sábado, 5 de abril de 2014

la reunion de los malos

- Todos sabéis por qué nos hemos reunido - dijo el lobo gris
- ¡Sí, ya estamos hartos! -chillaron las hienas
Los enanos se asustaron. Ellos hacían las veces de anfitriones y eran los que habían conseguido un lugar apartado y accesible para todas las bestias que allí estaban reunidas.
Se trataba de una península perdida en Escocia. Cuando había marea alta, se transformaba en una isla. No había hombres que la visitaran y eso la convertía en el mejor lugar. Desde el mar se oyeron las voces de los tiburones:
- ¡Y solo porque comemos carne! Ellos también lo hacen
- Y mucho más que nosotros, me gustaría añadir -dijo un buitre que había venido volando desde muy lejos.
Un enano se levantó y repitió las reglas:
- Os recuerdo que para hablar hay que pedir la banderita roja -y al decir esto agitó un trapito de color que tenía en la mano.
Hasta el momento nadie había solicitado la bandera, pero todos tenían prisa por hablar.
- Para los que han llegado tarde, les recordaré el motivo de la reunión -añadió, mirando en especial a un grupo de cuervos negros y ruidosos que tenían ojos enrojecidos.
Iba a continuar hablando cuando su vista se quedó perdida en un pequeño insecto que le arrebató el trapo rojo.
- ¡No, no, señor escorpión, así no se hace! -le reprendió, recuperando la prenda -cuando yo acabe de hablar, será su turno. Pero no antes.
El escorpión se apartó con aspecto malhumorado. Los que le conocían, reconocieron el tintineo de su peligrosa cola como señal de su enfado.
- Sssssí, yo también quiero hablarssss -dijo una de las serpientes cobra que había venido
- Todos estáis aquí porque no aguantáis más el papel de malos que los humanos os han dado. -continuó el enano. Mi propia especie se ha visto en esa situación, pero por mucho que lo hemos intentado no hemos podido convencerles de lo contrario.
- ¿Acaso es un crimen que nos guste la carne? -clamó un lobo
El resto comenzó a aullar
- ¿Y por qué no hay aquí ninguno de los felinos? -preguntó un murciélago vampiro
- A los humanos les gusta la belleza de los felinos -dijo el enano
- ¿Significa eso que nos toman por feos? -preguntó entonces una piraña, sacando la cabeza del agua
Aquella pregunta alteró a todos, que se pusieron a gritar.
El enano jefe pidió silencio una vez más. El trapo rojo lo tenía uno al que pocos esperaban allí. Era una gran orca. Y dijo lo siguiente:
- Hermanos, yo hasta hace poco era visto como una agradable curiosidad. No inspiraba tanta simpatía como los delfines, pero me respetaban.
Luego añadió con voz triste:
- Eso acabó. Ahora creen que soy grande y peligroso. Pero yo no he cambiado. Son ellos los que cambian, hermanos. El hombre le da a cada uno de sus monstruos interiores el rostro de un animal. Y cada vez tiene más monstruos que afrontar, por eso cada vez somos más los animales criminalizados por él.
- ¿Y qué solución nos queda? -dijo un gran tiburón blanco.
- ¿Solución? La vida no contiene soluciones. Solo tiempo y muerte. Y en ese mundo los humanos también son nuestros hermanos.
Y ya nadie dijo nada más. Cada uno se volvió a su cueva, mar, madriguera, cielo, nido o río.

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