- Dígame cuándo se produjo el... robo- eligió la palabra con cuidado.
- Ya se lo he contado a su compañero. Iba bajando por la calle cuando vi, en la esquina de enfrente, a un chulo pegando a su puta. Entonces me paré aquí, en la esquina, para gritarles que pararan. Maldita sea, quería ser un buen ciudadano. Como esos que salen en las películas, ¿sabe usted?
- Me hago a la idea -contestó el policía. Iba de paisano, así que el denunciante supuso que sería alguien con un cargo más alto que el común de los picoletos. De un bolsillo comenzó a sacar algo.
"Cigarrillos, imagino", pensó el buen ciudadano en medio de su declaración. Pero en su lugar apareció una libretita para tomar notas de color rosa. En la pequeña portada estaba pintada una hello kitty y debajo, en letras fosforecentes, "Hello Kitty". Por un momento perdió el hilo de sus pensamientos.
- ¿Qué decía? -acertó a preguntar al fin
- Le animo a que prosiga, caballero. Se ha quedado usted en la esquina, vociferando a una pareja que había visto en la esquina de enfrente.
El otro siguió, aunque no podía apartar la mirada de la libretita.
- Sí... entonces surgieron como de la nada el grupo de latinos...
- Estarían a la vuelta de la esquina y le verían a usted gritar -intervino el policía
- ¿Cómo dice? -preguntó el joven mirando la libretita
- Prosiga, se lo ruego
- Sí, bueno, pasaría como usted dice. Para el caso, cuando me quise dar cuenta estaban alrededor mío empujándome y riéndose de mí. ¿Quiere usted saber lo que decían?
- Dígamelo
- "¡Qué pasa superman! ¿Dónde te has dejado la capa?" y cosas así.
- Entiendo
- Yo entonces... me asusté. Me ordenaron bajarme los pantalones y ponerme a cagar allí...
Se produjo un incómodo silencio. No hacía falta preguntarle si había obedecido, pues un excremento humano aún estaba allí, a unos metros de ellos.
- Y entonces me dieron esa piedra y me obligaron a que la lanzara contra el escaparate. Ya sabe usted el resto.
Sí, lo sabía, habían entrado en la tienda y se habían llevado lo que habían podido. Y no solo eso, al irse se habían llevado también los pantalones del agredido.
- Tendrá que acompañarme a comisaría para firmar la declaración.
El otro asintió. Le habían prestado unos pantalones que le quedaban demasiado grandes y su figura era patética.
"Y encima se sorprende porque llevo una libretita de "hello kitty"" Pensó el inspector.
"Será idiota"
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