domingo, 6 de abril de 2014

la fiesta del topo

El hijo del señor topo había invitado a todos sus amiguetes para una fiesta en la madriguera. Cuando el señor topo volvió con su esposa la señora topa de ver las estrellas y hablar de los viejos tiempos, los invitados aún seguían ahí. De hecho, la fiesta estaba en su máximo apogeo y aún llegaba gente cuando se esforzaban por entrar los dueños de la casa.
- Esos no han hecho cola, ¡oiga! -les gritó un conejo desde la puerta
Los pobres topos estaban horrorizados. Apenas distinguían nada en su propio hogar; habían traído luces con las que desalojar la oscuridad de los rincones más apreciados por la familia de topos. Y ahora todo brillaba y olía a orina, sudor y gente. Un grupo de ardillas cantaba en un pequeño hueco, y sus agudas voces se filtraban por todos los agujeros de la madriguera.
- Esto es una pesadilla, una pesadilla... -decía el señor topo.
Su señora no decía nada. Su vista era aún peor que la de su marido y solo se aferraba a su brazo. Se sentía desvanecer, pero nunca acababa de desmayarse.
- Una pesadilla ... -murmuraba el señor topo cuando su hijo se dio de bruces contra él.
- ¿Papá, eres tú? ¿Ya estáis de vuelta? -dijo, sintiendo la presencia y la ira de su padre, pues él tampoco podía orientarse bien con todas aquellas luces.
- Oye, ¿dónde puedo conseguir unas bebidas? -se interpuso de repente entre ellos un joven erizo
- Eh, tú, no pinches, erizo -le gritó un hurón
El padre agarró a su hijo por el brazo. Apenas le salían las palabras de la boca. Sentía que le daba una apoplejía.
- Termina esto. Ahora.
Su hijo comenzó a lloriquear.
- No sé que ha pasado, papá, de verdad. No conozco ni a la mitad de los que han venido.
- ¿Dónde decías que podía conseguir algo para beber? -insistió el erizo con un vaso vacío en la mano
- Ahora. Ter-mí-na-lo. - sentenció el padre al hijo
- Si quieres terminar la fiesta, yo sé cómo hacerlo -dijo el erizo, metiéndose en la conversación. Pero espero que después me deis algo de beber.
Antes de que el señor topo pudiera decir nada, su hijo suplicó al desconocido:
- ¡Sí, por favor, haz que todos se marchen y te daré toda la bebida que quieras! ¡Pero que se marchen ya!
Entonces el erizo, tras mirar con cierta compasión a la familia, comenzó a gritar:
- ¡¡Fuego!! ¡Fuego en la madriguera! ¡Socorro, me ahogo, me falta aire!
Dicho y hecho. Rápidamente se extendió la voz y ya eran muchos los que sentían que les faltaba aire. Todos corrieron hacia las salidas de la madriguera. Los conejos crearon rápidamente otra salida. Y a la señora topo la pisotearon cientos de pies desesperados por salir.
Aún confundidos por la avalancha de animales que les había pasado por encima, sintieron que el pequeño topo les ayudaba a ponerse en pie.
- Bueno, yo ya he cumplido mi parte. ¿Qué hay de esa bebida?
- Esto es una pesadilla, una pesadilla -volvió a murmurar el padre
Pero ya la señora topo se sentía mejor. Rápidamente comenzó a apagar todas las lámparas que habían dejado por el camino. Luego cerró los nuevos agujeros que habían creado y puso un montón de piedras en la entrada principal, de forma que solo un pequeño topo podía circular por allí.
El erizo recibió su bebida y luego se fue. Toda la familia de topos le mostró un agradecimiento profundo, que caso de haber sabido que el erizo era responsable de muchas de las invitaciones a la fiesta, su agradecimiento habría sido algo menor.
- ¿Estás enfadado conmigo, papá? -preguntó antes de acostarse el pequeño topo a su padre.
Y este, que un minuto antes hubiera gritado a su hijo y le hubiera expulsado de la madriguera para siempre, ahora lo pensó mejor.
- Tú tienes tu lección, nosotros la nuestra. Confiaré en que la has aprendido. Y tu cuidarás para que yo almacene la paciencia como un avaro almacena sus tesoros. Estamos enlazados en esta vida. Eso no cambiará nunca.
Y el pequeño se durmió con una sonrisa en sus labios. Y el padre también se fue a la cama en paz. Tan solo la señora topo no pudo pegar ojo:
- ¿Y si viene algún despistado buscando la fiesta? ¿Será la entrada lo suficientemente estrecha?
Y toda la noche se preguntó lo mismo

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