba? Pienso que sí, así lo siento, pero no logro recordarlo. ¿Me lo regaló Enrique Amigó? ¿Fue el primer regalo que nos hizo, la primera entrada a la casa? Eso me pondría en torno a los diez años.
Cuando tenía nueve, estábamos en el cuarto... el cuarto marinero, nuestro cuarto. Era un sábado por la mañana, recién nos estábamos levantando. Papá y Mamá llegaron. „Queremos hablar con vosotros sobre algo“, dijeron. Yo, cuando noté el rostro de mamá o los dos rostros, comencé a llorar. Y todavía no habían dicho nada. ¿lloré o quise llorar? „Vuestra madre y yo no vamos a seguir viviendo juntos. Tenéis que decidir con quién queréis quedaros“. Esa fue la idea.
Y más adelante, llegando a la casa y abriendo la puerta de la entrada, aquella conversación que tuvimos los hermanos:
- ¿y tú a quién quieres más? ¿y con quién vamos a ir?

Hermanos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario