jueves, 18 de septiembre de 2014
Las ranas croando
Era la primera vez que el conejito plantón visitaba la charca, y por eso se sorprendió tanto. Sus hermanos de camada estaban como él, con las orejas estiradas, atentas a todo aquel tronar de la naturaleza.
Por fin uno se atrevió a preguntar:
- ¿Qué ruído es este, papá?
Digo que se atrevió, porque su padre no era conejo al que se pudieran plantear preguntas idiotas.
“Pensad bien antes de preguntar. La mayoría d elas veces, ya sabéis la respuesta y solo os queda confirmarla”, decía cuando estaba de buen humor, a la vuelta de una de sus correrías fuera del granero. Entonces sonreía plácidamente y pasaba una de sus patas peludas por el cuello de mamá, quien parecía encantada con la vuelta del aventurero.
Pero los días que estaba demal humor, les pegaba y mordía o gritaba sin razón.
- ¿Qué crees tú que es? -preguntó el padre
“día indeciso” se dijo el conejito plantón. Era el más callado de sus hermanos y, tal vez por eso, se sentía diferente a todos ellos. Podían tener todos una apariencia parecida, pero distaban de ser similares. Por lo menos en lo que a él se refería.
- Mamá quería que viniéramos aquí contigo -dijo otro, envalentanado porque su padre no había levantado la voz.
- tu madre no sabe lo que quiere -sentenció él con un deje de mal humor
“Amenaza tormenta”, pensó plantón. Supuso que sus padres habrían discutido y que el enfado aún no había cuajado lo suficiente como para que su progenitor descargara en ellos.
“Pero dale tiempo”, pensó con amargura Plantón.
- Ratones, son ratones tocando los tambores -dijo Rintintín, el más gracioso de sus hermanos
El padre se dirigió a él para soltarle una gran colleja. Pero antes de que llegara a destino, otro de sus hermanos saltó con otra idea:
- Es el ruido de las plantas al crecer. Como hay tanta agua... -se excusó
El padre se volvió hacia el que hablaba, confundido. ¿Podían estar hablando en serio?
- Son cigueñas volando bajo -propuso un tercero
- Hormigas con dolor de barriga -dijo otro
El padre se enfadó:
- ¡Basta ya! -gritó- ¿Es que no habéis oído nunca a una rana croar?
En ese momento una rana saltó por encima de él.
- Las ranas saltan, nosotros saltamos. Las ranas croan... -comenzó Bellamur, el poeta
- ¿Croaremos nosotros? -preguntó Rintintín
Y Plantón, que todo veía pero que no decía nada, sintió algo cálido en el estómago. Porque allí, entre las ranas que croaban, descubrió algo que trascendía a todo aquello, algo que ni siquiera su padre podría tocar en cualquier de sus estúpidos enfados:
familia.
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