martes, 31 de diciembre de 2013

el día de los necios

El hecho de que las administraciones y estados dediquen sus esfuerzos para festejar el último día del año, demuestra hasta qué punto este es un mundo de necios. El año no se despide ni se cuenta, de la misma forma que no se cuenta la hierba muerta ni la que reverdece en primavera. Pero hay más: el hecho de celebrarlo esconde algo perverso. No sé el qué, pero así es su aroma.
Y otra cosa, inquisidor: ¿cómo se les ha ocurrido llamar a unos bombones "Mozart"? Y conste que no es mi compositor favorito, pero me parece una desvergüenza que hayan elegido ese nombre y no "Haydin" o "Bach" o incluso "Vivaldi". ¿No debería haber una ley que protegiera el nombre de los grandes de la humanidad contra la rapiña del capitalismo?
Pero hombre, ponte en el lugar de que quieres crear una marca que vender para dar de comer a tu familia: ¿no elegirías el mejor nombre, a pesar de poder remover con él los huesos de los muertos? ¿Y qué más da profanar a los muertos?
Quítate el gorro de inquisidor y ponte el de sarcástico o cínico. Como no estás al tanto con ninguno de los dos significados, puedes utilizar los dos en aras de la mediocridad, esperando que encajen en tu pensamiento. ¡Con calzador!
¿Qué más da profanar huesos que se toman por sagrados? Solo hay una cosa sagrada en la vida, y esa es el sudor de la vida. Algo muy sucio pero con esa belleza con la que Tolstoi supo describirlo. Todo el resto de cosas que salen de ahí pueden ser despreciables: ¿sentimientos? ¿nacimientos, muertes? ¿pasiones? ¿proyectos? No, no, solo el sudor nos lleva a desenterrar el hueso.
¿Y saberse no-terrestre, también proviene del sudor? No, camarada, eso es un misterio que viene de los sueños que se ocultan durante el día y que solo salen a pasear durante la noche.

Eduardo el rubio y tú dormisteis en Mendez Núñez en la noche de carnavales. Ibas disfrazado de rico, con billetes de cinco mil pesetas sobresaliendo por todas partes. Don Manuel te había ayudado a fotocopiarlos en el despacho de mamá, en los edificios múltiples.
Don Manuel ya murió.
Y en el sueño de aquella noche de carnavales te enfrentaste -a tus ojos, heroicamente- con... y aquella se fue.
Trece minutos, a corregir.

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