La
bandada de patos emigraba hacia el sur; el invierno se había
adelantado dos semanas y habían partido antes de lo previsto. El
amanecer a un lado, el ocaso al otro y todo de frente. Pararían en
las charcas habituales.
-
¿No haríamos mejor partiendo antes del amanecer? Así no nos
sorprenderían los truenos de los hombres.
El
que preguntaba era un pato que apenas había cumplido la mayoría de
edad para un pato. Y estaba interpelando a otro que, aunque no mucho
mayor que él, ya todo consideraban un pato adulto por pleno derecho.
El
pato adulto lo miró sorprendido, como si no acabara de entender la
pregunta:
-
¿Qué es lo que quieres que hagamos?
El
joven pato retiró su propuesta rápidamente, pero ya era tarde y el
daño estaba hecho. Desde aquel día todos los patos lo miraron como
un revolucionario y alguien que “no tiene el mismo pico que todos”,
como decían cuando había alguno que se creía superior (o
destacadamente inferior) al resto.
Al
pato en cuestión, al que llamaremos colorín, le molestaba a la par
que le agradaba su segregación del grupo. En realidad, no se veía
bien con ellos.
-
Pero no eres ningún patito feo, sino uno como todos nosotros -le
recordaba su tío emanuel. La historia del patito feo que se había
convertido en cisne era muy popular, aunque entre patos se contaba a
la inversa: un pato criado entre cisnes hasta el día que descubre
que es un pato y, por extensión, toda su patura.
-
No quiero ser un patito feo -respondía él a su tío. Este formaba
parte del comité dirigente del grupo y era uno de los que encabezaba
la bandada en su migración anual.
Y
no podía nombrar ninguna diferencia real con los otros; al igual que
todos, tenía exquisito gusto culinario. Le gustaba cantar y reírse
con una buena broma. Era de carácter machista, pero intentaba al
mismo tiempo ser suave con el sexo opuesto. ¿Qué fallaba? Una pieza
dentro de él andaba desarreglada. Una parte de su alma no dejaba de
clamar “no eres de aquí, no eres de aquí”. Entonces movía
nervioso una de sus patitas y esperaba que la angustia que por
momento le inundaba pasara rápido y que nadie la notara. No quería
ser un patito feo.
Un
día, mientras volaban, una tormenta se abalanzó sobre ellos. El
grupo aterrizó rápidamente y, tras recontarse, descubrieron la
falta de colorín. ¿Dónde se habíai metido?
Entonces
uno de sus hermanos señaló al cielo. Un rayo iluminó de repente la
sombra de un pato que volaba desesperadamente, huyendo de la
tormenta.
Y
cuando al día siguiente amaneció, colorín se descubrió volando
solo, alejado de todos los suyos, de sus parientes, de sus amigos...
de sus ilusiones.
y
se sintió libre.
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