viernes, 28 de marzo de 2014

la ciudad pijama I

la ciudad pijama debía mucho a su fundador. Lo que comenzó siendo una extravagancia pronto se contagió a otras ciudades. Ya no solo era la fiebre del momento, sino algo más. Poblaciones enteras cambiando, cambió el país y las costumbres que lo regían, las leyes se adaptaron a los nuevos modos...
Pero en ningún lugar era tan fuerte el culto como en la ciudad donde había nacido y crecido el fundador, Pepe Rodríguez Cifuentes.
Fue don Pepe el primero en salir a la calle en pijama. Por las noches, se acostaba con la chaqueta y la corbata puesta y se levantaba de vez en cuando para trabajar.
"La realidad es un sueño", era su máxima. Y en su biografía se puede leer cómo le echaron de su antiguo trabajo y no sufrió más que incomprensión por parte de sus paisanos. Incluso le llegaron a encerrar en el manicomio; allí no solo no enfermó sino que ganó adeptos que sanaron de su locura con su máxima "La realidad es un sueño".
El pijama fue influyendo tanto en la vida de los "pijamitas", como se les llamaba, que muchas veces se quedaban trabajando de noche, perfectamente trajeados, mientras por el día se escondían del sol para pegarse unas grandes siestas.
Fueron justamente las siestas las que propagaron más el movimiento. A nadie le gusta trabajar cuando los otros están durmiendo. El gobierno, preocupado por dar una imagen progresista, se apresuró a promulgar leyes que defendieran a los pijamistas. Lo cual llevó a que muchos realizaran el rito de conversión, tras el que las organizaciones del culto los acogían y, por ende, las leyes proteccionistas del gobierno. Así, una empresa no podía echar a nadie en razón de su sexo, raza o pijamismo. Si alguien optaba por ir a trabajar en pijama y echarse grandes siestas sobre su escritorio... bien, estaba en su derecho.
Hubo empresas que se fueron al garete durante aquellos años solo porque más de la mitad de sus empleados se pasaban el tiempo durmiendo buena parte de la jornada laboral. Y aquella que se atrevía  a despedir a alguno de los pijamistas, se arriesgaba a un juicio, mala fama en la prensa, gastos de abogado, gastos de sobornos, etc.
Por eso las nuevas empresas que estaban más marcadas por el signo de los tiempos abrieron por la noche, cuando los pijamistas estaban obligados a trabajar o, a lo menos, a llevar chaqueta y corbata.
La única queja seria la plantearon los ecologistas ante aquel cambio de tornas: durante siglos, si no milenios, los animales se habían adaptado para comportarse como animales durante la noche, cuando el hombre dormía. Pero ahora todo se había vuelto del revés.
Una hermosa manifestación que recorrió el centro de la ciudad tenía a todos los animales de alrededor como protagonistas. Había caballos que llevaban orgullosos carteles de "dejadnos en paz", perros que en el collarín tenían una voz que decía "¿Pero es que nunca nos vais a dejar tranquilos?"

No hay comentarios:

Publicar un comentario