miércoles, 19 de noviembre de 2014

los baños de argel

- ¿Y a ese por qué lo tienen ahí?
- Está loco -le dijeron. Y aunque su locura suele ser pacífica, a veces le dan unos aires que se mete con lo guardianes.
Era el segundo día que Figuel de Tervantes, el ratón, que había sido preso por la comunidad gatuna de áfrica. Aquellos gatos no utilizaban sus presas para comérselos, sino para jugar con ellos. Por eso, entre los prisioneros se había creado una comunidad para que todo recién llegado se encontrara psíquicamente preparado para los juegos de sus amos. Y el loco era el ejemplo, ejemplo benévolo, de lo que pasaba a los que no aguantaban.
Un día lo matarían. Hasta que llegara ese momento, lo tenían enjaulado.
- Saldré de aquí y los decapitaré a todos, ¡voto a bríos!, malditos gatos
Así bramaba el ratón en sus momentos más enérgicos, que cada vez eran más escasos.
Pero Figuel tenía otros problemas en mente que el de aquel loco. Al segundo día de su cautiverio, el sultán mayor de los gatos lo llamó:
- ¿Y qué sabes hacer tú? -le preguntó en un ronroneo. Fitel temió que aquel fuera su final.
- Sé ladrar como un conejo -dijo, sin saber qué decía.
- Los conejos no ladran -le respondió el sultán
- Sé ladrar como un conejo -volvió a insistir Fitel
En gato mayor miró a las mininas que le estaban acariciando y las despidió con un gesto de la cola.
- ¡Dejadnos solos!
Y lo mismo despidió a los guardias. Luego se volvió hacia Fitel, que sentía que el valor lo abandonaba.
- Dentro de una semana ladrarás como un conejo o morirás. Lo harás solo para mí, aquí en esta sala.
Luego se rio con voz sorda.
- ¡Más te vale que practiques tus ladridos!
Y es que no hay cosa que más asuste a un gato que el ladrido de un perro. Y no hay animal que le resulte menos temible al gato que el conejo (pues hasta el ratón puede ser peligroso).
Durante toda la semana Fitel se desesperó buscando una solución al problema que, él solito, había creado.
"¿Por qué no habré dicho que sé saltar como un conejo? Por lo menos podría practicar"
La mañana antes de comparecer, vio como el loco le hacía señas. Se acercó con cuidado a su celda y este le dijo:
- Tienes miedo. Pero bebe de este bálsamo y verás cómo se te pasan todos los males.
Y diciendo esto le alcanzó una sucia escudilla con algo de agua.
- Esto parece agua -dijo Fitel
- ¡Chitón! -dijo el loco, poniéndose el dedo en los labios- Esto es el bálsamo de Fierabrás, y solo te lo doy porque se aproxima la hora de tu muerte.
Fitel bebió y le devolvió el cazo al demente.
"Lo que me faltaba", se dijo mientras se alejaba. Pero, aunque no quería reconocerlo, lo cierto es que se encontraba mejor.
Cuando los guardias fueron a buscarlo, ya tenía algo pensado. Y una vez que estuvo a solas con el sultán gato, anunció:
- Ahora ladraré como un conejo, según lo prometido.
Entonces se colocó la colita en la cabeza de forma que parecieran dos orejas largas, como las de un conejo. Después se puso de rodillas y abrió la boca. Pero no emitió ningún sonido. Estuvo así unos minutos hasta que el gato no pudo más:
- ¿Pero vas a ladrar o no?
El ratón se puso de pie y explicó:
- He estado ladrando todo este tiempo. ¿No me habéis oído, excelencia?
El gato se sorprendió tanto ante su respuesta que no sabía si mandar matar a aquel atrevido o no. Finalmente, dado que el problema le estaba complicando los pensamientos, hizo llamar a un guardia y anunció su decisión:
- Que le corten la cabeza
Fitel, por toda respuesta, ladró otra vez como un conejo. Pero nadie le oyó.

No hay comentarios:

Publicar un comentario