miércoles, 18 de diciembre de 2013

montessori, 9.11-9-26

Pavel quería que viniera antes, pero finalmente no hacía tanta falta: pocos niños. Así que me quedo en la oficina arriba hasta las once.
Ayer fue la gran decepción; yo tenía la esperanza oculta de que fuera un falso negativo. ¡Una semana de retraso! Parecía especialmente posible, probable... y mis esperanzas crecían como granos de arena que, empujados por el viento, no dejan de rodar y volar. Pero yo los quería parar, iba con mi sombrero de palabras y normas de un lado a otro, haciendo lo imposible por contener la marea de los deseos más profundos.
El Papa Francisco me consoló a distancia, el Espíritu Santo me señaló los párrafos de la entrevista que me conmovieron y consolaron: que la vida ha de tener esperanza, que cuando los niños preguntan "por qué" a sus padres no buscan respuestas sino seguridad, compañía...
Del rebote del chasco se me fue el cinismo y la poesía. Ya no me interesa tanto roer el hueso del jardín, ya no vivo tan intensamente mi extraterrerilidad. Todo me parece secundario respecto a lo que fue y a lo que pudo ser. Se lo decía a Panci, "no hay nada a lo que no renunciaría con gusto si...". Pero se nos escapa. Está tan lejos como un milagro, y tan cerca como para intentarlo cada vez.
Sin embargo, debo confesar que la presencia de Klara María amortigua todos los golpes familiares; ningún deseo llega a arrancar la bendición que supone su presencia, sus ojitos y su sonrisita.
Sí, hoy este alienígena se siente como un humano. Como un terrestre.
En la Tierra hay mucha agua, montañas y valles, bosques, desiertos, animales y fieras, insectos, peces y vida, mucha vida. Alrededor del planeta un gran satélite se deja ver pero cambia su forma conforme pasa el mes: a veces desaparece del todo. Y hay un sol de donde emana la luz. Es grande e invisible (es invisible porque nadie puede mirarle fijamente). Todos saben dónde está. Cuando se oculta tras el horizonte, entonces los habitantes del planeta Tierra pueden contemplar la luna y las estrellas. Las estrellas son las mismas desde muchos puntos del espacio, pero desde la Tierra tienen una marca especial, a saber, que están lejos, lejos de un hogar, del hogar. Pero que brillan sobre él como luciérnagas brillando en el tablado de un teatro, actrices de la danza del universo.
Tres minutos, corrijo.
Cinco segundos, dos segundos,
tiempo

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