lunes, 1 de septiembre de 2014

Cafe caliente



- He encontrado unos precios increíbles para viajar

Y fue con esta frase que comenzamos el periplo. Los precios no eran lo que mi hijo decía, ¡eran aún mejores! ¿Volar al otro lado del globo por solo cien euros?

- No vayamos a la mejor oferta. Uno nunca sabe -le dije a mi mujer. Ella estaba por ir a visitar Nueva Zelanda para ver los paisajes del Señor de los Anillos. En realidad, para ver los lugares que había santificado la huella de Orlando Bloom, uno de los actores principales, por quien estaba colada coladísima. Incluso lo mencionaba en sus sueños.

Y no fuimos a N Z. Tengo un instinto rácano que me avisa de que, cuando algo parece muy bueno, seguro que tiene algún lado malo. Las decepciones están en función del dinero que pagas y de las expectativas que creas. ¿Y si Orlando bloom no estaba en ese momento por las islas? ¿y si ni siquiera lo reconocíamos porque había engordado 40 kilos y huía de las cámaras que retrataban su infame estado?

Fuimos al Caribe. O esa era la idea. ¡30 euros cada uno! Ida y vuelta, un precio que no podía tener competidor.

Cuando llegamos al aeropuerto todavía teníamos miedo de haber sido estafados.

- Creo que esa gente también vuela con nosotros -me dijo mi hija pequeña, mi princesita

La “Gente” que mi hija señalaba era una muchedumbre de personas que, como nosotros, portaba la gorra amarilla que la compañía nos había mandado por correo con el críptico mensaje de “asegúrese de llevarla puesta en el aeropuerto”. Eran cientos de miles. De hecho, parecía que el aeropuerto les pertenecía. Era difícil encontrar a alguien que no tuviera la gorrita.

¿Cuántos aviones tenía la compañía?

Sin embargo, todo fue desarrollándose normalmente: embarcamos nuestro bolso de mano familiar (el único que se permitía con la oferta) y nos dieron la tarjetas de embarque.
- ¿Qué asiento te ha tocado? -pregunté a mi señora
- 26 -respondió ella
Extrañamente, me pareció que había como un eco porque detrás de mi alguien había dicho el mismo número. Pero al volverme solo me encontré con una familia de gordos. El padre era un ser inmenso, peludo y sudoroso y con perilla diabólica. Cuando me volví estaba mirando a mi mujer con un gesto que, en el momento, me pareció agresivo.

Gracias al mayor de mis hijos nos colocamos en un buen sitio en la fila. Pero al volverme para atrás vi que la fila era interminable.
- Deben de tener muchos aviones para nosotros. Por eso es tan barato -le susurré a mi mujer.
nos sentamos en el avión.
- El 26 -le dijo mi mujer a la azafata.
y esta la llevó hasta un sitio que... ya estaba ocupado!!
- Perdone señora, pero creo que eso es mi sitio -le dijo mi mujer.
La vieja era un poco sorda, pero conseguimos llamar la atención de una azafata.
- Los dos son correctos. Basta conque se aprieten un poquito y ya verán. Van a entrar de maravilla.
Entonces vi que el gran gordo se aproximaba por el pasillo.
- Pero esto es inhumano -le dije a la azafata.
- Para nada, caballero. Además, si usted ha leído nuestra publicidad sabrá que hay algo que nos distingue de cualquier otra compañía. Algo que sabrá apreciar.
Farfullé un insulto que ella no pareció oír, porque continuó:
- Tenemos café expreso para todos loos pasajeros. Auténtico café italiano...

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