- Y le hemos comprado un aparato de musica, le va a encantar
Asi hablaba la ciguena con el resto de pajaros. Alrededor de ella se amontonaban las aves que se preparaban para la gran fiesta.
- 5 años es una buena edad para una pardela. Cuando yo tenía su edad... -comenzó a explicar el tío de la festejanda Encarna Pérez.
Pero no le dejaron acabar. habían oído su historia demasiadas veces.
- ¡A ella le encanta bailar! -apuntó una golondrina que conocía a la familia de pardelas desde hacía ocho veranos.
Cuando por fin llegó la familia de Encarna Pérez, con ella en el centro, todos rompieron en un aplauso.
- ¡Felicidades, encarna! -se oía por todas partes
Y las aves se arremolinaban, batían las alas, cacareaban algunas, piaban, graznaban, chillaban excitadas.
Los padres también estaban encantados.
- ¡Fue un gran día aquel en el que naciste, Encarna!
Y sus hermanos también llegaron, cada cual portando un pescado al cual más flamante y directo a la fuente de la fiesta.
- ¿Habéis visto la tarta ya?
La tarta la había preparado la mujer de tío Enrico, aquel que no paraba de rememorar su quinto cumpleaños. Su mujer, la vieja Facundia González, miraba complacida a los recién llegados.
- ¿La puedes oler, Encarna?
y le pusieron la tarta bajo el pico. Era un pastel de tres pisos adornado con uvas, almejas y pequeños peces. La pasta la formaba un agregado de algas y cangrejitos pequeños, resultando en un color verde salpicado de puntos negros, como una gran piedra olivina. La humedad y el sol la hacían brillar y estaba muy apetitosa.
- Sí, la huelo -dijo la celebranda
Y todos comenzaron a comer.
Fue la cigüeña quien repartió los pedazos, el último de los cuales fue para Encarna:
- Para el sol que, aquí en la tierra, nos ha unido a tantas aves diferentes -dijo
- Cuando yo cumplí cinco años -comenzó a recitar el tío Enrico.
Pero no lo dejaron terminar, y esta vez él no pudo contener la risa:
- ¡Así no hay manera!
- Vamos, Enrico, como si no hubieras contado lo mismo un millón de veces -le dijo su esposa
En aquel momento a encarna se le cayó un gran pedazo de pastel al suelo, justo en el suelo.
- yo te lo recogeré, encanto -le dijo la gallina francisca.
- Gracias, Francisca -se lo agradeció la madre, alcanzándole el pedazo de pastel a encarna, quien no se había percatado del incidente.
Pero en cuanto le pusieron el pastel bajo el pico, reconoció el olor y enguyó otro pedazo. Y así, dándole la comida, la habían alimentado durante cinco años; el primero, muy largo. Los padres necesitaron tanta ayuda que Encarna se hizo conocida en la región, por lo que hoy su cumpleaños era casi una fiesta nacional.
y es que los padres de encarna se habían empeñado en que su hija, ciega de nacimiento, tuviera una buena vida.
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