viernes, 5 de septiembre de 2014
El horario
Era el día en el que entregaban los nuevos horarios, pero para el castorcillo no era un buen día.
- ¿Y a ti qué te pasa? -le preguntó Joe-mírame-los-dientes.
Los ojos del castorcillo Cactos estaban rojos y su nariz roja. Los bigotes los tenía caídos. El pelaje despeinado.
- Cata’o -contestó
- ¿Cómo has dicho? -preguntó Joe-mírame-los-dientes acercando su carota y sus relucientes paletas.
- ¡Cata’o! -exclamó Cactos
- ¿Estás enfermo? -logró calibrar el otro
Cactos asintió.
- Hoy creo que nos van a repartir los horarios. ¿No estás nervioso?
Cactos le miró con aire lejano. ¿Nervioso? no tenía fuerzas.
Al rato llegó el jefe de su sección. Era un castorcillo que siempre miraba por las reglas. Y como en estas se recomendaba amabilidad con los empleados, pues se interesó por el estado de Cactos:
- ¿Y a ti qué te pasa?
En lugar de responder, Cactos dio un pequeño empellón a Joe-mírame-los-dientes, quien se dio la vuelta y dijo:
- Está enfermo.
- ¿Muy enfermo?
Cactos negó con la cabeza.
- Bien, necesido que tengas la cabeza clara para el nuevo horario...
- ¿Los va a entregar ahora? -preguntó Joe-mírame-los-dientes, interrumpiéndole
El capataz se sintió importante. Asintió al tiempo que sacaba unos nuevos papeles de su bolso.
- Aquí tenéis -dijo, alcanzándoselos
Cactos lo miró con atención
- ¿Satisfecho? -preguntó el capataz en un alarde de interés. La pregunta era retórica. ¿Cómo podría alguien no estar contento con los horarios que el capataz entregaba?
- Ba’ura -replicó Cactos de mal humor
- ¿Qué has dicho? -preguntó el capataz
Pero en aquel momento Cactos estornudó. El horario quedó pringado de su mucus, al tiempo que él se sonaba estrenduosamente.
- Está enfermo, capataz. Pero por supuesto está satisfecho -intervino Joe-mírame-los-dientes.
Cactos le miró por encima del pañuelo. El capataz miró por última vez a Cactos y al nuevo horario pringado de mocos y se despidió:
- Bueno, a seguir cortando madera, que no nos pagan para estar cruzado de brazos.
Y se marchó.
- I’iota -refunfuñó Cactos
- ¿Tan malo es tu horario? -preguntó Joe-mírame-los-dientes
Por toda respuesta Cactos se lo alcanzó. joe-mírame-los-dientes lo cogió con una mano cuidadosamente y le echó un rápido vistazo.
- Pero... fíjate, ¡nunca coincidimos! -exclamó, comparándolo con el suyo.
- Cactos refunfuñó algo inteligible.
Entonces la actiud de Joe-mírame-los-dientes cambió.
- En ese caso, debo decirte que me alegro. Nunca me gustó trabajar contigo, Cactos.
y se marchó, dejando a Cactos sorprendido a pesar de su catarro.
“Bueno, irá a que sea otro el que le mire esas paletas tan limpias que tiene” pensó. Y se sonó estronduosamente.
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