martes, 15 de julio de 2014
el amante de la burocracia
- Tiene usted que pagar los impuestos de este año -le dijeron en la ventanilla. - Pero si ya no tengo el coche por el que me cobran los impuestos -replicó el joven - ¿Ya no lo usa? Eso es curioso - No, no es que ya no lo use. Es que hace quince años que me deshize de él... - No me diga más -le interrumpió el burócrata- olvidó rellenar el informe 28-A y el coche no llegó a darse de baja. - En aquella época no era el 28-A, sino tenía otro nombre. Algo así como Rub-X.331. Supongo que casaba con la época. Las películas de James Bond, ya sabe. - Me hago a la idea -era un burócrata muy comprensivo - claro que luego el susodicho anexo ha tenido distintos nombres. usted todavía no estaría en la administración, claro. Pero desde que vengo batallando este asunto, me han ido faltando veintisiete impresos. A veces lo conseguía y volvía a tiempo con el informe en regla, pero para entonces ya habían cambiado otra vez el nombre y tenía que volver a empezar. - No habrá tenido usted tiempo de aburrirse -le dijo el otro En aquel momento se acercó una señora que había estado esperando estoicamente en la fila. - ¿Les importaría darse un poco de prisa? Tengo que dejar aquí le anexo 333-B y me gustaría estar en casa a tiempo para la cena. Eran las nueve de la mañana. - ¿El 333-B? -la miró sorprendido el joven cuyo coche seguía virtualmente operativo- ¡Qué casualidad! Yo, la semana pasada, tuve que dejar el 333-A. No puede ser una mera casualidad. - No sabría decirle. ¿Sobre qué trata ese anexo? -le preguntó la señora - No recuerdo del todo bien, pero ... sí, creo que hacía referencia al informe 45 - AC. - ¡Ahora soy yo la sorprendida! Mi anexo 333 - B es para terminar de presentar el informe 46 - AC. - El mundo es un pañuelo, ¿no le parece? -respondió el joven En aquel momento el burócrata se sonó. Era un hombre sensible. - Si le parece bien, podríamos proceder al pago de sus impuestos por el coche -recordó amablemente - ¡Es verdad! Recuérdeme la cantidad, por favor. - 250 euros Aquella noche, nuestro joven protagonista volvió a casa con una gran sonrisa. Abrió la puerta y dio un beso a su esposa. - ¿Sabes, cariño? Me encanta este país. ¡Todos tenemos tanto en común!
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