miércoles, 8 de enero de 2014

los zapatos del elefante I

- Me aprietan los zapatos -le contó el elefante al ratón -Además, están muy viejos ya. Mira como tengo este roto.
- Es verdad -contestó el ratón, viendo un tremendo agujero en el gran zapato que el elefante le ponía delante.
El ratón tenía estima al elefante:
- Te voy a recomendar a mi zapatero. No queda lejos de aquí, y tú llegarás enseguida con esas patas tan grandotas que tienes.
- También me gustaría tener un adorno para mi cola. ¿No crees que le falta como vitalidad?
El ratón creía que le faltaba algo más que vitalidad, pero no contestó enseguida. Para los ratones la cola es una parte inseparable de su cuerpo, tan importante como pueda ser un diente para masticar o el pelo para abrigarse cuando hace frío. La cola de los elefantes, en cambio, les parece a los ratones algo impuesto, una especie de capricho de la naturaleza sin mucho sentido ni servicio, como no fuera para espantar moscas.
"Tu cola es una gran espanta-moscas", pensó el ratón, pero no dijo nada. En lugar de eso cambió de tema:
- Este zapatero te va a encantar. Es un negocio familiar y los ratones hace generaciones que lo conocemos.
El elefante no olvidó lo de la cola, pero entendió que su amiguito no quería profundizar en el tema y, como era un animal muy prudente, no insistió:
- Realmente me hacen falta zapatos nuevos -dijo
El ratón le indicó como llegar al zapatero. El elefante caminó hacia allá sin demasiada prisa, pero aún así llegó rapidísimo. ¡Tenía unas patas tan grandes!
El zapatero era un topo con unas gafas enormes. No vio al elefante, sino que de repente sintió una sombre inmensa sobre él.
- Parece que hoy va a llover -se dijo, calándose mejor las gafas en su hocico.
El elefante pensó en carraspear, pero no quería asustar al topo ni hacerle creer que se avecinaba una tormenta. Así que hizo sonar un poquito su trompa, suavemente, como si fuera una flautilla (o así se lo pareció a él).
- ¡Válgame Dios! -exclamó el topo - ¿Pero quién anda ahí?
El topo veía muy mal, como todos los topos. Pero era un gran zapatero.
- Hola, señor zapatero. Me ha recomendado mi  amigo el ratón que venga para acá. Se trata de mis zapatos.
- Ajá, es usted, señor elefante. Muchas veces le he visto ir de un lado a otro y me he dicho, ¿pero dónde va siempre viajando? ¿qué prisa tiene?
El elefante le miró en silencio, esperando.
- Y el otro día justo se lo decía a mi señora. ¡Cariño! -gritó de repente, dirigiéndose al interior de la tienda- ¡Cariño mira quién ha venido a vernos!
La señora topo salió a toda prisa de la tienda, pero no veía mucho mejor que el topo así que, aunque el elefante estuviera pacientemente delante de ella, no lo veía.
- ¿Va a llover? -preguntó, a la sombra del elefante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario