Un clavo torcido se había colado entre las teclas; Klara María me lo puso allí ayer o antes-de-ayer. Es el mismo clavo con el que colgué en el cuarto el reloj de cenicienta, el mismo que tuve que bajar y quitar la pila cuando yo dormí en la cama de la pequeña, en un intento porque Mateja pudiera descansar.
Suena el concierto de Max Bruch para violín. Subo el volumen.
Relojes, cronómetros, ritmos exactos... son para mí auténticas ayudas para definir mi tiempo y saber en qué lo pierdo y en qué lo gano. Hoy estuve viendo en ebay para comprar un cronómetro con el que contar el tiempo que gasto dibujando. "Cuatro horas, más o menos", decía que dibujaba uno de los alumnos de Matt que tiene un cuaderno de bocetos increíble.
Pues a eso voy. Ya basta de vaguear y excusarme bajo el cartel de "artista trabajando". ¡Suda! Y para lograrlo me hace falta un cronómetro con el que ir midiéndome. ¿Cuál será la media a la que podré aspirar? ¿3 horas diarias? Creo que es posible.
Mateja se sorprendió en su día de que me tuviera tan a rajatabla con las horas, pero es que Tomi no conoce justo medio. Y, puestos a elegir, vale más pasarse de rígido y cabeza-cuadrada que de gandul y caótico.
Hoy estoy en uno de esos humores suaves que quisiera saber definir para evitarlos, porque me parece que no me ayudan demasiado. ¿Tomi el conformista? Mira qué contento estás contigo mismo, ¿eh, campeón?, que las cosas parece que salen poco a poco con solo un pelín de esfuerzo.
Idiota.
Klara María pensaba que la palabra "idiota" era la que definía "panetone", el mismo que nos hemos despachado hoy mientras Mateja continúa en Barka.
Con esta dosis me centraré otra vez en el trabajo que me queda por hacer. Estoy dibujando el Resucitado para sidarta. Creo que sus manos me darán problema, eso me asusta.
¿Tienes miedo, pequeñín?
Me encanta cómo está quedando el tronco del árbol de DTO, retorcido y con mucho carácter.
Al final no sé si me compraré el cronómetro. Lo importante es que vaya guardando un registro de cada día para sacar tiempo real de trabajo.
- ¿Qué vas a hacer?
Me pregunta Klara María, que ha pasado por aquí.
Quedan todavía unos minutos; iremos a buscar a Mateja a Barka, donde está sufriendo la rigidez militar de... no recuerdo el nombre... y tampoco sé si es exacto (iba a decir "justo", ¡qué idiota!)... bah, da igual.
La música está en su crescendo final. Los minutos avanzan sin prisa pero sin pausa, los segundos corren, los milisegundos vuelan...
13 minutos, correjimos.
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