viernes, 7 de marzo de 2014

seguro de sí mismo I

En la sala de espera de la consulta, el niño parecía haber estado allí durante los últimos diez años. Su mirada seria y confiada recorría al resto de pacientes que esperaban su turno. La señora ojeaba nerviosa las revistas de corazón, aquel flaco de allá echaba de menos el cigarro, la presumida no cejaba de mesarse los cabellos. Y él mismo, rodeado por sus padres que parecían más enfermos que él mismo. Por fin les llegó el turno:
- ¡Cómo estoy contento de verles, mis queridos pacientes! -don Luis era un médico muy jovial, y para que no se le fuera clientela había desarrollado unas dotes de marketing envidiables.
- Gracias por recibirnos, don Luis -le dijo el padre del niño con mirada nerviosa. Era la primera vez que lo veía pero el méidco le trataba como si le conociera de toda la vida. "Me pregunto si no estaré tratando de apagar el incendio con más fuego", se dijo. Intercambió una rápida mirada con su timorata esposa y esta mostró en sus ojos la misma preocupación.
- ¿Han venido por el niño?
Los padres asintieron mientras el hijo recorría con su vista los cuadros que había en la sala. En lugar de los clásicos títulos universitarios colgados en las paredes o de los posters explicativos del cuerpo humano, como si fuera algo en lo que un profano se interesaría en la consulta, había fotografías. El médico era aficionado a la cámara y mostraba a sus pacientes sus mejores especímenes.
- ¿Te gustan las fotos? -le preguntó el médico al pequeño. Aquel tenía ocho años, pero su mirada parecía más cansada de lo normal.
- No le gustará oír mi respuesta -le dijo el pequeño
El médico se sobresaltó pero no perdió su sonrisa. Miró interrogativamente a los padres y estos acudieron en su ayuda:
- Justamente por eso lo hemos traído, doctor -aclaró la madre
- ¿Por mis fotos? ¿Son ustedes de alguna revista?
Ella se sonrojó y el padre se apresuró a responder:
- No, no, no es por sus fotos. Las fotografías son... interesantes, se lo aseguro -añadió con convicción
- Bueno, es un pequeño hobby que tengo. Así la sala queda más alegre, ¿no les parece?
La pareja le aseguró que así era. Pero el niño interrumpió las galanterías de los adultos:
- Estábais a punto de decirle porqué hemos venido antes de que os interrumpiera -dijo con voz agria
El doctor se sobresaltó otra vez. Ahora sí que perdió la sonrisa, pero con lo que esperaba que fuera un tono profesional se dirigió al padre:
- Claro, claro. No debemos perdernos en mis tonterías. Díganme qué les preocupa y veré cómo puedo ayudarles.
- Es por Juan sabelotodo, doctor -dijo el padre
- Sí, por Juan se trata -aseveró la madre
El doctor se quedó confuso unos momentos:
- ¿Debería saber de qué Juan me hablan? -preguntó por fin
- Pero doctor, lo tiene usted delante. Así es como le llaman en el colegio y al final se nos ha pegado también a nosotros.
El niño carraspeó. Y el doctor le miró con nuevos ojos.
- Juan sabelotodo.... -murmuró- ¿y qué le pasa a Juan sabelotodo, que supongo que será hijo suyo?
- Oh, sí, doctor, yo lo llevé en la barriga -dijo la madre
- Aunque menos tiempo que el corriente -aclaró el padre
- Ya entonces apuntaba maneras -dijo ella.
El doctor puso otra vez cara de incomprensión.
- Sietemesino -explicó el padre.

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