lunes, 24 de marzo de 2014

el sol, la tierra, el tiempo

Comenzaba la primavera.
Los animales del bosque se habían reunido para un picnic. Unos habían traído ballas silvestres, otro moras, aquel unas hojas tiernas, el de más allá un confite de insectos...
También habían traído a sus pequeños consigo. Aquel día no habría nadie que les molestara. La paz era obligatoria en el primer día de la primavera.
Los pequeños saltaban y jugaban entre sí: cachorros castores con una liebre al "corre que te pillo" y cervatillos charlando con pequeños erizos con púas tiernas y flexibles.
Tras la comida, dieron el paseo habitual de todo el grupo.
"No me gustan las actividades de grupo", decía el jabalí, siempre un poco gruñón. Pero, con todo, también se apuntó, como cada año.
El camino era un antiguo sendero que subía hasta una colina que dominaba a las demás. Los pequeños caminaban en tropel alrededor del gran ciervo, pues en su cornamenta estaba posado el búho más viejo de todos, aquel a quien llamaban el gran anciano, que era un gran sabio. Y desde allí les hablaba, les contaba cuentos e historias de tiempos antiguos. En todas sus narraciones, siempre terminaba con la frase,
"y todo bajo este sol, sobre esta tierra y en este tiempo"
Los pequeños estaban demasiado concentrados en el meollo de la historia como para darse cuenta de que todas terminaban con aquella sentencia. Pero el pequeño urogallo se dio cuenta y la preguntó al búho:
- ¿Qué significa eso del sol, la tierra y el tempo?
- El tiempo, pequeño, no el tempo -le corrigió el búho- Pero no puedo explicarte bien qué es. Las palabras apenas llegan para rozar la superficie de... de una misteriosa fuerza que nos une a todos.
Los pequeños sintieron que allí se escondía algún misterio, pero antes de que pudieran preguntar nada más pasó algo inesperado. Desde las primeras filas de la procesión se fue creando el silencio, allí donde antes había habido un ininterrumpido barullo. Y es que en el camino se encontraba un viejo lobo mirando al horizonte, por donde el sol se ponía. Se quedaron callados pero ninguno sintió miedo del viejo lobo, que ni aún en un día normal hubiera logrado atemorizarles, tal era el aspecto de su vejez.

El sol teñía el inferior de las nubes de un color anaranjado, el mismo que limbaba las copas de los árboles, y parecía que se llevara en su puesta todos los recuerdos que se habían acumulado durante el día.
Con un silencioso respeto la procesión pasó por detrás del viejo lobo. Nadie se atrevió a interrumpirle. Cuando ya lo había dejado atrás, el pequeño urogallo murmuró
"bajo este sol, sobre esta tierra y en este tiempo"
El búho lo miro complacido y ya nadie se atrevió a preguntar más. Lo habían entendido.

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