lunes, 21 de julio de 2014
El rododendro
- ¿Qué árbol es ese, tío Jose? Le preguntaba un pajarillo a su tío. Aquel era el vividor de la familia que decía haber recorrido medio mundo volando y, lo que es más importante, había vuelto para contarlo. - Ese es... sin duda... - ¿cuál es tío? -preguntó de nuevo del pajarito - ¡un rododendro! -exlamó tío Jose, acordándose de una extraña palabra que una vez había oído. Porque, en realidad, no sabía de qué árbol se trataba. - ¿Y hay muchos por aquí? El tío los había llevado de excursión a un bosquecillo que estaba al más al sur de su territorio habitual. Mamá le había mirado con aprensión antes de partir y le había rogado que no tardaran más de un día en volver: - Les puedes contar las historias que quieras. Pero no te los lleves lejos -le dijo al despedirse. Así que los árboles que había por allí no diferían mucho de los que podían encontrar en su propio bosque. Salvo aquel que sus sobrinos habían identificado. - ¡no verás más que este en todo este continente! yo recuerdo en mis viajes por la isla haber encontrado muchos en una pequeña isla, la única donde crecen en estado natural. Éste, por supuesto, fue traído y plantado aquí. -sentenció - ¿y quién lo trajo y lo plantó aquí? -le preguntó el mayor de sus sobrinos y, también, el único que albergaba dudas sobre la veracidad de todo lo que tío Jose contaba. - Pues el viejo pelícano, ¿quién va a ser? -respondió él, como si fuera evidente - ¿El mismo que nos contaste que había escondido tesoros en las cuevas más altas de la montaña? Cerca de su bosque comenzaba una imponente cadena montañosa. En la distancia, presentaba manchurrones que parecían cuevas. - El mismo -confirmó su tío, acordándose unos instantes del único pelícano que había conocido, viejo y moribun do, a la orilla d eun riachuelo, perdido y desvariando sobre mundos perdidos. - ¿Con el que tu viajaste a muchas partes del globo? -le preguntó otro de sus sobrinos. - El mismo, el que me enseñó todo lo que sé y la única ave que me consta que ha recorrido más mundo que yo. Pero, tratándose del viejo pelícano, es algo que no me molesta. - ¿Y por qué plantaría aquí un rododendro tu amigo el pelícano? -preguntó el más escéptica de sus sobrinos. - Para señalar un punto. ¡No creeríais lo que se esconde bajo las raíces de ese magnífico rododentro! Era tal el aire de misterio que tenía el tío jose que todos sus sobrinos, incluyendo al escéptico, le miraron con atencioón, esperando las palabras que pareciera se derramaran con lentitud de su boca. - ¡Los huesos del gigange polimorfo! -les dijo Mientras tanto, a cierta distancia y cerca del susodicho árbol, dos leñadores hablaban entre sí. - El patrón quiere que aquí hagamos un claro. Creo que tiene intención de construir un hotel. - ¿También aquel árbol? -le preguntó su joven compañero señalando al que había originado nuevas historias del tío josé. - ¡Quiá! ¿Estás loco? Ese árbol no se puede tocar. ¿Acaso no ves que se trata de una especie diferente? - ¿Qué especie? nunca había visto uno igual - Ni nunca lo verás. Ese debe de ser el único rododendro de todo el país. ¡Y bien hermoso que es! Moraleja: en toda mentira siempre se esconde alguna verdad
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