las dos moscas, muertas de frio, lograron meterse, en el ultimo momento, por la ventanilla del coche.
Dona Paca habia salido a comprar panuelos y, aunque la tienda estaba cerca, habia cogido el coche: el invierno, que habia llegado con retraso, ahora se apresuraba para ponerse al dia. Y las dos moscas, caseras, habian salido con la dona y otras siete companeras.
- Estoy harto de estas moscas -decia dona paca muchas veces al telefono. Y es verdad que en su casa vivian muchas.
- Dejame matarlas con un spray -decia el tonto de su hijo, invariablemente, las pocas veces que venia de visita a casa.
- Antes me matas a mi que las matas a ellas con ese espray -decia dona paca, tocandose el mono.
Siempre que hablaba de la muerte se tocaba el mono.
Las siete companeras de las moscas habian caido en el camino, pero dos se habian salvado metiendose a tiempo con dona paca en el coche.
- Pues aqui tambien hace un frio que pela -dijo una
- Brrrr -respondio la otra, castaneando
Dona Paca no debia de sentirse muy diferente porque, en cuanto arranco el coche, puso la calefaccion.
- Demonio de frio -murmuro. Y de la guantera saco una botella de licor.
- Tenemos que calentarnos. Si me para algun policia idiota, se lo explicare. Pero los policias idiotas no salen en dias como hoy.
Le dio un buen trago a la botella y unas gotas salpicaron sobre el volante. Alli estaban acurrucadas las dos moscas.
- Mira, esta bebiendo. Tal vez sea bueno para el frio -dijo una. Y su companera solo respondio:
- Brrrr -porque tenia mucho frio
Pero las dos bebieron un poquito de licor. Sin embargo, no estaban tan acostumbradas como Dona Paca y al poco se sintieron mareadas.
- Creo que voy a vomitar -dijo la unica que hablaba.
- Brrrr -respondio la otra
- Tienes razon. No se puede ni vomitar cuando no hay nada en la barriga.
El coche arranco y la aceleracion les pego el cuerpecito al salpicadero.
- Agarrate que nos caemos -dijo una
Cuando llegaron al aparcamiento de la tienda, no salieron para seguir a la dona. Nadie hubiera podido convencerlas para que abandonaran el coche.
- Demonio de frio -dijo la mosca habladora, parasafreando a la vieja.
Y al rato dijo:
- Tengo ganas de bailar
Y se puso a volar de un lado a otro. La otra pronto se reunio con ella. Pero como estaban un poco pispadillas, pues su vuelo era aun mas erratico que el erratico vuelo de una mosca sobria. Pero se divertian volando.
- Mira que picado! -exclamaba una
Y la otra ya no se quejaba del frio, sino que volaba con alegria.
Cuando la vieja volvio de la compra con el paquete de panuelos, vio las dos moscas sobre el salpicadero. Muertas.
- Estoy harta de estas moscas -dijo
Y de un manotazo las echo fuera, sobre la nieve. Y alli se quedaron, dos puntitos negros en el gran manto blanco que, como un honorable viejo que cubriera las verguenzas de su nieta, se extendia sobre la tierra del hombre.
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