- Esta va a ser la carta... veamos, sí. La carta 1232.
Quien así hablaba se dirigía a su perro. Era un perro pequeño y lanudo, de ojos pequeños e inocentes. Y el dueño era un joven regordete de pelo escaso, lacio y de color zanahoria.
- Es importante clasificarlas, ¿sabes? Creo que un día me van a dar el guiness por esto.
El perro aulló algo incomprensible.
- ¿La cerveza? No, no, el record guiness. Ya sabes, uno hace una tontería que nadie ha hecho nunca antes y gana un premio. Lo que me pregunto es si hay dinero por medio. Seguramente sí...
Mientras hablaba, habían salido -amo y perro- a la terraza. La gran ciudad se levantaba sobre ellos y la vista que podían ver era apenas la del edificio de enfrente.
- Allí vive esa vecina tan guapa. Cuando me ponga a trabajar, le compraré un ramo de rosas. Luego nos apostaremos aquí y veremos qué reacción tiene cuando reciba el paquete. Claro que tendremos que asegurarnos para que no coincida en el horario de trabajo. ¿Y tú cómo estarás? Hay que pasearte, no te preocupes que no lo voy a olvidar. Pero se los diré en la entrevista: "Tengo un perro", les diré. Y, si lo deseas, también mencionaré tu nombre. Pues es un nombre novelesco, ¿a que sí, Cervantón? ¿Quieres comer algo?
El perrito movió el rabo.
- A veces solo te falta ponerte a hablar. Vamos a la nevera.
De allí sacó un envase con carne picada y, afuera, una etiqueta.
- Veamos la etiqueta... esto lo compramos hace una semana en Mercadona. Fíjate, también escribí el nombre de la dependienta, "Dora".
Cada uno de los objetos de la casa tenía una etiqueta pegada. Al joven le gustaba catalogar y disfrutaba con ello.
- Por cierto que voy a tener que pedir dinero prestado otra vez a mis primos. No sé hasta cuándo van a aguantar el ritmo, pero esto del trabajo se alarga más de lo que habíamos planeado. ¿Qué te parece, Cervantón?
Pero el perro solo atendía a la comida que ahora tragaba.
- Sí, eso es lo mejor que se puede hacer. Comer ahora y no preocuparse por el mañana. Mientras tú comes, voy a revisar el correo.
Se sentó frente al ordenador y vio que le había llegado un nuevo correo electrónico. Lo abrió: "Estimado, señor. Agradecemos el interés que tiene en nuestra empresa. Desafortunadamente, actualmente no disponemos de plazas para su solicitud. Atentamente..."
- Mira, Cervantón, estos han sido muy simpáticos. Vamos a imprimrla y le pondré su número en un color diferente...
Sacó un rotulado azul del cubilete mientras imprimía el email.
- Eso es, y ahora lo marcamos bien al principio. "Negativa 1233".
Hizo una pausa en la que mordió un poco el rotulador. Luego se volvió al perro.
- ¿Sabes, Cervantón? Creo que esto de encontrar trabajo puede ser aún más largo de lo que planeábamos.
Pero Cervantón no le escuchaba y seguía comiendo.
- Tienes razón. Hay que comer hoy.
Dijo él con una sonrisa
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