sábado, 11 de enero de 2014

sábado nubloso

Llevo unos días traicionando este blog por el de los cuentos, y hoy tendría que haber caído en lo mismo si no fuera por mi estado de ánimo. Tras la charla semanal con Mateja, encuentro todo algo deprimente. Si alguna vez llego a alguna parte en el arte de escribir o de pintar, he de recordar que Mateja no me lo puso fácil. No diré que no me ha ayudado, aunque ciertamente no sé precisar muy bien cómo.
(demonios, hasta tuve que enseñarle que animar a alguien no significa hablar con él, o escucharle, sino primeramente darle unas palmaditas en el hombro y decir "todo va a ir bien". Es como si me hubiera casado con un robot).
Siento que hay mucha injusticia en las palabras que he escrito, pero no creo que deba borrarlas, si acaso soy injusto, así soy, así de desagradable.
Ahora no quiero ni siquiera ir a la cama ni pasar tiempo con ella. En mi desazón solo encuentro en ella un foco de negatividad, un vórtice que me lleva a las cosas de las que no quiero preocuparme porque, la verdad, son preocupaciones terrestres que no me toca llevar. Hoy le dije, y al decirlo me liberé, que el asunto de la casa, de renovar la casa o de tener un nido final, ya no me mueve. La acompañaré en todas sus decisiones, pero sus constantes cortapisas para cualquier idea han hecho mella en mí; al expresar esa realidad interior me sentí liberado. ¿Para qué quiero tener una casa diferente? Ahora tenemos un techo y sitio donde dormir, calefacción, electricidad, internet... un sitio donde vivir y esperar la muerte. En lo tanto toca trabajar. ¿Poseer una casa? ¿Qué significa poseer, a quién le interesa? Si no conseguimos ser felices en esta casa, no habrá felicidad en ninguna otra. Es más, el estrés de meternos en algo más grande de lo que somos capaces de abarcar acarreará más miserias que alegrías. ¿Para que comprometerse con un banco y pagarle unos miles que ...? Recuerda a la servidumbre medieval. Y aquella tampoco estaba mal, pero ¿para qué meterse en la boca del lobo?
Harto, bien harto, assez, dovol, enough... si alguna vez llego a algo, no sé a quién podré agradecérselo, sé que estoy en deuda con muchos pero no lo siento así. Incluso me he convertido en un desagradecido con el buen Dios; el enfado y la hartura por no tener hijos y por este matrimonio de alambradas... no, en realidad es mi falta de constancia, mi falta de oración que me llevan a ese estar lejos del buen Jesús. El es el único que lee estas letras.
Mírame, Señor.
El gran torpe.
A tus pies...

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