viernes, 18 de julio de 2014
El educador
- No quiero ir a la escuela. ¡No quiero! ¡¡No quiero!! - Tienes que ir. Don Alfonso te está esperando y ya llegas tarde -le respondió mamá ardilla al más pequeño de su prole, Estebanito, rebelde como ninguno de sus hermanos. - ¡No! -insistió - Y cuando vuelvas no te distraigas demasiado, la última vez me tuviste preocupada. - Don Alfonso me da miedo... -confesó el pequeño La madre le miró con atención - ¿Qué te ha hecho para que te de miedo? Y Estebanito le contó: de cómo el día anterior don Alfonso se había enfadado tanto con él que apenas se contuvo para pegarle. Pero que su rabia era tal que partió de un solo manotazo, con aquellas grandes zarpas de oso, una gruesa rama de un árbol. - ¿Había algún nido en el árbol? -le preguntó mamá ardilla - No -confesó el pequeño Pero luego le había rugido en la cara. Y le había obligado a sentarse aparte en un tronco caído, mientras los demás continuaban la clase y, lo peor, fue obligado a quedarse allí sentado durante el recreo. - ¿Y por eso te da miedo? - Todos estuvieron jugando y yo no pude participar. Y él me miraba de vez en cuando y me sonreía, como feliz de que yo estuviera allí quieto. Pero yo no me estuve quieto... Estebanito se había escapado durante unos minutos. Aprovechó un descuido del viejo oso y se escabulló entre los árboles. - ¡Ya sé que a ti no te gusta que me escabulla! -se excusó de repente, temeroso de que aquella confesión pudiera acarrearle algún problema. Pero don Alfonso... La madre no pareció enfadarse ante la confesión y escuchó la continuación. - Lo peor fue cuando volví. Él me miró cuando bajé del árbol. ¡Y no dijo nada! Y yo tampoco lo hice. Pero me pareció que estaba planeando alguna venganza. Y creo que hoy la llevará a cabo. ¡No quiero ir al colegio, mamá! La madre siguió empaquetando la mochila del pequeño como si no le afectara nada d elo que le hubiera dicho. Lo despidió con un beso y le dejó marchar. Al atardecer, cuando ya toda su prole había vuelto y estaban durmiendo la siesta, Estebanito entre ellos, ella bajo hasta la base del árbol para la cita que había convenido. - ¿Duermen? -preguntó don Alfonso con su voz grave y cascada - Duermen -respondió la madre - Hoy fue ejemplar. Lo que tiene dentro Estebanito es algo muy hermoso, pero sacarlo requiere mucha energía. De los que estamos alrededor y, sobre todo, de la suya propia. - Lo sé. Gracias, Don Alfonso. Todo ha salido como predijo -dijo la madre
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