lunes, 17 de febrero de 2014

la hipopótama blasa

la hipopótoma blasa quiere hacer su tarta de siete pisos y, peor aún, quiere comérsela. No puede resistirse, es su debilidad. Tiene el culo grande como la carpa de un circo, la barriga inmensa como una noche estrellada, la boca ancha como las cataratas del niágara.
- Debes resistir la tentación -le dice el Aveztruz pastel-en-garganta. ¡Si apenas puedes moverte! Y si deseas quedarta preñada, no es así como atrearás a los pretendientes.
- Entre los hipopótamos, cuanto más gordo, mejor -le recordó Blasa
Pero sabía que, incluso entre los hipopótamos, ella era famosa. Al principio creían que estaba preñada y por eso arrastraba un cuerpo tan enorme, pero luego se dieron cuenta de que no, de que aquello era no más grasa.
- Pero tienes razón, tengo que cuidar un poco la línea.
La conversación la presenciaba un pájaro carpintero que se había ido a refrescar entre los juncos. Al llegar a aquel punto, creyó necesario intervenir en la conversación. Voló hasta las dos y, posándose en un arbusto, dijo:
- Blasa, hasta yo me doy cuenta de que tienes el cuerpo grande, más grande de lo normal. Pero es algo hermoso, Blasa. No creo que haya un hipopótamo más hermoso que tú en muchos cientos de kilómetros a la redonda.
Blasa al principio no supo que responder. ¿Se estaba burlando de ella el pajarito? Era lenta en decidir cosas parecidas, pero fue Pastel-en-garganta quien habló el primero.
- Menudo pillo nos ha venido a espantar las plumas, Blasa. No hagas caso de este metomentodo. Y tú, alfeñique -se dirigió ahora hacia el pajarito- lárgate a darle tu opinión a quien tenga paciencia de escucharla. Es decir, a nadie.
El pájaro carpintero se marchó ofendido, mientras pastel-en-garganta estiraba el cuello con orgullo.
- A estos no hay que dejarles ni que hablen, créeme. Tengo experiencia con esos.
Quedaron entonces en que Blasa comenzaría su dieta ya mismo. El aveztruz le acompañaría durante los primeros días para ayudarle a no caer en la tentación.
- Tú sí que eres un buen amigo, pastel-en-garganta -le dijo Blasa con los ojos acuosos.
Aquella noche Blasa tenía hambre, ¡mucha hambre!. ¿Qué fue de la idea de hacer un pastel de siete pisos? Pues que creció y creció, y en su imaginación pesaba tanto como un pastel no de siete sino de setenta pisos, tal era el hambre que tenía. Los rugidos de su barriga no le dejaban dormir, pero no fueron ópice para que pastel-en-garganta cerrara los ojos y se durmiera.
Como su guardián dormía, Blasa aprovechó para colarse en el agua y llenarse la boca con cuantas plantas pudiera y así calmar su hambre. Poco a poco se deslizó, tan silenciosamente como se lo permitía su grueso cuerpo. Se metió en el agua y empezó a arramblar con todas las plantas que había a su alrededor.
Pero no era el único que andaba despierto aquella noche. El pájaro carpintero había vuelto y se disponía a darle la noche a pastel-en-garganta, que tan maleducado había sido con él. Y por eso, cuando Blasa estaba metida en el agua con la boca llena de hojas y tallos de los más sabrosos, comenzó a picotear en un árbol hueco que había tirado en la orilla.
El ruído despertó a pastel-en-garganta y sobresaltó a Blasa. El avestruz no supo reconocer el origen del ruído e hizo lo que hacían sus semejantes en situaciones comprometidas: rápidamente escarbó un poco en la arena y metió la cabeza en el agujero.
En Blasa, en cambio, el toqueteo del carpintero le tocó en un momento más delicado, porque sin quererlo ni beberlo, se atragantó. Entonces comenzó a toser con fuerza. La cosa podía haber terminado mal, que un tallo se le atoró en la garganta. Por fortuna lo pudo escupir.
- ¡Ay, que me muero! -gimoteaba. Y llorando fue hasta el avestruz que seguía con la cabeza enterrada. Como andaba despistada con sus propios males, no avistó al ave hasta que fue demasiado tarde y le pisó un pie, tras lo cual pastel-en-garganta huyó despavorido, dando saltos con el otro pie.
Indiferente a todo lo que había pasado a su alrededor, el pájaro carpintero levantó la cabeza del tronco y dijo:
- Realmente Blasa es una hipopótama hermosa.

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