Hoy es el primer día de trabajo tras las vacaciones de Navidad. ¡Y aún no han sido los Reyes Magos! Imagino que mi cumpleaños caerá en fin de semana, para blabla, blabla, blabla...
Animal, utilizas la dosis para blablaear, blableando en pensamientos, blableas sentimientos, blablefones sean mis ideas.
Ayer tuve el encontronazo con los jefes a propósito del horario. Pero lo que marca mi subconsciente no es tanto esto, sino la percepción que he tenido de los problemas de los otros. Y, en el fondo, ¿qué me importan? Menosprecio sus problemas cuando pienso en lo que me toca a mí cargar. Pero eso no es lo que muestro: "¿estás bien?", "¡ánimo!". Y creo en esa caridad forzada, pero me recuerdo con estas letras que eso, algo forzado, que mis sentimientos están lejos de ser tan cariñosos. La mayoría de las ocasiones actúo por reflejo, en una especie de respuesta automática a la imagen que doy. Pero por dentro estoy ardiendo. Y frío, congelado, en lo que se refiere a la problemática de otras vidas. Bastante tengo con la mía.
Felicitar el nuevo año es una costra más de esa herida que nunca cura: la de las convenciones sociales sin sentido, la de responder "comme il faut", tal y como describía Tolstoi en aquel capítulo de su infancia. "Comme il faut", así había que comportarse. ¡Qué forma tan exquisita de definir toda la ristra de estados de ánimo que acompañan a la exigencia "comme il faut"!.
...como me gusta exagerar y sentir que mi razón es más aguda de lo que en realidad ES, ahora me imaginaba que el genio de Tolstoi era el de ser un poeta de la prosa: sus situaciones, sus frases largas, sus personajes cotidianos, tienen un sentido profundo pero nada trascendental.
Pero no, esto no es más que la frase del Tomi intelectualoide, aquel que siempre se quedó con ganas de superar a la media y de entrar por pleno derecho en la clase intelectual.
¡Puah, asco! Escupe, ¡escúpelo! Clases, diferencias, rangos, perfume apestoso que, como un sudor afectado, extraño y alienígena, cubre la piel de la conciencia. ¡Guerra al perfume! ¡Muerte a las clases! O, al menos, asesinarla, diariamente y sin piedad por medio de esta dosis. Rebanarle el pescuezo. Violarla frente al altar de su boda. Escupir en su comida. Cagarse en sus zapatos de cristal.
"Sonríe para la foto", ese es un buen resumen de la vida diaria a la que esta dosis intenta sustraerme.
Corregimos.
Cheeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeese
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