viernes, 14 de febrero de 2014

la fiebre

Noté que me mareaba. Y me sentía cansado, como si hubiera corrido un maratón, como si me hubieran dado esa paliza que temía merecer. No tengo demasiados vicios, pero los que tengo son suficientes como para empujarme a un callejón, que me desnuden manos extrañas y agresivas, y luego recibir golpeas, patadas, puñetazos. Con el rostro ensangrentado pediría clemencia, llamaría a mi mamá, mis llantos en mi rostro adulto y amorfo por los golpes...
Mi cuerpo se sentía fatigado. Era la hora de le enfermedad. Me arrastré hasta la cama y allí le comuniqué a mi esposa el sino que me esperaba:
- Este catarro ha derivado en gripe. Me sube la fiebre.
Mi esposa, tras veinte años de convivencia, me puede odiar. Pero todo cae dentro del hábito, de la costumbre, de la vida marital que no quiere cambios, ni para bien ni para mal. Sus palabras no son cariñosas, sino exactas como exacto es el reloj que atrasa en cada hora siete minutos.
- Te traeré la caja
Sí, la caja. En una pequeña caja de zapatos guardo los hábitos del enfermo, todo aquello que a lo largo de los años he ido descubriendo que me gusta tener en la cabecera de mi cama en los momentos de dolor. Y allí está, algo raída por el tiempo, pintada de un gastado rojo y azul por un lado, cuando nuestro pequeño derramó allí sus pinturas... Y dentro la novela de woodehouse, el crucifijo de mamá, los boliches que gané en mi infancia, un Dar Vader manco y no sé qué más. Siempre hay algo que me sorprende en la caja. Y está el sobre.
El sobre es grande y verdoso. Lo abro con cuidado, ¿qué cosas habré escrito dentro? Sí, hay un fajo de papeles y un bolígrafo. De entre todos los folios hay uno de color rojo; está pidiendo atención.
Ya estoy tumbado cómodamente en la cama, sintiendo escalofríos a medida que me sube la fiebre. Pero hay una urgencia extraña en mí que me obliga a leer el papel rojo, el folio diferente del sobre verde, el sobre de la caja manchada por nuestro pequeño, años ha, de rojo y azul. Leo:
Ya lo has olvidado, pero cada vez que te sube la fiebre pierdes una parte de tu memoria. Escribe aquí las palabras y las frases que te ayudarán a recuperarla del laberinto del olvido.
Sin más que añadir, un saludo,
Tú mismo, a punto de caer enfermo
Y  en el fajo de papeles contemplo palabras que reavivan las brasas de un tiempo pasado que ya no volverá. Pero no me entretengo leyendo. La fiebre viene a apoderarse de mí, no tengo mucho tiempo. Comienzo a escribir palabras y frases conforme me llegan al pensamiento, acciones de mi niñez, mis primeros enamoramientos, fracasos, viajes y accidentes, tabaco, aquella fiesta en un lugar tan cerrado, la niña que esperaba al autobús jugando con los cristales de la parada, el anuncio...
Mi mano se habrá caído en medio del fervor de las letras. He dormido, he dormido mientras la fiebre hacía presa de mí, mientras los paracetamoles me atontaban, he dormido vencido por el sueño.
Y cuando me despierto me encuentro mejor, mucho mejor. ¡Tengo hambre! Ya es de día, he estado sudando toda la noche pero ya pasó lo peor.
Mi esposa está atareada en la cocina. Silba una canción y casi la encuentro bonita. Me gusta esta en su compañía.
A mi lado hay una caja con libros y cosas, y en ella un sobre verde. ¿Para qué será? No tengo tiempo para verlo. ¡Hay que vivir!

No hay comentarios:

Publicar un comentario