20.44, a la vuelta
A la vuelta de un fin de semana... excesivo. Como un cerdo revolcándose en la porquería, así dejé que mi imaginaciónn , mi tiempo, mi voluntad... se rindiera ante la serie de los vámpiros.
El hueso lo perdí.
La tibia luz se inunda por el salón; mateja le lee a km un cuento de ratones. He tocado un poco el piano, y de repente me encuentro cerca de esa paz engañosa con la que quiero abandonar el frente de batalla.
Habíamos pasado por un pueblo y allí todo quedaba lejos del frente.Me metí en un cuarto oscuro y me dediqué a beber cerveza mala con sabor a pis, pero era un descanso aparente porque ya ni siquiera oía las bombas que caían. Me había larrgado y no había superior que me mandara a fusilar. El castigo era mucho peor: por el hueco en la línea de combate, por el hueco que YO había dejado, se habían colado los enemigos y estaban masacrando a los míos, a todos los tomi. Por cada minuto perdido caía uno. Y lo peor era esa sensación de no avanzar, de ir para atrás, porque el campo perdido costará el doble reconquistarlo. La tierra se retuerce de dolor
«¿Por qué me dejaste sola?
¿Dónde quedaron tus promesas?»
Metido en un bar de mala muerte, escondido de cualquier batalla y bebiendo una cerveza mala, no disfrutando de nada: la soledad me recuerda mi cobardía, y aún así no tengo el ánimo suficiente para cortar, para decidirme a volver al frente.
Pero hoy es lunes por la noche, y como un recuerdo fugaz me llega el aroma del frente que dejé en manos de los enemigos.
Ya no volveré a conquistar aquella tierra. Solo los idiotas creen que las cosas se pueden reparar de alguna forma; no hay arrepentimiento que cambie el hecho de que hay vida que, aún tocándote vivirla, decidiste no hacerlo. Esa vida pasó, esa experiencia y esa oportunidad. Queda internarse en el campo enemigo, sí, pero ya no por el mismo lugar sino buscando otra guerra, otro frente, otros pueblos que conquistar. Lo úinico que se parecen son las cobardías y las deserciones. Esas son patéticamente similares: la misma cerveza negra con sabor a pis, la misma cobardía diciendo:
¿Y para qué vas a ir a la guerra? ¿Qué más te da si tus compañeros mueren? ¿Y qué más da si no eres quien debes ser sino otro?
Y tienen razón esas voces, solo que incluso para desertar con sentido debo luchar. Pero la otra deserción, el dejarse llevar por esa marea de sopa tibia en un día de invierno... no, esa no.
Corrijamos.
A la vuelta de un fin de semana... excesivo. Como un cerdo revolcándose en la porquería, así dejé que mi imaginaciónn , mi tiempo, mi voluntad... se rindiera ante la serie de los vámpiros.
El hueso lo perdí.
La tibia luz se inunda por el salón; mateja le lee a km un cuento de ratones. He tocado un poco el piano, y de repente me encuentro cerca de esa paz engañosa con la que quiero abandonar el frente de batalla.
Habíamos pasado por un pueblo y allí todo quedaba lejos del frente.Me metí en un cuarto oscuro y me dediqué a beber cerveza mala con sabor a pis, pero era un descanso aparente porque ya ni siquiera oía las bombas que caían. Me había larrgado y no había superior que me mandara a fusilar. El castigo era mucho peor: por el hueco en la línea de combate, por el hueco que YO había dejado, se habían colado los enemigos y estaban masacrando a los míos, a todos los tomi. Por cada minuto perdido caía uno. Y lo peor era esa sensación de no avanzar, de ir para atrás, porque el campo perdido costará el doble reconquistarlo. La tierra se retuerce de dolor
«¿Por qué me dejaste sola?
¿Dónde quedaron tus promesas?»
Metido en un bar de mala muerte, escondido de cualquier batalla y bebiendo una cerveza mala, no disfrutando de nada: la soledad me recuerda mi cobardía, y aún así no tengo el ánimo suficiente para cortar, para decidirme a volver al frente.
Pero hoy es lunes por la noche, y como un recuerdo fugaz me llega el aroma del frente que dejé en manos de los enemigos.
Ya no volveré a conquistar aquella tierra. Solo los idiotas creen que las cosas se pueden reparar de alguna forma; no hay arrepentimiento que cambie el hecho de que hay vida que, aún tocándote vivirla, decidiste no hacerlo. Esa vida pasó, esa experiencia y esa oportunidad. Queda internarse en el campo enemigo, sí, pero ya no por el mismo lugar sino buscando otra guerra, otro frente, otros pueblos que conquistar. Lo úinico que se parecen son las cobardías y las deserciones. Esas son patéticamente similares: la misma cerveza negra con sabor a pis, la misma cobardía diciendo:
¿Y para qué vas a ir a la guerra? ¿Qué más te da si tus compañeros mueren? ¿Y qué más da si no eres quien debes ser sino otro?
Y tienen razón esas voces, solo que incluso para desertar con sentido debo luchar. Pero la otra deserción, el dejarse llevar por esa marea de sopa tibia en un día de invierno... no, esa no.
Corrijamos.
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