viernes, 25 de abril de 2014

Ratoncito aprender a tocar el piano

- ¡hoy es mi primer día de clase! Estoy nervioso y emocionado. ¡Qué ganas!
- ¿Y no tienes miedo? -le preguntó su madre
- ¿Miedo? ¿De qué? -respondió el ratoncito
Mamá ratona no dijo nada más. Estaban ante la puerta del profesor de piano y aquel era su primer día. La mamá toco el timbre y, en lo que esperaban a que les abrieran la puerta, comenzó a decir:
- Si quieres ser un día tan bueno como tu tío Paco, lo más importante no es que tengas buen oído, ni que te guste mucho el piano, ni que haya gente que quiera escucharte. No, lo más importante es...
En aquel momento se abrió la puerta. Por allí salió la barba del viejo señor hurón, el profesor de piano de todos los niños del barrio.
- Constancia y trabajo, esa son las dos claves para tener éxito -completó el viejo la frase de mamá ratón, a quien había oído a través de la mosquitera que hacía de puerta.
A decir verdad, al ratoncito no le hacía mucha gracia que tuvieran que dar clase con aquel anciano. Pero no había otra: su mamá no había querido buscar otro profesor que aquel que le inspiraba más confianza. Pero mamá no entendía: cuando habían vuelto del concierto de piano de su tío Paco, ratoncito tuvo claro a qué quería dedicar el resto de su vida: sería pianista. ¡Cuánta pasión desbordaban los dedos de su tío! Toda la sala pareció quedarse pequeña ante la inmensidad de la música. hubo momentos en los que ratoncito sintió que las lágrimas se le amontonaban en los ojos. Pero, ¿qué podía saber de eso su madre o, aún peor, aquel viejo profesor de piano que tenía que apoyarse en un bastón para andar? ¿qué pasión podía inspirar un anciano?
- Lo primero es aprender a hacer escalas. Las escalas te enseñarán las dos mejores virtudes de un pianista, ¿sabes cuáles son? Te daré una pista: las has oído hace menos de un minuto -le dijo el profesor cuando el ratoncito se acomodó frente al piano.
- ¿Constancia y trabajo? -preguntó el ratoncito con duda
- ¡eso es! Me alegro de que lo recuerdes. Ahora vamos con esas escalas. Mira como has de poner los dedos.
En la casa todo olía a viejo: los muebles gastados, las paredes empapeladas con el estilo de moda cincuenta años atrás, el suelo de madera gastado, las alfombras desteñidas... y un olor a alcánfor viejo que impregnaba todo lo que entraba en la casa. El profesor parecía emanar aquel olor.
El ratoncito se sintió estafado. ¡Él, que quería volar por las alturas del arte, obligado a comenzar de una forma tan baja, tan ... mundana!
Entonces sonó el teléfono. el profesor descolgó en el pasillo.
- Sí, ¿eres tú? me alegro de que llames para acordate de tu viejo profesor. ¿Y sabes quién ha venido hoy? Sí, ¿y por eso llamas? Espera que te lo paso.
Le dio el inalámbrica al ratoncito, que no imaginaba quién podía querer hablar con él en aquel lugar.
- ¿Ratoncito? soy yo, tú tío Paco -sonó por el auricular. Solo quería animarte en tu primer día de clase con quien fue mi profesor y me dio el mejor consejo que nunca me han dado. ¿sabes cuál?
- Constancia y trabajo -dijo entonces el ratoncito, sintiendo que bajo aquellas palabras se escondía toda la magnificencia del arte.
Su vida cambió en aquel instante.

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