viernes, 17 de octubre de 2014

el vendedor de suegras

Me llamó la atención el anuncio, por lo que llamé.
- Llamo por el anuncio -me presenté
- No es el primero que lo hace. ¿Cómo la quiere?
No me gustó su tono, pero me hice el boniato y le seguí la corriente:
- Aún no estoy decidido. No sé, una suegra no es algo que uno se compre todos los días.
- Llame cuando lo tenga claro -dijo. Y colgó.
No me habían tratado así de mal en mucho tiempo pero, cosa extraña, no me sentí del todo molesto.
"Tal vez sea masoquista" me dije mientras sacaba de la nevera un tetrabrik de leche desnatada. Y durante todo el día no pude quitarme el anuncio y la llamada de la cabeza. Por eso, a la vuelta de la oficina, volví a llamar.
- Creo que ya estoy decidido -dije, no bien respondió al teléfono.
- ¿Lo cree de verdad? ¿Cree estar decidido? -me dijo la voz con tono burlón
- Sí, lo creo -respondí con vehemencia
- Y si hubiera otra forma de minimizar el riesgo de una decisión, aunque fuera verbalmente, seguro que usted la utilizaría. ¿Me equivoco? -me preguntó
- No sé a qué se refiere. Yo llamo por el anuncio -dije
- ¿Es la primera vez que llama?
- Es la segunda, llamé antes.
- Eso quiere decir que no es la primera vez que llama. Le agradecería que respondiera a las preguntas que le dirijo. ¿Entendido?
- Tiene usted un tono que no me gusta -le dije con dificultad.
Y entonces volvió a colgarme el teléfono.
Las cosas debieran haberse quedado así, pero dormí mal. A la mañana siguiente, un hermoso sábado de septiembre, supe lo que debía hacer.
- Llamo por el anuncio -me presenté por tercera vez.
- No es el primero que lo hace. ¿Cómo la quiere? -dijo, repitiendo la tonadilla de ayer.
- No demasiado fea ni demasiado bonachona. Y tiene que ser excelente en la cocina. -respondí. Había apuntado en un cuaderno las palabras clave y ahora lo releía: "chata, fea, buena cocina, dulces".
- ¿Con esposa o sin esposa?
- ¿Se puede elegir?
- Responda a la pregunta -me dijo la voz del teléfono. Por un instante me entró el pánico de que me volviera a colgar otra vez.
- No sé qué responder a su pregunta -confesé- No sabía que se pudiera elegir a la esposa junto a la suegra.
- La esposa es un complemento, una delicatesse de nuestra empresa para fidelizar a los clientes. La esposa le puede cocinar de vez en cuando, darle hijos, compañía... claro que también requiere más trabajo.
- Entonces que sea sin esposa -respondí rápidamente.
Y supe que había hecho una gran compra. Al día siguiente llegaría el orden y la buena mesa a mi casa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario