domingo, 6 de julio de 2014

café con leche y dos noches sin dormir

El café humeaba. Tras él se sentaba un ojeroso señor búho; a sus ya de por sí grandes ojos se sumaban bolsas de cansancio y un ribete oscuro de falta de sueño. - Una semana dura, ¿no es cierto? -le preguntó el colibrí que le había servido el café - No lo sabes tú bien -murmuró el búho En aquel momento llegaron parloteando un ruidoso grupo de golondrinas. - ¡Cerveza, cerveza para todos! -dijo la primera de ellas. - ¿Pero es que saben lo que es la cerveza, aquí en el norte? El colibrí puso comenzó a tirar la cerveza para los recién llegados. Le molestaba el comentario, bien que no fuera la primera vez que lo escuchaba. - No se moleste con nosotros -le dijo una golondrina que se había apartado más del grupo. Venimos de un viaje largo y nuestros modales aún no han aterrizado. El colibrí sirvió el resto de cervezas. - ¿Venís del sur? -preguntó - Sí, somos las primeras en volver, pero ya era tiempo -dijo la golondrina que había hablado con él. Pero nos hemos topado con una nube de polvo poco antes de llegar aquí, ¡por poco no vemos el bar! - ¡Un bar bien hallado! -terció otra y de un trago de bebió la mitad de su cerveza - ¿Quién dijo que en el norte ya no sabían hacer cerveza? -gritó alegre otra más. ¡Qué lo confiese, que le rociaré con esta estupenda cerveza! - ¡Hurra por el colibri! Y dieron hurras por el colibrí. En aquel momento llegó una cigüeña. - ¡Ah! Veo que la juventud se me ha adelantado -dijo al posarse. - ¿Café a estas horas, viejo? -le preguntó una golondrina al señor búho. Este seguía con la mirada a las revoltosas recién llegadas. No contestó. El café seguía humeando. El búho lo bebía poco a poco y la negra superficie tenía tiempo de calmarse. Reflejaba el pico del búho y su cabeza hinchada hacia atrás. Y, como una bóveda que estuviera por caer sobre todos ellos, desafiante, las ramas del bar, el arco del cielo, las hojas que, en prikmavera, comenzaban a brotar, flores y frutos. Un edén en un taza de café. De repente el búho alzó las alas y se fue. Nadie le prestó atención. “Dos noches sin dormir y ahora esto. Maldita sea” Había llegado la primavera.

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