viernes, 13 de diciembre de 2013

Algo nuevo

Pretendo tener mi dosis diaria en el trabajo. He pasado dos días acatarrado y hoy, en la guardería, hay pocos niños. Los durmientes duermen y los otros limpian y leen.
En el recuerdo y la conciencia, dos letreros luminosos:
- Que ahor tendré menos encargos para Druzina
- Que estoy teniendo un rico intercambio con Edu. Hablamos de Dios y de la Iglesia. Y sus palabras, su distancia, me recuerdan lo cálida que es la compañía de Dios.
Cálida. Hace falta pasar frío para saber lo que esa palabra significa.
Cálida en la soledad de París. La bici se rompió subiendo al Sacre-Coeur. No parecía haber futuro.
Y Marte no vino aquel Domingo; que agrio fue el consuelo de Carol.
Una vieja mendiga vive rodeada de basura.
- La hemos intentado echar, pero no hay manera -me contaba la policía- siempre vuelve con sus basuras.
Y entonces el amor existe. ¡Qué milagro tan extraño!
Los niños juegan
"Despacio, Teodor", le hago señas con la mano.
...
Cuando miro estas manchas azules y el bolígrafo que, torpemente, dibuja grafías sobre el papel... me duele la mano, pero estos son gestos conocidos, antiguos.
Vividos.
Diez minutos. Dejaré dos para pasar esto al blog. Y escanearlo. Estas letras están tan vivas como la mano y el dedo que las señala.
Esto de escribir no es más que señala al papel y, ¡plop!, van surgiendo las palabras, las ideas.
Como por ensalmo.
12:40

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