jueves, 22 de mayo de 2014

cayendo del nido

Cuando aún faltaba una buena semana para que sus padres le enseñaran a volar, el pajarito afronsio se cayó del nido.
- El pequeño ha tenido muy mala suerte. Justo en aquel momento pasaba la cigueña contando noticias del sur y él se ha asomado al borde del nido, con tan mala pata que una ráfaga de viento se lo ha llevado por los aires -así lo explicaba el señor cuervo gris, que lo había visto todo.
Y era la razón por la que los padres de Afronsio estaban enfadados con la cigüeña. ¿Quién le mandaba a ella a ir proclamando a gritos sus experiencias en el sur?
- Pero si cada año lo hago, cuando vuelvo por primavera -decía ella, confundida. En cuanto se había enterado se había acercado al nido para ver si podía ayudar en nada.
Así que los padres de Afronsio estaban disgustados, la cigueña se sentía culpable y compungida y el cuervo gris se hacía el moralista. Y, sin embargo, Afronsio no sentía ningún miedo. Es más, se sentía feliz de haber abandonado antes de tiempo el nido.
- Así podré recorrer el mundo -se decía
Había caído sobre un arbusto y no se había hecho ningún daño.
- Y seguro que podré encontrar algo de comer por aquí -le aseguró a su madre, que le miraba con mucha pena.
Los padres no podían permanecer mucho tiempo en el suelo: era peligroso y, sobre todo, no se les ocurría ninguna forma de ayudar a su pequeño. Si estuviera en el nido, tal y como estaba mandado, sería otra cosa. Pero así...
Cuando se hizo la noche, ya no se veía al pequeño. Los padres lloraron pero se fueron al nido a dormir, no fuera que perdieran a otro de sus retoños. La única que se quedó abajo, como un palo erecto y silencioso en la noche del bosque, fue la cigüeña.
- Cuéntame otra historia del sur -le llegó la voz del pequeño pajarito, que con la llegada de la noche había comenzado a tener miedo y agradecía la compañía de la cigüeña, aunque esta no pudiera verle.
- El sur... el sur es como el despertar de un sueño en una mañana calurosa de un sábado. Es de día y el rocío se evapora de las hojas. En el suelo hay muchos gusanos e insectos que han subido junto al sol. El día, el aire, el viento... todo promete. Hay una promesa escondida que se deja ver más en el sur. -le dijo la cigüeña.
El pequeño no dijo nada durante un rato. Pero al cabo, cuando ya la cigüeña se preparaba para emprender vuelo y dormir en su propio nido, su voz trinó otra vez:
- Ya sé lo que tengo que hacer para sobrevivir e ir al sur.
- ¿Y qué es? -respondió la cigüeña a la oscuridad, reprimiendo un bostezo.
- ¡Volaré! -gritó el niño
Y aunque la cigüeña no pudiera verlo, sí que oía como el pequeño corría de un lado a otro y saltaba, extendiendo sus alas en un intento de elevarse sobre el suelo. Sonaba la hojarasca removida y los saltos largos que el pequeño había hecho.
- ¿Lo ves? Ya casi estoy volando
Pero la cigüeña no podía ver nada. Al rato alzó vuelo y se alejó de allí.
A la mañana siguiente, volvió. Los padres estaban llorando y hasta el cuerva gris no sabía qué decir. Sobre la hierba fresca de la mañana estaba el cuerpecito muerto del pajarito. Durante toda la noche había intentado volar hasta que su cuerpo ya no respondió más.
- Si hubiera sabido volar... -se lamentaba su madre
Pero la cigüeña tuvo otro pensamiento: "No es cierto. Afronsio voló más alto que ninguno de nosotros".

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