De repente se encontraba allí, entre multitud de otros presos. A muchos les habría pasado algo similar a lo que le había sucedido a él: que de repente le habían capturado sin ninguna buena excusa, solo para encerrarle a trabajar. Tan solo la semana anterior una periodista había hablado en la tele de "nuestra economía se sujeta en hombros de los esclavos de hoy en día, de los presos". Le había parecido retórica, sí... hasta el día de ayer.
- ¿Y qué se supone que he de hacer con esto? -le preguntó a otro preso que no tenía un gesto muy agresivo. Y no se equivocó. Cuando le enseñó la tarjeta que le habían dado junto a sus ropas, el otro se mostró muy comunicativo:
- Será mejor que vengas conmigo. Te ha tocado en telecomunicaciones, que es donde yo estoy. Tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, como todo.
Comenzaron a andar
- ¿Qué cosas malas? -preguntó él. Un día le habían dicho que siempre buscaba solo las cosas placenteras, y desde ese día se había propuesto forzar su mirada hacia lo que podía asustarle.
- Estás todo el día sentado frente a un ordenador y tienes que leer códigos y buscar palabras clave en el correo de la gente. Podría ser divertido, pero en cada hora tienes que haber cumplido con unos mínimos que son casi imposibles de alcanzar. Y cuando no llegas a donde hay que llegar... no comes.
- Eso es malo -corroboró el recién llegado
El otro asintió. Siguieron caminando por un pasillo vigilado por dos policías, uno a cada extremo.
- ¿Y las buenas?
- Que yo trabajo ahí -le contestó el otro con una simpática mueca.
Llegaron a la sala de ordenadores, ya estaban casi todos los sitios cogidos pero un guardia les condujo hasta dos viejos ordenadores contiguos. A un lado de cada ordenador, había un bolígrafo y unos formularios. Se sentaron y, en cuanto se sentaron, su compañero comenzó a trabajar. Pero él se encontraba perdido.
- Nunca he tocado un ordenador en mi vida. Resulta extraño que vaya a comenzar a hacerlo en la cárcel.
El otro paró un segundo y le miró:
- Tienes un manual en ese cajón. Pero hoy no cenarás y, si te lees el manual entero, no comerás en una semana.
Su cara mostró su decepción. Su nuevo compañero se rió.
- No desesperes. Por lo menos te darán agua para que no te mueras.
- Temo que incluso leyéndome el manual no sabría hacer nada.
- En eso tienes razón. Si quieres un consejo, comienza a toquetear la máquina. Imagínate que es una mujer espía a la que tienes que sonsacar la información que te piden. ¡No puedes preguntársela directamente! Tendrás que aprender a hablar con ella. Y para eso, solo hay que hablar.
- Esta es la razón por la que siempre me he quedado soltero.
Su compañero volvió a reír.
- Tienes razón. Pero, ¿sabes qué? Todo es empezar
Y así empezó todo.
Al año ya había logrado salir de la prisión y denunciar el sistema que lo había condenado. Su compañero, aquel que tanto le había ayudado, había muerto en una encerrona que le hicieron otros presos. Pero tenía razón. En esta vida, todo es empezar.
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