- Mi moto no será grande. Pero será azul y hará mucho ruído. YA verás cómo se me ponen las orejas cuando vaya por la ciudad a toda velocidad.
Así le contaba la conejita mimi sus sueños a sus amigos. "Cuando sea mayor" era un capítulo interminable para los jóvenes conejos. Venían de tres camadas diferentes de tres conejas que habían parido en lo smismos días, como si los hados se hubieran puesto de acuerdo para crear, repentinamente, aquella joven comunidad. Todos sumaban casi treinta conejos y la líder, sin discusión, era Mimi. Ya su aspecto era diferente a los demás, pues sus manchas negras estaban colocadas de tal forma que parecía llevar un antifaz y las orejas negras encuadraban su rostro. Pero siempre había sido la líder también en sus juegos. Era la primera en curiosear todo lo que se ponía por delatne, y muchos en el barrio ya la llamaban "la atrevida". Cuando los zorros llegaban al barrio, era la última en buscar refugio. Y se decía que el señor lobo, amo de la ciudad, la miraba con buenos ojos. De lo que hubiera podido haber entre ellos no se decía nada y todo se dejaba a los silencios que se formaban entre frase y frase. Mayores barbaridades se habían visto en la ciudad.
- Dicen que el señor lobo ha hecho llamar a "la atrevida" a su casa en las montañas -decía la mofeta barbero
- Por Dios, ¡pero qué tiempos vivimos! -decía un perro sabueso, viejo y con muchos pliegues en la piel, que siempre presumía de haber sido de los primeros que llegaron al barrio.
"Y entonces era un buen barrio. Éramos pobres, pero dignos", decía a menudo, olvidando toda lapodredumbre quegenera la relación entre pobres que se quieren buscar la vida y ricos que temen que les sea arrebatada. Y el mismo sabueso tenía en su más recóndita memoria escondida la caza que había dado a un conejo ladrón al que, en el instante de la captura, mató en un delirio de rabia y animalidad.
Mimi hacía oídos sordos a las habladurías. En efecto, el señor lobo la cortjaba.
- Pero es todo un caballero -se decía por las noches con voz infantil. En una semana ya enraría en edad de procrear y, aunque se sentía una niña, sabía que los demás ya estaban mirándola con otros ojos. Y también el señor lobo.
- Y no pasa nada porque me corteje -se dijo, haciendose eco de su tía que estaba encantada con el rumor.
Una semana antes de su cumpleaños, el señor lobo la invitó a una fiesta. mimi llegó y pronto se dio cuenta de que había muy pocos invitados y que estos se fueron rápido a sus casas, dejándola sola con el señor lobo.
- Debes probar este champán -dijo el señor lobo.
Un zorro era el secretario del lobo y Mimi no se atrevía a dejar la compañía del gran jefe.
"Pero no me tocará", se dijo.
Pero el señor lobo sí que la tocó y, si no se propasó, fue solo porque tenía algo más en mente.
- Mañana vente, tengo algo para ti -le dijo
- Pero si aún falta una semana para mi cumpleaños -dijo ella
Y aunque Mimi se prometió que no volvería y que no había lobo que la manoseara, lo cierto es que al diá siguiente volvió para no hacer esperar al chófer que el señor lobo le había mandado.
El señor lobo la recibió y la condujo hasta su regalo de cumpleaños: era una gran moto azul.
- ¡Es preciosa! -exclamó Mimi. Y, en aquel momento, el señor lobo supo que él había ganado un regalo mayor, aunque más breve, que el placer de una nueva motocicleta. Y se relamió, mientras Mimi le contemplaba con ternura.
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