martes, 18 de febrero de 2014

a última hora

El lápiz estaba agotado. Todo el día lo habían tenido de un lado a otro.
"un buen artista no depende del medio", no paraba de repetir su dueño. Y allí estaba él, un lápiz dedicado a la guardería, sin más gloria prevista que le de dejarse morder por niños que aún no sabían hacer la o con un canuto. Pero llegó el estudiante y, voilá, todo cambió.
El hombre se había empeñado en ser dibujante y, encontrándose como por casualidad con el lapicillo, no paraba de usarlo. Lo llevaba constantemente consigo, aprovechando que era pequeño y manejable. Así que vivía en el bolsillo izquierdo del pantalón, al lado de las llaves y rodeado de monedas brillantes y juguetonas.
- Hagámosle la puñeta -se decían las llaves, y cada vez que podían le descascarillaban un poco de pintura con sus afilados dientes.
El estudiante más lo quería cuanto más lo gastaba.
"un buen artista no depende del medio", decía con satisfacción. Y dibujaba. A todas horas. Los papeles los sacaba de cualquier sitio. Pero lo que dibujaba era... malo.
El lápiz, que no por ser un lápiz pequeño e insignificante carecía de sentimientos, sentía frustración ante aquellos malos garabatos. ¿Es que el estudiante era incapaz de darse cuenta? Claro que la práctica es la madre de la virtud en las artes, pero al paso que iba el estudiante le harían falta más años de los que la vida podía ofrecerle.
¿Qué diría su madre si le viera perdiendo el tiempo en futilerías sin sentido? "A ti te saqué de una de mis mejores ramas para que fueras un honorable lápiz de guardería, no para que te perdieras pretendiendo ser lo que no eres" Su madre era un pino de montaña del que habían sacado numorosos lápices y que, si aún no la habian talado, daría más...
Decidió escaparse. Al abrigo de la noche se dejó caer del pantalón. Lentamente fue rodando en el suelo hasta quedarse debajo de la puerta. Le costaba decidirse a dar el paso y franquear el umbral. No habría marcha atrás.
Y cuando estaba allá, indeciso, descubrió a un papel que hablaba con una goma que había tirada en el suelo.
- ¡Y no se te ocurra acercarte! -le decía el papel a la goma en aquel momento, siseando un poco como hacen todos los papeles
- ¿Por qué? ¿Qué tienes encima que sea tan importante? -Le preguntó groseramente la goma, amenazando con tirársele encima.
- No lo sé, ¿cómo quieres que lo vea? Pero sí sé del esfuerzo que puso el estudiante cuando me cogió y dibujó algo en mi. ¿Sabes lo que estaba haciendo?
- No -respondió la otra, confundida
- Dándome vida -dijo el papel con un murmullo.
El lápiz ya no se movió más en toda la noche. Solo esperaba que el estudiante pudiera encontrarlo otra vez en la mañana.

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