miércoles, 22 de enero de 2014

toallas de colores

Tan pronto como dejaron las toallas en la mesa, estas se sintieron incómodas. Había toallas de todos los colores, pero todas tenían el mismo tamaño: azules, naranjas, violetas, verdes, rosas, amarillas... venían de una tienda muy seria y por eso ninguna tenía más motivo que el del propio color.
Entre las toallas había una que no tenía etiqueta. Era algo de lo que se avorganzaba mucho.
- ¿Qué tal está mi etiqueta? -preguntó una toalla rosa a otra amarilla -Anoche me colocaron mal y hoy creo que tiene un extraño doblado.
La otra toalla le respondió con tono dulce y luego se volvió hacia la toalla verde, que era la que no tenía etiqueta:
- ¿Y cómo va tu etiqueta hoy? -preguntó con hipócrito interés. En realidad, sospechaba que la verde no tenía etiqueta, pues nunca hablaba de ella y apenas intervenía en las conversaciones.
Sobre la mesa había también un pisapapeles con forma de calabaza. En realidad, se trataba de una piedra tallada y pintada para que pareciera una calabaza. El señor pisapapeles-calabaza ya se había fijado muchas veces en las toallas que colocaban sobre la mesa y, como estaba en edad de casarse y era un pisapapeles valeroso y honrado, decidió que alguna de aquellas podría ser su esposa.
- Me preguntaba ... -comenzó a decir.
Pero las toallas no le dejaron continuar. Con risitas tontas y murmullos comenzaron a azorarse. Las que estaban más abajo, sintieron sofoco. Y las de más arriba, escalofríos. Tan solo una toalla no participó del arrobo general: la toallita verde sin etiqueta.
El señor calabaza-pisapapeles, que era muy observador, se dio cuenta de su silencio y, dirigiéndose a ella, le preguntó:
- ¿Querría usted ver conmigo las estrellas esta noche?
Las otras toallas se quedaron pasmadas y se pusieron a gritar y protestar por la osadía del señor calabaza-pisapapeles.
Pero la toalla verde se sintió contenta, solo que le dio mucha vergüenza contestar y por eso dijo "sí" tan bajito que nadie la oyó, ni siquera el señor calabaza-pisapapeles. Pero de la vergüenza se le subió el color rojo, que junto con el verde suyo natural resultó en un gris malicento.
Cuando llegaron a recoger las toallas, vieron que allí había una gris donde todas eran de colores. Además, no tenía etiqueta:
- ¿Quién ha metido este trapo aquí? -preguntó la sirvienta.
Y con un gesto rápido separó la toalla de las demás y la tiró sobre la mesa. Así fue como cayó sobre el señor calabaza-pisapapeles.
Podeís imaginaros qué contento se puso.
Y esa noche, cuando ya todos dormían, la antigua toalla verde escuchó como el señor calabaza-pisapapeles le decía los nombres de las constelaciones que se veían por la ventana.
Y le gustó ser un trapo gris sin etiqueta.

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