sábado, 15 de marzo de 2014

el elefante en mi casa I

mamá no podía verlo. Ella no sería capaz de entenderlo. Y habían hablado de él en las noticias, la policía lo buscaba, los bomberos, ¡hasta el ejército! Y yo lo tenía en el garaje de casa.
¿Cómo lo había atraído? Creo que se encontraba mal, que tenía miedo, ¿dónde estaba su mamá?
...
- Mira cariño, no te vas a creer lo que ha pasado -había dicho mi padre dos días antes.
- ¿Puedes sacar la basura, Jonás? -me había pedido mi madre
Pero yo me había quedado un momento viendo las noticias, y por eso no saqué la basura a tiempo y pasó lo que pasó. Cuando me encontré con él, yo ya sabía quién era pero él no sabía que yo lo sabía.
- Me pregunto por qué habrá tantos policías por la zona. Es el tercer coche que pasa por nuestra calle -dijo mi madre
- Si ves la tele, lo entenderás
- ¿Qué es lo que pasa? -preguntó ella
- Uno de los árboles que se han caído por congelación rompió una valla del zoo, y por allí se escapó un animal. Pero si te digo que todavía no lo han encontrado, nunca adivinarás de cuál se trata.
- ¿Qué animal es papá? -pregunté yo, curioso.
- ¡De un elefante! Bueno, uno pequeño, o eso dicen, pero elefante al fin y al cabo. Estaba separado de su madre por una cosa de no sé qué enfermedad y cuarentena. Y sospechan que se ha escapado para buscarla. Este gobierno...
En ese momento había salido a tirar la basura. Mi padre, cuando se ponía a hablar del gobierno, era bastante aburrido: siempre decía lo mismo.
Tiré la basura y oí un ruído en el cuarto-trastero del jardín. Este es un desván para herramientas, con una puerta herrumbrosa y podrida que casi nunca cerramos. Me acerqué a ver qué era y... ¡sorpresa! allí, mirándome con ojos asustados, quietecito en la sombra, estaba el pequeño elefante del que hablaban las noticias.
Aunque yo también estaba asustado, me acerqué a él y conseguí acariciarle la trompa. Aquello le gustó. Entonces le dije:
- Espera que te conseguiré algo de leche.
Supuse que bebería leche porque tenía todo el aspecto de un niño perdido.
Al rato salí con un cubo donde había metido mucha leche. El elefante se la bebió ansiosamente... luego vi que se le cerraban los ojos, que se adormecía, así que le conseguí una manta para que se cubriera y por fin, tras oir como mi madre me buscaba, me metí en la casa, demasiado excitado para dormir.
Al día siguiente no tenía colegio.
- ¿Sales hoy con la bicicleta? -me preguntó mi madre
Cada sábado solía ir con la bicicleta. Pero no aquel. En cambio, conseguí que mis padres se fueran.
- Tenéis que dedicar tiempo a la pareja. ¿Por qué no os vais de paseo? -les pregunté
Y allá se fueron. Rápidamente fui hasta el elefante.
- ¿Quieres que juguemos a algo? -le pregunté
Nuestro jardín tenía un seto bastante alto, así que no habría vecinos que nos molestaran. El elefante demostró ser un gran compañero para jugar al fútbol. Pero temía que mis padres lo descubrieran a la vuelta. Parecía una crueldad, de alguna forma, meterlo otra vez en el oscuro trastero.
Así que lo disfracé como si fuera un señor muy grande que tuviera muchos abrigos encima. Teníamos que andar con cuidado y el elefante había de sentarse cada vez que viéramos a alguien, no fuera que lo descubrieran.

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