martes, 8 de julio de 2014
el dibujante
- Cuando me creó a mí, apenas estaba empezando -dijo la mandrágora En realidad no era una mandrágora, sino un ser informe que se había dado a sí mismo el nombre de “mandrágora” porque, decía, “suena bien”. - Yo fui su primera chica, la primera que puede llevar ese nombre -dijo una ninfa que, aunque un poco cargada de caderas, era de buen ver. Tras decir esto, miró despectivamente a la casa de las locas. Allí estaban todos los intentos que el dibujante había hecho por captar la femeneidad, todos espantosos, todos monstruos de piel suave pero asimetrías aberrantes: una con la nariz muy alta, otra sin nariz, todas con los ojos descolocados, aquella con la mandíbula saliente, la de más allá ... ¿para qué seguir? Y todas, a pesar de ello, femeninas, mujeres ideales que el dibujante había querido crear pensando en lo más hermoso de las mujeres. - Siempre os preocupáis demasiado por el aspecto -dijo un pequeño caracol. Era la más antigua de las creaciones que se atrevía a pasear y hablar directamente con los últimos personajes. En estos, aunque aún existían anomalías, las proporciones estaban mejor medidas. Se encontraban en la gran sala. Allí se reunían una vez al año todos los dibujos que habían salido de la mano del joven creador. El sueño de ser dibujante le llegó tarde y progresaba muy lentamente. Pero, aunque fuera poco a poco, lo hacía. Y sus creaciones se veían una vez al año para tomar decisiones, pues sabían que aún podían influir en la capacidad de creación del joven artista. ¿Cómo? En el mundo de los sueños. Aquellas creaciones que estaban más frescas en la mente del creador tenían colores vivos y una energía inusitada, que al tiempo se iba gastando como un color brillante expuesto al sol. Y así se iban transformando poco a poco; si el recuerdo de su creador cambiaba, también lo hacían ellas, embelleciendo a las más antiguas y palideciendo las más emocionales de la adolescencia. - ¿Y ese quién es? -preguntó un niño reciénllegado, de ojoos grandes y sonriente que había protagonina reicente tira cómica del autor. Se refería a un ciego que, con el bastón, iba tanteando aquí y allá, sin saber muy bien a dónde iba. No era una creación hermosa, de hecho era de las peores pues vestía con harapos verde-grisáceos.Nadie le hacía mucho caso, ni siquiera cuando su bastón identificaba una presencia y él se paraba para tocarla con las manos, tanteándola, buscando identificar al recién encontrado. Pero nadie le hablaba.Le dejaban hacer, le dejaban estar, y eso ya era mucho para ellos, o así lo parecía. - ¿Ese? -respondió el dibujo de un tendero. Ese es el creador, que así vive entre nosotros.
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