así se lo digo a km. He puesto el cronómetro a un lado. Tengo intención de, hoy, escribir dos cuentos... o al menos uno.
He visto poco a poco, a lo largo del día y aprovechando la ausencia de Mateja (ten cuidado ahora con las mayúsculas, así no tendrás que corregirlas después)... digo que he visto una película que me ha impresionado mucho, "La gran belleza", centrada en la vida de un artista-intelectual-crítico-frívolo-escritor-enamorado-sensibilísimo hombre en Roma. La película me ha sobrecogido.
Y ayer estuvimos hablando con los abuelos; son las dos personas que me adoptaron en el planeta Tierra, como a Clark Kent; les cuesta entender -ni lo imaginan, aunque algo presienten- que no soy humano, ni siquiera terrestre, tan solo hijo adoptivo. Deben de haber modificado su memoria o acaso mi niñez les confundió. Claro que entonces yo tampoco sabía de mi origen. Otra vez, como Clark Kent.
Jose irá a ver a Panci, a tío Panci, en Argentina, en un gesto que busca amortiguar la soledad que inundará a mi hermano, como un tsunami sutil, diminuto, silencioso y catastrófico, cuando Concha y Juan abandonen las américas. La cosa no pasará de un gesto, pues el cubano ha dejado que las obligaciones musicales con su banda en la isla predominen sobre las sanguíneas, y se volverá a la isla de los Castro sin llegar a una ausencia de más de una semana. Pero, bien mirado, no se le pide más que que eso. Un gesto.
¿Sirven de algo los calmantes? Cuando es uno el que se enfrenta a sus propias decisiones hay algo perverso en el hecho de acomodar el dolor. ¿Tú lo has cocinado? Ahora toca comérselo.
El Tomi sensiblero está escandalizado ante esta crítica ante el comportamiento de Panci. Ese es el Tomi que, haciéndolo un pitufo que no aporta nada al mundo, podemos barrer o entregarlo a las fauces de Azraquiel o como se llamara aquel minino.
En realidad, esta historia Argentina parece un gran desacierto. Yo soy un gran facedor, como diría Alonso Quijano, de desaciertos, así que no criticaré el ajeno pero no lo negaré. Los dos se han unido por un desacierto fortuito y aún no saben muy bien en qué se han metido (¿y quién lo sabe cuando se casa?) así que toca buscar el equilibrio y arriesgarse a la ruptura. El hecho de que Juan ande por ahí metido es sal sobre la herida.
Corrijamos.
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