lunes, 13 de enero de 2014

los zapatos del elefante V

- ... hacer como si lo viera, levantando la mirada hacia el pájaro.
- Yo le llevaré hasta allá -dijo el aguilucho, nervioso.
El elefante le miró con desconfianza. Una vez había visitado la tierra de los monos, y confiaba más en su memoria que en el pajarraco.
- Es muy buena idea, sin duda -dijo el ratoncito.
- Lo mejor es que salgan cuanto antes para allá -dijo la señora topo, impaciente por ir a ver cómo marchaba su pastel. Si se iban, no tendría que preocuparse más por las visitas.
Así que, finalmente, el elefante no dijo lo que pensaba y se dejó guiar por el aguilucho.
- Es por allá, yo muchas veces paso por encima. ¡A veces lo sobrevuelo rapidísimo! Pero no te preocupes que no me adelantaré demasiado e iré a tu paso -le dijo el elefante
Este no respondió nada. La tierra volvía a entrarle por los agujeros de los zapatos, y por un momento le llegó un pensamiento: "¿y si me acostumbrara a caminar sin zapatos?". Le hubiera gustado seguir con aquella idea, pero el parloteo del ave no le dejaba concentrarse.
- Claro que son unas criaturas bastas y escandalosas, de lo más bajo que uno puede encontrarse en la vida animal, si usted me entiende -decía en aquel momento el aguilucho, esforzándose por no alejarse demasiado del elefante. Por un momento se le ocurrió posarse en el lomo del inmenso animal, pero desechó la idea como poco digna.
"¿Quién ha visto a un águila cabalgando sobre un elefante?", se dijo.
El elefante también temía lo mismo y pensaba. "Como se me ponga encima, me pondré nervioso y le acabaré dando un trompazo. ¿Quién ha visto nunca un elefante llevando semejante adefesio encima? Y seguro que aún pierde plumas y me dejaría el lomo perdido de arañazos y plumas. ¡Espero que no se le ocurra!"

Los monos vivían en un bosquecillo cercano. Se trataba de macacos prontos a la broma y codiciosos para los negocios. El topo, en realidad, no quería acercarse al lugar para no ser víctima de sus estafas, pues enseguida liaban a los compradores y hacían que uno dijera "me llevaré siete" en vez de los tres que necesitaba. Cuando se acercaban, uno de los monos se llegó hasta ellos:
- ¡Pero qué agradable sorpresa! -exclamó moviendo la cola con placer -El señor elefante por estas tierras, ¡nunca tenemos el placer de verle! Y creáme que nos quedamos con ganas de su compañía.
- Tiene necesidad de cuero para un sombrero nuevo -dijo el aguilucho, que ya había olvidado bastante.
El señor elefante lo miró con enfado, pero el mono ni se volvió hacia el ave:
- Cualquier cosa que necesite, señor elefante, haremos lo posible por encontrársela.
- Yo no llevo sombrero -sentenció el señor elefante.
De un rápido salto el mono se encaramó...

No hay comentarios:

Publicar un comentario