jueves, 2 de octubre de 2014

las manos del músico

El concierto había sido de sus mejores. O tal vez el mejor. Lo titularía "concierto para cigarra y orquesta en re mayor", y estaría a la par con los grandes conciertos de Teetoden, Kaisoski y Tententon, tres de los grandes en el mundo de las cigarras.
Pero le dolían las manos. Con cada concierto le dolían más y más. Tenía que ir al doctor, pero no se atrevía. ¿Y si le decía que no podía tocar más? ¿Y si era de todos conocido que él, el gran cigarra Formitura Méndez, sufría un dolor en las manos?
Lo importante era llegar a casa cuanto antes.
Se vistió su gabán de noche y salió a la calle.
- ¿Le pido un taxi, señor?
Ni siquiera contestó, sino que movió con desdén una de sus manos y se marchó por la calle oscura.
- ¡Un concierto magnífico, señor, si me permite la libertad! -oyó que le gritaba el portero desde detrás.
"Dirán que soy un cascarrabias, que a los genios han de aguantarnos. Pero necesito tiempo para pensar"
Se sacó las manos del bolsillo del babán. Es verdad que tenía tres pares de manos y el mal solo le afectaba a las dos que más utilizaba. Pero era preocupante. Se miró bien las pequeñas pinzas, buscando por fuera el fallo que, ay, sentía que se producía en su interior.
- Deme algo, caballero -quien lo decía era una vieja araña que, en una esquina, siempre pedía algún resto de comida. Todos sospechaban que la araña, en su juventud, se había zampado más de una cigarra. Pero aquella no era una raza rencorosa y en la senectud del arácnido le permitían mendigar en sus calles.
Formitura Méndez la miró un instante y luego siguió su camino. Pero se paró en seco cuando la araña dijo:
- La música no da para vivir toda la vida, Formitura.
Y entonces la cigarra se volvió.
- ¿Qué sabrás tú de la música? -espetó a la vieja araña.
Detrás de la araña había una pequeña tela que aquella había forjado en la pared. Sin contestar, la araña pulsó los hilos tirantes y...
- ¡Música! -exclamó Formitura, conmovido.
La araña asintió
- A esto me dedicaba antes. Las cigarras creéis que las arañas somos cazadoras de insectos. Pero no todas, Formitura, no todas.
- ¿Qué te pasó?
- Lo que a ti te comienza a pasar ahora. Lo llaman "el mal de la ambición" y ocurre cuando uno deja de lado la primera inspiración, el amor infantil hacia la música, y lo trastoca por los sueños del futuro. Nosotros los pequeños dependemos mucho de nuestra psique y lo que aqueja aquella baja a nuestros miembros.
- ¿Y no se puede parar? -preguntó Formitura
La araña la miró con pena y dijo
- Sí, pero no querrás pagar ese precio
- Pagaría lo que fuera
- Entonces has de abandonar la creación de la música y convertirte en expectador.
La cigarra la miró horrorizada
- ¡Eso nunca lo haré! Si no creo música, estoy perdido.
Y se fue por el callejón, deprisa y sin mirar atrás. Y no oyó a la araña que murmuraba por lo bajo, mientras la veía irse.
- Sí, estás perdido, Formitura.

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