Solo quería volver a sentir la luz del sol. Esteban le había entendido. El agujero donde lo tenían encerrado se le hacía cada vez más pequeño: ya no era tan joven. Y ni siquiera avisaba cuando encontraba un tubérculo asomando entre la tierra; se lo tragaba rápidamente antes de que nadie pudiera darse cuenta.
Creían que era un viejo loco, pero él sabía más. Esteban le había entendido, le había olisqueado el hocico y le había dicho, como en un susurro de intimidad, "si nunca sales, debe de pesarte a veces".
- ¿No tenías que estar ya trabajando? -le había preguntado Lázaro.
No era un mal jefe. Antes que él había sido su padre, y antes aún se recordaba la tiranía del abuelo. El abuelo había sido un jefe temible. Pero su nieto era mucho más llevadero.
- Enseguida me pongo -respondió
Y se metió en su agujero para prolongar el tunel por el que se esperaba llegar a un río subterráneo. Sabía que estaba cerca porque sus huesos lo resentían, porque la humedad calaba las paredes de su agujero. Era un buen trabajador, pero Esteban le había entendido mejor que nadie. "Debe pesarte a veces".
Se contaban cosas del exterior... él ya hacía muchos años que no subía. Y por eso le sorprendió que Lázaro le fuera a ver a su agujero:
- Queremos que salgas tú -le espetó de repente.
Y añadió que nadie tenía su sabiduría y prudencia, y su trabajo en lo más profundo de la mina, su trabajo como el más veterano de todos que hasta había conocido a su abuelo, su trabajo, sí, era prueba patente de que todos podían confiar en él. La familia confiaba en él.
- ¿Y Esteban? -preguntó, esforzándose por darle a su voz un tono indiferente (¿se habría dado cuenta? Lázaro era muy listo, decían, y por el olfato le entraban todos los sentimientos que un topo podía querer ocultar)
Le pareció que Lázaro sonreía.
- Esteban hace tiempo que partió hacia otra madriguera. Pero tal vez afuera tengas más noticias de él.
Y así quedo convenido: que saldría afuera y volvería rápido para contar como estaba el exterior por aquella parte. Porque todos contaban con él: la familia, la comunidad....
No le quedó otra que asentir. Hubiera supuesto demasiado esfuerzo negarse ante tantos intereses. Y él ya no era tan joven. Podía comerse los tubérculos a escondidas y, tal vez, todos lo supieran y le dejaban hacer. ¿No decían que estaba haciendo un buen trabajo en su mina? Sabía que no hay alago sin mentira, pero le parecía una descortesía desconfiar de su jefe, por mucho que él fuera mucho mayor y que hubiera trabajado con el tirano de su abuelo.
Así que salió por los túneles más nuevos que llegaban al exterior.
- ¡Suerte! -exclamó Lázaro dándole un último empujón.
Sintió el aire fresco y sus ojos de topo adivinaron la luz de la luna. Pero no tuvo tiempo de más. En seguida oyó un disparo y un gran dolor en el costado. No podía moverse. ¿Era aquello la llegada de la vejez? Pero llegó ladrando y con forma de perro.
- ¡Mata al topo ladrón, cachorro! -gritó la voz de un hombre.
¿Había salido Esteban también por allí? "Si no sales, debe de pesarte a veces"
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